LAS ÚLTIMAS HORAS DE ANDRÉS

LAS ÚLTIMAS HORAS DE ANDRÉS

Ese 29 de junio, el día que llegó Andrés Escobar al aeropuerto José María Córdova de Medellín, sucedió lo que se esperaba. Que muy pocos saldrían a recibirlo. Que había más silencios que algarabías. Andrés estuvo con su novia Pamela Cascal, dieron unas vueltas por la ciudad y terminaron en La Frutera, un sitio ubicado en la vía Las Palmas. Allí comieron unos pinchos y tomaron unas cervezas.

10 de julio 1994 , 12:00 a.m.

Al día siguiente, Pamela cumplía años.

EL TIEMPO recogió las últimas horas de Andrés, con su familia, con sus amigos, con su gente.

Tras su participación en el Campeonato Mundial de Fútbol en Estados Unidos, el miércoles 29 de junio Andrés Escobar llegó a las once de la mañana a Medellín procedente de Bogotá. En el aeropuerto José María Córdova fue recibido por su novia Pamela Cascal y algunos allegados.

A las cinco de la tarde de ese día, Escobar fue con ella al estadero La Frutera , un pequeño establecimiento sin nombre a la vista, frecuentado por futbolistas, empresarios y gente importante de la ciudad.

El sitio está ubicado en la vía a Las Palmas, La pareja se sentó en la mesa número diez, pidió dos chuzos (pinchos) y dos cervezas. Andrés Escobar firmó autógrafos para los trabajadores y comentó con naturalidad algunas incidencias del Mundial. Se marcharon a eso de las siete de la noche. Al otro día, Pamela celebró su cumpleaños y Andrés estuvo con ella.

El viernes 1 de julio, Eduardo Rojo Salazar, un amigo de Escobar de toda la vida, recibió una llamada del futbolista a las once de la mañana. Qué vas a hacer esta tarde? , le dijo Andrés, y añadió: por qué no salimos y te cuento detalles de lo que pasó en el mundial? Rojo aceptó y le pidió que le repitiera la llamada en las horas de la tarde. A las 4:30 de ese viernes, el futbolista volvió a llamar tal como estaba convenido y decidieron citarse en el sitio Niágara 5 Puertas , una tienda de esquina, fundada en 1946, en el barrio de El Poblado, en el suroriente de Medellín.

El lugar es acogedor, tiene clientes fieles e importantes que van desde funcionarios públicos hasta futbolistas dispuestos sólo a tomar algunos tragos y conversar, porque allí la música no se acostumbra. Los fines de semana esto se llena, vienen por ahí unas mil personas que se sientan en cualquier parte , dice uno de los empleados.

En una de las paredes junto a la rústica barra que parece de fonda camionera, hay una especie de altar, en cuyo centro se encuentra enmarcado el recorte de periódico donde aparece publicada la fotografía de los integrantes del equipo de fútbol Atlético Municipal , hoy Club Atlético Nacional, conjunto en el que inició su carrera futbolística Andrés Escobar. Por todos lados hay pinturas y afiches de la selección Colombia, carteles del equipo verde de Antioquia y pósters de viejas películas, gente de farándula y publicidad.

Como muchas otras veces, Andrés llegó solo a este sitio a eso de las 4:45 de la tarde. Le pidió a uno de los jóvenes ocasionales que vigila los vehículos parqueados en las estrechas calles, que le pusiera cuidado a su carro.

Cuídeme el carrito Escobar se movilizaba en un vehículo Honda Civic de color gris oscuro, con placas LAD987, matriculado en Bello (Antioquia). Vestía un jean azul y una camisa rosada clara con pequeñas rayas. En su mano izquierda llevaba un reloj y en la derecha, su infaltable pulsera de plata con cuarzos para mantenerse cargado de energía positiva.

Según el joven vigilante, Andrés Escobar se sentó en una banca rústica de color verde, en la parte de afuera, cerca a unos almendros que adornan el corredor de Niágara .

Se encontró con una mujer y dos hombres. Estuvo charlando pero no sé si tomó trago. A eso de las seis, salió acompañado. Lo recuerdo porque me dio dos mil pesos por cuidarle el carro ese ratico , agregó el vigilante.

Efectivamente, Rojo dijo que llegó a las cinco a la cita con Escobar. Momentos más tarde, apareció el ex jugador del Atlético Nacional, Juan Jairo Galeano, quien también había hablado telefónicamente con el futbolista horas antes.

Recordamos viejos tiempos, -relata Rojo- conversamos sobre muchas cosas del mundial, de los viajes, de la presentación de Colombia en los partidos. Estaba muy contento y en ningún momento se sentía culpable por la derrota. Sabía que todos eran un equipo...

A eso de las seis de la tarde, cuando comenzó a llegar la clientela, algunos se acercaron y le pidieron autógrafos. Todo el mundo lo saludaba. Los que iban llegando se sentaban con nosotros, lo felicitaban, le decían que él había jugado bien y estaban más interesados en saber qué le había pasado a Colombia que en recordar el autogol . Al momento, salieron a una licorera cercana y regresaron antes de las siete de la noche.

Cuando ellos volvieron dejaron el carro a la vuelta. Se sentaron en un muro al lado contrario del sitio donde estuvieron la primera vez. Cuando se iba a ir, a las nueve de la noche, me dejó otros mil pesos .

Según Rojo, al abandonar Niágara se despidieron y acordaron verse nuevamente en la discoteca Pádova , ubicada en el kilómetro tres de la vía a Las Palmas, que conduce de Medellín al aeropuerto José María Córdova de Rionegro.

Escobar visitaría a Pamela mientras Rojo recogía a su esposa. Pamela estaba cansada por su trabajo en el consultorio odontológico y prefirió permanecer en casa esa noche. A las diez, el caballero de la cancha llegó solo a la discoteca Pádova .

Aquí no entran vagos Pádova está ubicada frente al estadero La Tranquera y diagonal a los establecimientos conocidos como El Salpicón y El Indio . Para ingresar a ese establecimiento, los visitantes, generalmente jóvenes de las clases altas de Medellín, deben presentar un carnet que los acredita como clientes del lugar. Aquí no se aceptan vagos, la gente que viene debe estar vestida con jeans, camisa y zapato informal diferente a tenis. Tampoco se permite el ingreso de mujeres con minifalda, tacones y pinta de grillas , dijo uno de los empleados del lugar.

Escobar llegó solo. Eran las diez y media de la noche. El parqueadero estaba full y le pregunté dónde había dejado el carro. El me dijo: Negrito, lo dejé allí arriba . El jugador se refería al parqueadero del restaurante Las Palmitas , vecino de La Frutera donde el miércoles anterior había estado comiendo chuzos con su novia.

Rojo, su esposa María Clara y Galeano recibieron a Escobar en el interior de Pádova . Se sentaron en la barra del lado derecho de la discoteca, junto a la pista de baile. Pidieron una botella de aguardiente y conversaron. Como Andrés era tan conocido, la gente comenzó a saludarlo. A las diez y media de la noche salió con mi esposa, porque tenía mucha hambre y quería comer algo , dice Rojo.

Estuvo aquí a eso de las once -comenta una vendedora de chuzos de la discoteca Discovery, vecina de la Frutera y Las Palmitas- pero no comió nada. Yo me crucé con él cuando iba a entrar al baño. Pensé pedirle un autógrafo. Me distraje viendo un choque y luego se me perdió .

María Clara comentó con su esposo -después de los trágicos hechos- que cuando estaban comiendo pasó una persona, cuyas señas no recuerda, y le dijo: Andrés, qué autogolazo te hiciste! . El, se limitó a responder tranquilamente: Sí o no? Qué verraquera de gol! .

Se veía contento Después de la comida ligera, Escobar se veía contento. Conversaba con todo el mundo, tomó unos pocos aguardientes, bailó, aunque lo hacía mejor en las canchas y nunca pudieron disfrutar la velada los cuatro amigos solos, siempre hubo alguien que se acercó, o él mismo fue a otras mesas de donde lo llamaron.

Aunque Rojo no recuerda que Escobar hubiera salido a hacer una llamada, otras versiones fragmentarias obtenidas por EL TIEMPO en el lugar de los hechos, señalan que a eso de las doce de la noche Escobar fue al estadero de en frente, La Tranquera , y pidió prestado un teléfono para hacer una llamada. Lo extraño de esta versión es que en Pádova hay teléfono y de allí hubiera podido hacer la llamada.

Según testigos, Escobar entró a La Tranquera y esperó unos minutos a que desocuparan uno de los dos teléfonos que tiene el establecimiento. Habló con alguien y se marchó. Regresó otras dos veces más tarde para entrar al baño y no hizo ninguna llamada. Andrés parecía estar esperando a alguien, estaba sobrio y se mostró tan amable como siempre , aseguran algunos de los que dicen haberlo visto entre las doce de la noche y antes de su muerte.

Mi señora y yo -dice Rojo- salimos de Pádova a las dos de la mañana. Yo, incluso le dije: Andrés vamos que está muy tarde y él respondió: No, yo me voy a quedar otros diez minuticos, voy a acabar de conversar con la gente y después me voy . Me fui tranquilo porque se quedó con Galeano .

A la vez, Juan Galeano, según se le oyó decir a unos amigos durante el velorio de Andrés, salió poco después. El se quedó sólo porque los dos habíamos ido en carros distintos , dijo.

Se tejen versiones Según un testigo, Escobar salió de la discoteca Pádova a las 3:45 de la madrugada del sábado dos de julio. Asegura que cruzó la calle acompañado de otras dos personas con las que fue a recoger su auto hasta el parqueadero de El Salpicón , un estadero diagonal al condominio discotequero Bartolomé y contiguo al estadero El Indio . Este último y El Salpicón cierran a las once de la noche.

Sin embargo, el empleado de Pádova que lo vio entrar a las diez de la noche asegura que Escobar había estacionado su carro en el restaurante Las Palmitas y al salir de la discoteca en la madrugada, se dirigió allí y luego pasó nuevamente frente a Bartolomé.

Aquí comienza la confusión. Las diferentes versiones sobre las causas del asesinato de Escobar son contradictorias y ese es justamente el punto central de la investigación adelantada por las autoridades para esclarecer las circunstancias del crimen.

Según las primeras versiones de la Policía a los medios de comunicación, el jugador fue abordado en el parqueadero de El Salpicón por varios sujetos que se transportaban en el vehículo Toyota Land Cruiser Negro de placas ITP748, y luego de una discusión verbal, (de la que no se dice dónde, ni cómo se inició) los individuos le propinaron doce impactos con arma de fuego en diferentes partes del cuerpo. El único punto que la Fiscalía ha aclarado hasta ahora es el relacionado con el número de disparos, que fueron seis y no doce.

Una segunda versión corrobora que hubo una discusión en el parqueadero de El Salpicón , y agrega que se originó por la recriminación que los agresores le hicieron al futbolista por haber anotado el autogol durante el Campeonato Mundial de Fútbol en Estados Unidos. Gracias por el autogol!, le habrían dicho quienes le dispararon y así conoció el mundo entero la noticia.

Trabajadores de los establecimientos del sector de Las Palmas, que están enlazados a través de radio, entre ellos mismos y con las autoridades, aseguran que en el parqueadero sí hubo una discusión en torno al autogol y que Escobar fue agredido verbalmente con expresiones como maleta (por mal jugador), torcido (porque supuestamente el equipo se prestó para perder el partido), y marica .

Yo soy humano y cometo errores, puedo ser maleta pero nunca marica , se dice que expresó Andrés momentos antes de que le dispararan dentro de su vehículo.

La tercera versión señala que los ocupantes de un campero Toyota, último modelo, le exigieron al futbolista que moviera el vehículo y el jugador supuestamente les respondió que pasaran por un lado. En esta versión se asegura que no hubo discusión sobre fútbol.

Según este testimonio, hubo una discusión durante varios minutos. Uno de los ocupantes de una Toyota gris sacó un revólver, se acercó al carro de Escobar y le disparó a quemarropa. Los atacantes abandonaron el parqueadero a toda velocidad con rumbo desconocido.

Humberto Muñoz Castro, quien confesó haber disparado en seis ocasiones contra Escobar, dijo que él estaba durmiendo dentro del carro mientras esperaba a su jefe Santiago Gallón.

Yo estaba entre el carro durmiendo esperando a mi patrón. Y después oí un alboroto y fue cuando vi mucha gente y al patrón mío por ahí...a un lado, y un carro azul parqueado...Yo pensé que de pronto era un tipo muy peligroso o algo así, entonces me asusté y le disparé pero sin yo saber quien era .

Una última versión, aún no divulgada, dice que entre las muchas personas con las que Escobar se encontró esa noche, estaban dos mujeres conocidas suyas de tiempo atrás. Ellas afirman que hubo una riña en el interior de la discoteca Pádova en torno al asunto del autogol. Según algunos, varias personas intervinieron para que el altercado no pasara a mayores.

El administrador de la discoteca desmintió categóricamente esa versión pues según él, aquí no pasó nada. Andrés estuvo feliz y salió de la discoteca muy contento. Además, la gente que viene es conocida. Aquí no entra cualquiera, viene gente muy importante y esos rumores infundados lo único que están haciendo es perjudicar el negocio .

Incómodos por el incidente, las dos mujeres y Escobar convinieron salir del lugar, ir por sus carros, que estaban parqueados en lugares diferentes, e irse a sus casas.

Según una de las mujeres que lo acompañaba, mientras el futbolista recogía su vehículo en el parqueadero de Las Palmitas , ellas se dirigieron al estacionamiento de El Salpicón , por su carro. Escobar tuvo que volver a pasar frente a Bartolomé para reunirse con sus amigas en el parqueadero de El Salpicón que estaba repleto de carros, como toda esa zona. Esta versión coincide con la del portero de Bartolomé.

Escobar se encontró de nuevo en ese parqueadero con las personas del altercado en la discoteca y la discusión que supuestamente estaba saldada, acabó con la vida del futbolista.

Luego que Escobar fue herido y en medio de la confusión, una de sus amigas lo auxilió y con ayuda de otras personas lo subieron a un taxi, que se dirigió a la Clínica Medellín, en el centro de la ciudad. Mientras tanto, la otra joven los escoltó en su propio vehículo.

Yo no sé en qué lo trajeron. Había un gran alboroto. La gente gritaba es Andrés, es Andrés! ...Entró a urgencias en camilla acompañado por unas cinco personas, que después se perdieron. Sacamos el equipo de reanimación pero Andrés llegó muerto , dice uno de los médicos que estaba de turno esa noche. La noticia se conoció inmediatamente en todo el país y el mundo entero se estremeció. Versiones de todo tipo llenaron los espacios de radio y televisión y las páginas de periódicos y revistas. Apostadores, narcotráfico, venganzas por el autogol o un plan premeditado para asesinar a los jugadores de la selección, figuraron entre las explicaciones que los medios pretendieron dar a una comunidad que aún no entiende por qué mataron a Andrés Escobar.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.