Estafado medio Maracaibo

Estafado medio Maracaibo

De pronto Maracaibo se convirtió en Miami, eso decían los más optimistas. Durante dos años y hasta hace apenas un mes, la capital del principal estado petrolero de Venezuela –y el más caliente– fue escenario de una súbita opulencia gracias a una estafa multimillonaria mejor conocida como ‘la Vuelta’.

28 de agosto 2005 , 12:00 a.m.

Se trataba de un juego simple, pero peligroso: la inversión de cierto capital, que regresaría con intereses hasta de 20 por ciento en un mes a las manos de quien lo cedió.

Así se constituyó una especie de club en el que, se estima, participaron por lo menos 1.200 personas que manejaron, en paralelo a la banca oficial, más de 1.000 millones de dólares, según la Policía.

Como toda buena historia en el estado Zulia, el primer impulso económico vino de Petróleos de Venezuela (Pdvsa), con una operación conocida como factoring, que, en últimas, no implicó pérdidas para la industria pero sí sacó a la luz un millonario tráfico de influencias y corrupción.

Los testimonios de afectados señalan al sindicalista Rafael Rosales y a los gerentes Félix Rodríguez e Iván Fuenmayor como responsables del tráfico de influencias que permitió la operación. Todos, parte de la junta directiva de Pdvsa entre el 2003 y el 2004.

El factoring comenzó luego del paro petrolero de 63 días entre los años 2002 y 2003, cuando la seccional de Occidente de Pdvsa congeló los pagos que debía a empresas contratistas que participaron en la huelga.

Ante la falta de liquidez y al borde de la desesperación, estas empresas vendieron sus facturas de contado por debajo del monto –entre 30 y 60 por ciento– a personas que luego, con conexiones dentro de la industria, las cobraban íntegramente y en dólares.

Una parte de las ganancias regresaba a los inversionistas que prestaban su dinero, otra se correspondía a los negociadores con Pdvsa y un porcentaje iba a manos de los brokers o captadores de dinero, intermediarios entre los primeros y los segundos.

Los de este último grupo hicieron dinero con mayor facilidad, pues no ponían capital propio, no movían directamente contactos en Pdvsa y establecían a su antojo las tasas de interés. Además, su trabajo no era pesado: un amigo le decía a otro, que le decía a su hermano o a su cuñado, y así sucesivamente.

En las páginas sociales de los periódicos locales es fácil encontrarse, en una misma foto, con varios brokers, en su mayoría jóvenes de la alta sociedad maracucha, como Freddy Manzano, yerno del alcalde del municipio San Francisco, que supuestamente amasó una fortuna de más de 80 millones de dólares.

Otro ejemplo de las conexiones se puede rastrear con el nombre de otro broker, Jaime Lewin, contemporáneo y amigo de Manzano (quien se casó en una boda amenizada por cuatro grupos musicales; la novia vestía un Silvia Tscherasi), señalado también como broker por inversionistas que perdieron su dinero.

El negocio cobró vida propia y se convirtió en una red que fue sumando más y más ‘inversionistas’ y brokers. Se crearon empresas, como Autoleasing, de alquiler de vehículos a Pdvsa y contratistas como Petrobras y Repsol, a la que se señala como fachada de la principal captadora de divisas de ‘la Vuelta’.

Golpe de gracia Con lo que no contaban era con la orden del presidente Hugo Chávez a Pdvsa, en abril, de no pagar más facturas en dólares. Así, las retribuciones a los ‘inversionistas’ cesaron de un tajo.

Dos meses después, Autoleasing organizó reuniones con algunos de los afectados para establecer un plan de pagos a cambio del silencio.

Pero, los ánimos se caldearon y un par de ‘inversionistas’ (de los casi 70 que acudieron) no aceptaron el ‘arreglo’ y denunciaron la estafa.

Ante la demanda, ya se abrió un proceso penal que hoy conduce un equipo de cinco fiscales. A la fecha, han generado al menos 12 allanamientos a residencias y empresas de alquiler de vehículos relacionadas con Autoleasing.

La Asamblea Nacional también abrió su propia investigación, bajo la premisa de que se creó una banca paralela. La comisión especial ha interpelado a varios empresarios, dueños de firmas contratistas de Pdvsa.

Hasta ahora, las pruebas acerca del caso son unos pagarés firmados por un hombre que aparece como testaferro de Autoleasing, en los que prometen el pago de lo invertido con intereses, en un tiempo determinado.

La mayoría de los afectados guarda esperanzas de que este se les devuelva por las buenas. Por eso, en la Fiscalía solo hay una denuncia por 40.000 dólares.

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