COMPLEJO DE MAYORÍA

COMPLEJO DE MAYORÍA

No es fácil para un partido como el liberalismo, que ha obrado siempre con mentalidad de mayoría, acostumbrarse a que ahora, con motivo de la Constituyente, no la tenga. La verdad monda y lironda es que la famosa operación avispa le sirvió al liberalismo para obtener el mayor número de constituyentes apelando a la táctica de los residuos electorales, pero no para demostrar una votación suficientemente holgada, que reiterara su condición de colectividad de mayorías, frente a los demás partidos y agrupaciones en disputa.

30 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Ello se está comprobando en el hecho de que, en materia de dignatarios para la Constituyente, el partido no ha logrado imponer su tesis de una sola presidencia permanente, durante las sesiones de la Asamblea, y nada de raro tendría en consecuencia que saliera a flote la bandera enarbolada por quienes como el M-19 y el Movimiento de Salvación Nacional desean que haya tres presidencias rotatorias, de cincuenta días cada una, a fin de que las principales vertientes tengan todas oportunidad de ejercerla.

Entre otras razones porque grupos minoritarios como los indígenas, o los propios representados por Rodrigo Lloreda y Juan Gómez Martínez, han adquirido importante papel decisorio, ante el equilibrio de fuerzas y, por lo que se ha visto hasta el momento, su tendencia es a realinderarse con lo que se podría denominar la parte contestataria, que aun desde antes de las elecciones la están representando Alvaro Gómez y Antonio Navarro Wolf.

De tal manera que quienes vienen esgrimiendo el argumento de que lo que aquí está a punto de producirse es el síndrome de Estocolmo en la práctica, ciertamente no están alejados de la realidad. Me explico: la llave Alvaro-Antonio (o lo que históricamente podría considerarse como secuestrado y secuestrador) puede funcionar, antes y durante la Asamblea, más allá de lo previsible, y en puntos tan concretos como la suspensión inmediata del actual Congreso, una vez clausuradas las sesiones de la Asamblea.

Por lo demás, la posibilidad de adelantar las elecciones parlamentarias es no solo una expectativa con muchísima popularidad, sino que tanto a Navarro como a Gómez les conviene políticamente. Al primero porque, hoy por hoy, es la figura con mayor respaldo electoral, y sinembargo ese respaldo no está fielmente representado en el Congreso actual. Y al segundo porque en parte le ocurre lo mismo: su votación, tanto en las presidenciales como en los comicios del pasado 9 de diciembre, fue muy superior a la del social-conservatismo, y no obstante esta última facción cuenta con una mayoría ostensible a nivel parlamentario, frente a lo que tiene el alvarismo.

Es grave, pues, la situación del liberalismo, y lo que mejor convendría a sus voceros en la Constituyente me parece, es actuar sin complejo de mayoría. Es decir, sin suponer que siguen conservando, como en el seno del Congreso, unas mayorías que en la práctica no se ven por parte alguna. Con más veras cuando resulta apenas presumible que los constituyentes que ingresen a la Asamblea, en representación de la guerrilla (como en el caso de Jairo Morales y Jaime Fajardo por el EPL), finalmente terminarán haciéndose del lado de los contestatarios, y no de quienes eventualmente representarán por describir la situación de alguna manera la fuerza tranquila y moderada de la Asamblea, que es el liberalismo. El cual sin duda no le jalará a eso de anticipar las elecciones parlamentarias, porque sería como ponerse la soga en el cuello.

Con dos ítems: Uno, que por extraño descuido el partido liberal ya prácticamente perdió la oportunidad de convocar a sus reuniones a los demás liberales que salieron elegidos en las listas de Salvación Nacional y del M-19; y dos, que no todos los liberales con asiento en la Constituyente, necesariamente marcharán en bloque y disciplinadamente. Sospecho, por ejemplo, que ni Iván Marulanda ni Antonio Galán ni Fernando Carrillo por citar tres ejemplos desestimarían para nada la posibilidad de anticipar elecciones parlamentarias, como fórmula para comenzar con Congreso renovado, inmediatamente después de la Constituyente.

Todo esto, para el Gobierno, sin duda será una complicación, en su propósito de defender sus tesis y sacar adelante el proyecto oficial de reforma a la Constitución. Además porque si el presidente de la República y su ministro de Gobierno no logran manejar los ímpetus reformadores de los contestatarios del paseo por la vía de la persuasión, mucho temo que aquí muy poco servirá la estrategia de la zanahoria, tan recomendable y efectiva para ablandar los corazones y el estómago de los congresistas en tiempos de reformas cruciales. Hay, pues, que manejar a todos los miembros de la Constituyente con guante de seda, porque su autonomía es por desgracia, o por ventura muy grande, y su susceptibilidad de seguro no lo habrá de ser menos.

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