PINTANDO CON NÚMEROS

PINTANDO CON NÚMEROS

Varias paradojas entran en juego al observar las nuevas obras de Carlos Salas para su primera exposición individual en dos años. Todos los trabajos son al mismo tiempo totales y parciales, parecen no empezar o terminar, a la manera de los rompecabezas que incluso armados invitan a ser deshechos y rehechos. Como las pinturas son más ensambladas que pintadas, es esencial mirar los componentes estructurales para identificar una configuración general. A pesar de que estos trabajos se relacionan con los realizados en los últimos dos años, sobretodo en la modulación casi matemática de sus fragmentos, ellos ahora incorporan una especie de azar forzado, pues todos son diseñados pensando en juegos de armar (rompecabezas) y, por lo tanto, no están nunca completamente terminados. Por ejemplo, las 65 partes que componen Yo no soy lego funcionan con independencia espacial y, al mismo tiempo, con simbiosis iconográfica, pues la imagen (la silueta de un molinete, el viejo juguete infantil) ha sido

13 de octubre 1991 , 12:00 a.m.

Así, la zona central del panel grande, de un morado espectacular, funciona como el mapa (o, si se quiere, como un rompecabezas en negativo) en donde se han marcado las decisiones organizativas de la obra y en donde la imagen gráfica puede ser articulada y estructurada. Sin embargo, ya que la pintura se compone de un soporte material (madera sin pintar) y de recortes rectilíneos de trabajos anteriores del pintor, resulta algo inapropiado hablar de ella en términos de toda la obra , pues no es en realidad una pintura de collage.

Por lo tanto, es mucho mejor referirse a las muy inteligentes pinturas de Salas como a insertos pictóricos, expandidos en el espacio y comprimidos en el tiempo, como todo juego de armar. Más aún, el mismo sistema de juego podría aplicarse a los colores, ya que ellos responden a una progresión donde el siguiente tono o saturación esta ordenado por su vecino, como en una función matemática.

Pero, al igual que en los rompecabezas, la progresión colorística de Yo soy lego o de TCBS no es lineal sino figurativa. Porque si cada inserto de estas obras llevara un número indicativo de su lugar en el puzzle, podría decirse, con algo de humor neutro, que Salas pinta por números.

A pesar de todo, esta posible organización matemática de los componentes y las imágenes no son el problema principal que Salas quiere resolver, ya que sus obras se hallan lejos de ser rígidas o comprobables . El inmenso talento colorístico de Salas, que se revela en la elegante combinación de verdes, amarillos y rojos, le añade a sus juegos visuales cierto tipo de emotividad perceptual y hasta algo de jocosidad, pues las zonas de color son siempre interrumpidas por huecos cuadrados e insertos de tela y metal.

Precisamente, es en el monumental TCBS (13 x 4 metros) donde Salas desea poner a prueba el talento lúdico del espectador. Este bello y gigantesco rompecabezas permite corroborar la noción paradójica de inserto pictórico, pues es en realidad la amplitud de su espacio circundante lo que deja ver la obra como tal, añadiendo un comentario irónico ( jugetón?) sobre la ambigedad de la relación fondo y figura, fundamental en la teoría de la pintura moderna.

Así, los 72 cuadrados de TCBS han sido arreglados para crear un ritmo interno, que casi señala un espacio ilusionista contrastado, de otro lado, por los insertos de metal, los recortes de pinturas viejas y páginas de la novela La calera de Thomas Bernhard, que además de convertir el ritmo en fuerza estática (o sea en potencia), transforma el trabajo en una y cuatro pinturas similares.

Por consiguiente, la dualidad entre dinamismo y estatismo, totalidad y parcialidad, y abstracción e ilusión, actúa como el mecanismo que acciona el primer movimiento en estos juegos intelectuales de Carlos Salas. El resto debe venir del espectador, quien irá llenando (o moviendo) los vacíos (los insertos) con la formación que se le ofrece que, como en todo buen juego, se mantiene oculta. Y este es el tono de seriedad que Salas nunca deja escapar: la seriedad del juego cerebral con la complicidad del mano a mano visual.

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