LOS DERECHITOS

Los derechos de los niños solo son derechitos porque nunca se cumplen. Así se pregonen desde Nueva York y los suscriban los presidentes del mundo. Las sociedades se conmueven al leerlos, todos sentimos el compromiso, se renuevan los afectos por esos angelitos blancos y angelitos negros, para llamarlos con la ternura de Andrés Eloy, pero el propósito de la enmienda se evapora. Cierto que los golpes de pecho se multiplican ante la crudeza de las estadísticas: 15 millones de menores de cinco años que mueren anualmente en el mundo y medio millón de mujeres embarazadas que corren la misma suerte. De los 14 millones de colombianitos, aproximadamente dos sufren desnutrición y cerca de la mitad vive en condiciones de pobreza absoluta. Por eso cada día enterramos en el país un promedio de 160 niños, muertos por causas que pudieron prevenirse. Si a esto se agrega que, según UNICEF, ostentamos cada año más de 400.000 casos de chicos maltratados física, sicológica y sexualmente, tendremos que c

07 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Los Derechos del Niño, a pesar del despliegue del domingo pasado, no son cosa nueva. Siempre que se nos reblandece el corazón volvemos los ojos hacia ellos. Desde 1923, cuando se redactó la primera declaración, pasando por 1959, año en el cual se introdujeron los textos de Naciones Unidas, por 1979, declarado Año Internacional del Niño, por 1989 con la Convención de Naciones Unidas sobre esos mismos enunciados, hasta el 1o. de este octubre con la Cumbre Mundial de la Infancia y el propósito de salvar 50 millones de esos pequeños seres indefensos, por quienes los adultos debemos responder.

O de no, soportar la pesadilla de que cada minuto de nuestra indiferencia está matando millares de niños en el mundo por hambre, por falta de vacunas, por deshidratación, por indiferencia, por violencia. En todos esos códigos, del mismo tenor del puesto aquí en vigencia en el último marzo, se establecen el derecho a la vida, a la salud, a la educación, a la recreación, a un nombre, a una familia y se previenen y castigan el maltrato, la explotación, la desprotección y todas las demás formas de abuso. Sucede sí que a causa de la mala memoria, volvemos a caer en lo que se ha querido evitar y dentro de una década habrá que convocar otra cumbre pro-infancia para expedir los mismos derechos.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.