LAS GUERRAS Y LOS PSICÓPATAS

LAS GUERRAS Y LOS PSICÓPATAS

Ahora que ha estallado la tercera guerra mundial conviene recordar al responsable número uno de la segunda, y detenerse en su personalidad psicopática. Adolfo Hitler fue hijo de campesinos que vivieron en Braunau, Passau y Leondin en las afueras de Linz, aldeas de Austria fronterizas con Alemania. Su padre Alois, hombre duro, irrazonable y mal humorado , solía propinarle frecuentes palizas desde cuando era niño. La relación entre ambos fue siempre conflictiva, particularmente al llegar Adolfo a la adolescencia. Este deseaba estudiar pintura y su padre prefería que siguiera su carrera de agente de policía de aduana. El cariño de Adolfo hacia Alois, que murió en 1903, fue insignificante. Las relaciones con la madre eran muy diferentes. Ella sí rodeó de amor a su hijo, tanto que lo mantuvo en la escuela después del fallecimiento de Alois. Murió en 1909 de cáncer del seno y en sus últimos días contó con la atención solícita de Adolfo, quien abandonó a Viena, donde estaba, apenas se ent

30 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Hitler fue un pésimo estudiante, tanto que no logró obtener el certificado respectivo de segundas letras y tampoco pasó el examen de ingreso en la Academia de Bellas Artes de Viena, donde vivió desde 1909 hasta 1913. Su vida transcurrió allí en la más absoluta miseria. Al principio durmió en los parques públicos, de donde pasó a establecimientos para jóvenes pobres, en los cuales suministraban cama, sopa y pan.

Cuenta Hanisch, uno de sus compañeros, que para ganar con qué comer sacudían alfombras, cargaban maletas en la estación del Oeste, desempeñaban quehaceres fortuitos y en más de una ocasión trabajaron con palas limpiando la nieve de las aceras . Su vida mejoró algo cuando trabajó en la pintura de tarjetas postales, avisos y cuadros pequeños, apenas regulares, los cuales Hanisch se encargaba de vender. Con éste se peleó porque estimó que lo había robado al entregarle una suma que no correspondía al valor que según él tenía una de sus pinturas.

Según Hanisch, Hitler usaba un sobretodo negro, muy viejo que le había regalado Neuman, un judío húngaro, huésped del asilo que lo ayudaba, pero a quien ofendió por su antisemitismo a ultranza. También llevaba un sombrero negro y grasiento y el pelo tan largo que le tapaba el cuello del abrigo. La barba negra le cubría la cara huesosa y hambrienta, en la cual los ojos grandes y saltones eran el único rasgo dominante.

Agrega que Adolfo se mostraba a veces taciturno, que le disgustaba el trabajo constante, y que, cuando se ganaba unas coronas, se la pasaba en los cafés comiendo pasteles y leyendo periódicos. Según el relator, Hitler rechazaba a las mujeres, lo celaba y su obsesión era discutir sobre política y enfrascarse en disputas acaloradas. No toleraba que se le contradijera. Su personalidad se caracterizaba por una mezcla de ambición omnipotente e indiferencia depresiva. Por esa época inició una veintena de trabajos que dejó incompletos. La administradora de la residencia lo tenía por uno de los clientes más estrafalarios que había conocido. Algunos autores atribuyen su antisemitismo al hecho de que en la aldea natal de Alois se propagó la especie de que este era hijo de un judío que ayudaba a su madre paupérrima.

En 1914 se inició la primera guerra mundial con la invasión alemana a Alsacia y Lorena. Hitler, que entonces vivía en Munich, se alistó en el ejército. Le fue confiado el peligroso papel de mensajero entre tropas en combate y la oficialidad al mando. Su valeroso comportamiento le fue premiado con la Cruz de Hierro en segundo grado. Derrotada Alemania, la corona real se vino a tierra y se fortalecieron los partidos políticos con predominancia del socialismo democrático.

El país había quedado en la ruina y con la obligación de pagar a los vencedores una cuantiosa suma por concepto de reparaciones. Cundieron el descontento por la pobreza. Ella dio lugar al nacimiento de grupos antigubernamentales. La ocupación del Ruhr, en 1923, por orden de Raymond Poincaré, agravó la situación por ser la zona más rica del país. El cambio subió en noviembre de ese año a ciento treinta millones de marcos por un dólar. Semejante estado económico unió a los alemanes y surgieron los grupos de protesta. Entre otros el hitlerismo , que creció merced a los discursos incendiarios del líder y a su habilidad para engatusar a quienes se le oponían. Vale la pena indagar sobre la personalidad de Saddam Hussein.

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