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CLAVE 1966 CAMILO TORRES

CLAVE 1966 CAMILO TORRES

El primer grupo, integrado por 30 jóvenes soldados que marchan de regreso a su base de operaciones, ha jurado, pocos meses antes, hacer respetar su bandera... y, llegado el caso, morir por defenderla . El segundo lo forman 35 guerrilleros que, bajo el lema Ni un paso atrás... liberación o muerte , se han agazapado entre la espesura de la selva, esperando el paso del primer grupo.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
25 de octubre 1991 , 12:00 a. m.

El escenario, es un lugar húmedo, perdido entre las montañas santandereanas que en pocos minutos saltará del anonimato para ser recordado, por siempre, como Patio Cemento .

El primer conjunto lo comanda un joven subteniente, Jorge González, perteneciente a la Batería 120, adscrita al Batallón de Infantería No. 20 Bogotá .

El otro lo dirige Fabio Vásquez Castaño, el mismo guerrillero que a los 7 días de comenzado el año anterior conmocionó al país al asaltar la población de Simacota, donde mató a un suboficial, dos agentes de la Policía y dos soldados y de paso le notificó al Gobierno el nacimiento del Ejército de Liberación Nacional. El primer grupo dice defender la Constitución y las Leyes colombianas. El segundo se ha hecho fuerte detrás de una proclama pública difundida desde las montañas de Santander, 39 días antes, que la encabeza esta frase: Colombianos: durante muchos años los pobres de nuestra patria han esperado la voz de combate para lanzarse a la lucha final contra la oligarquía... . Como extraña paradoja, la totalidad de estos 65 colombianos, que están a punto de enfrentarse, forman parte de lo que ellos mismos denominan pobres de nuestra patria , a excepción de uno, Argemiro , el nuevo guerrillero, que ha pertenecido por apellidos, cuna, prosapia, crianza, educación y formación, a la mismísima oligarquía colombiana que combate. Argemiro es su nombre clave en el seno de la guerrilla. Sin embargo, desde hace 37 años, fue bautizado como Camilo Torres Restrepo, y sus alumnos lo conocen simplemente como El Cura Camilo. Durante los últimos 10 días, el Teniente González y sus hombres patrullan el área en misión de reconocimiento y ese martes, cumplida su tarea, regresan cansados a su base. Los guerrilleros habían planeado la emboscada doce días antes, cuando le celebraban a Camilo su último cumpleaños. Por su red de información conocieron el desplazamiento de la patrulla de González y decidieron tenderle una emboscada. El dispositivo de la emboscada guerrillera se extiende unos cien metros, a lo largo del camino, camuflados entre la espesura de la selva, y se montó un sistema de señales, basado en una larga cuerda que se tiraría en el momento en que el primer soldado entrara a la emboscada. Fabio Vásquez y Camilo se encontraban en el extremo final de la cuerda, con la responsabilidad de iniciar el fuego, cuando vieran que toda la patrulla se encontrara atenazada dentro de la trampa. El Teniente González llegó frente al lugar de la emboscada. Se detuvo. No le inspiró confianza la zona boscosa que aparecía adelante. Ordenó a sus hombres ampliar las distancias entre uno y otro soldado, como medida preventiva. Vásquez sintió el tirón de la cuerda. Era la señal de que el primer soldado había ingresado en la trampa. Camilo miró el reloj. Eran las diez de la mañana y el cielo estaba plomizo. Su corazón debía galopar acelerado. En segundos estallaría el primero y el último de los combates de su vida. Cuando el soldado puntero por fin llegó al extremo final de la emboscada... y una... y dos... y tres cabezas se hicieron visibles, Vásquez presumió que toda la patrulla estaba encerrada en la celada. En realidad, debido a la orden de ampliar las distancias, solamente una de las tres escuadras quedó dentro del dispositivo. De súbito, la subametralladora de Vásquez vomitó su ráfaga de muerte. Camilo, armado con un revólver calibre 38, hizo lo propio contra los militares. El soldado puntero murió instantáneamente. El Teniente se desangró con dos proyectiles alojados en el abdomen, mientras que el segundo al mando, el Sargento Castro, recibió un impacto en el antebrazo izquierdo. Al borde del camino otros cuatro soldados estaban heridos. Se suspendió el fuego. Todos alerta. Sobre el eco de las primeras ráfagas se deslizaba la eternidad de un largo silencio. Sorpresivamente saltaron de la espesura Vásquez y Camilo. Este último dispuesto a ganarse en combate su fusil y su título de comandante. Cayeron sobre el soldado muerto y el teniente agonizante. Las armas son su común objetivo. El Sargento Castro, pese a estar herido, reaccionó con rabia y disparó una ráfaga de la M-1 para proteger a sus hombres. Camilo quedó herido. En los siguientes segundos perdió su último combate el de la vida en el escenario violento que, equivocado o no, voluntariamente escogió.

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