CON LA BRÚJULA DEL CAPITÁN MORALES

CON LA BRÚJULA DEL CAPITÁN MORALES

Con la ardentía y el pulso de William Morales, Santa Fe se va tranquilo al receso de la Copa Mustang II, por su victoria 3-2 sobre un aguerrido Envigado, anoche en El Campín... Pero igual aborda el descanso obligado, debido al Juventud de América, con las mismas reflexiones sobre su sistema defensivo, donde se tiene que hacer un llamado a la serenidad para manejar partidos como éste, que en determinado momento se liquidaba sin mayores problemas, pero con voces de alerta al final, ante la desconcentración.

13 de agosto 1992 , 12:00 a.m.

No es un tema nuevo en el Independiente Santa Fe. Y Jorge Luis Pinto lo repite en sus conversaciones preliminares: Nos hace falta tranquilidad en el fondo, la concentración necesaria para manejar un resultado .

Los campanazos tienen su eco. Por eso, no es raro que equipos como Envigado presionen desde un comienzo la salida del cuadro cardenal para provocar el error o, simplemente, limitar esa intención roja a un pelotazo en busca de los delanteros.

Lo que no alcanza a calcular el contrario es la explosión ofensiva cardenal, donde Adolfo Valencia cada vez que hace contacto con la pelota desequilibra y fabrica situaciones de riesgo o también porque Manuel Córdoba sigue con su velocidad y ese repentino desborde.

Esa fórmula letal de los rojos fue muy bien acompañada anoche por William Morales, indiscutible jugador de la cancha por su incidencia directa en el marcador...

Sirvió el primer gol mediante ejecución con comba de un tiro libre que cabeceó con fuerza Valencia (minuto 5); hizo el segundo por error de Tuberquia que generó tiro libre indirecto en el área (minuto 45); y fue artífice del tercero al ganar la pelota, meter el pase que terminó en pena máxima de Conde a Valencia y finalmente concretar en el cobro (minuto 4 del complemento).

En el empate 1-1 (minuto 15) hay disculpa. Porque Jorge Zuluaga se inventó una pena máxima sobre Hernández, a quien la pelota se le fue larga cuando intentaba cruzar por entre dos zagueros. Ejecutó Chicho Pérez.

Pero lo que no se alcanza a comprender es esa indecisión, justo cuando el cotejo parecía liquidado, con Santa Fe más cerca del cuarto, gracias a su mejor toque y su mejor disposición en ataque.

Vino un pelotazo largo, cruzado, donde vacila Vásquez, igual Arias y Hernández coloca su pierna para concretar el descuento (minuto 35 del complemento).

Y no se entiende porque el cuadro se llenó de nerviosismo, dejó que lo pelotearan por el aire, disminuyó sus ímpetus atacantes y hasta pudo irse con la amargura del empate en el minuto 43, cuando Hernández llegó desacomodado al remate.

Entonces, vienen a la memoria los dos remates de Valencia en los postes, el mano a mano que también erró el morocho o el cabezazo que sacó desviado Córdoba ante centro de Valencia.

Un partido que se manejaba sin apremios, con la tranquilidad que supone 3-1, con un cuadro prácticamente montado sobre el visitante, terminaba en esa angustia que se dibujaba con cada centro en diagonal que levantaban al área santafereña.

Afortunadamente, Santa Fe tiene una ofensiva capaz de colocar diferencias en el marcador para aguantar esos sustos de desconcentración en pleno partido.

Y anoche, William El Palmero Morales se unió en forma decidida al ataque para definir la papeleta y respirar hondo mirando la parte final del campeonato...

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