ESPANTOS CAPITALINOS

ESPANTOS CAPITALINOS

Aunque no existe un acta oficial, se acepta que Bogotá fue fundada el 6 de agosto de 1538, hace 467 años, cuando el sacerdote fray Domingo de las Casas ofició la primera misa bajo el techo de paja de una iglesia improvisada que se levantó, o cerca de la actual Catedral en la calle 11 con carrera 7., o en el Parque Santander, seisácuadras al norte (1). A partir de entonces, por las calles y casas que se construyeron en esa y otras zonas de la naciente capital, comenzaron a tejerse mitos y leyendas que han sobrevivido por siglos, por décadas, o que comienzan a nacer ahora.

06 de agosto 2005 , 12:00 a.m.

Aunque no existe un acta oficial, se acepta que Bogotá fue fundada el 6 de agosto de 1538, hace 467 años, cuando el sacerdote fray Domingo de las Casas ofició la primera misa bajo el techo de paja de una iglesia improvisada que se levantó, o cerca de la actual Catedral en la calle 11 con carrera 7., o en el Parque Santander, seisácuadras al norte (1). A partir de entonces, por las calles y casas que se construyeron en esa y otras zonas de la naciente capital, comenzaron a tejerse mitos y leyendas que han sobrevivido por siglos, por décadas, o que comienzan a nacer ahora.

Mitos urbanos sobre historias que no se sabe si realmente sucedieron, pero que, casi siempre, hicieron verosímil lo improbable. Leyendas que tienen más de tradicionales o maravillosas que deá históricas o verdaderas, creencias populares que se fortalecieron con el tiempo, dejando, a veces, una lección moralizadora, y mitos y leyendas recién nacidos que comienzan a ganar terreno en la Bogotá del siglo XXI.

Desdeá Bachué, la diosa de la fertilidad de los chibchas que, según la leyenda, emergió como madre del género humano de la laguna de Iguaque para construir la primera choza, hasta los duendes que supuestamente habitan en los recién recuperados humedales; el Venado de oro, que habrían escondido los muiscas en el siglo XVI en una cueva del cerro de Guadalupe, hasta las leyendas sobre personajes como el asesinado dirigente del M-19 Carlos Pizarro y la fallecida poetisa María Mercedes Carranza, Bogotá pero, sobre todo, el centro de esta capital, continúa siendo territorio fértil para lo fantástico y lo mágico. "Gracias por los favores recibidos", rezan varias losas de agradecimiento colocadas sobre la tumba milagrosa de Pizarro, en el Cementerio Central en la calle 26, mientras unas cuadras al oriente, en la carrera cuarta, algunos creen haber visto a María Mercedes caminando, pensativa, por las calles de La Macarena, donde residió.

Por esas y otras razones podría asegurarse que, en el Centro, más que en ningún otro lugar de Bogotá, se cumple un verso de Mario Benedetti: "...cada kilómetro es un cielo distinto..." (2). Tal vez por eso, también funciona allí una oficina de sueños que, además de facilitar el desarrollo de proyectos culturales, revive cada día de la semana, en múltiples programas y con la participación de actores, historias de fantasmas y de aparecidos, de casos sin resolver, de escritores o pintores fallecidos, o deá amores centenarios, que se fortalecieron, como mitos o leyendas, en La Candelaria.

Casi cinco mil colombianos, en su mayoría profesionales residentes en la capital y algunos extranjeros venidos deá Alemania, Brasil, España, E.U., Francia y México acompañaron esos recorridos diurnos y nocturnos en el 2004, de acuerdo con Johanna Mahuth Tafur, gerente de la oficina de sueños. El recorrido preferido es el de fantasmas y aparecidos, que se hace de noche. "Algunas personas se asustan tanto, cuando aparece, encarnado en un actor, uno de los personajes de las historias que estamos relatando, que gritan, se ponen a llorar y deciden, a veces, suspender el recorrido", dice la guía turística Majorí Serrano.

áLas historias brotan a diario de empedradas calles centenarias como la de la fatiga (en la calle 9. con carrera 2.), donde una actriz revive, en la penumbra de la noche, la leyenda de la mula herrada, cuyo galope enloquecido no dejaba dormir a los santafereños después de la muerte de su dueño, don Alvaro Sánchez, un jugador empedernido, que a galope recorría de noche toda la ciudad, siempre cambiando de rumbo, para ir a jugar a casas del barrio Las Nieves (3). Otros relatos aseguran que la mula herrada también fue una bruja residente en esa zona, o una mujer infiel, desfigurada por un marido resentido. El hombre la habría llevado a los extramuros de la capital y allíáclavado herraduras, en sus manos y sus pies, luego la dejóáabandonada a su suerte. La tradición oral recuerda que, años después, en la ermita del barrio Belén, se encontró el cadáver de una anciana, que tenía claveteadas, en manos y pies, desgastadas herraduras y se dice que, tras ese hallazgo, no se volvieron a escuchar los enloquecidos trotes fantasmales de la mula herrada.

El fantasma de José Raimundo Russi, un abogado que vivió en el siglo XIX en la carrera 2. con calle 10., frente a la Universidad de La Salle y que es recordado como un hombre pobre pero bueno, que siempre ayudó a los necesitados, es otro que se revive en cada recorrido de fantasmas y aparecidos. Algunos bogotanos afirman que Russi continúa deambulando por la Plaza de Bolívar, donde fue fusilado el 18 de julio de 1851 por un asesinato y un robo que no cometió. Otros, como el comerciante Juan González (4), de unos 70 años, le dejan agua "para ayudarlo en su desvelo y para que me ayude en los pedidos que le hago", dice.

Leyendas y mitos sobre El tiempo del ruido; el espeluco de las aguas; la leyenda del virrey Solís; el fantasma de la casaca verde y muchos, muchos otros, que se repiten, no solo en el centro sino en muchos barrios de la capital y en municipios como Chía, Cota, Funza, Mosquera, Soacha y La Calera, continúan vivos y nacen y renacen de la mano de la oficina de sueños, de historiadores como Javier Ocampo López o de los recuerdos de muchos bogotanos que heredaron las historias y hoy las transmiten.

La expresión de que algo es tan antiguo como el tiempo del ruido tiene que ver, por ejemplo, con una leyenda colonial. El 9 de marzo de 1687, los santafereños habrían escuchado un ruido fuerte y subterráneo, que se produjo acompañado por un intenso olor a azufre. El estruendo provocó tanto pánico que se interpretó como la llegada de una legión de demonios que venía por los más pecadores. Cuentan que iglesias como la de San Francisco, en la Avenida Jiménez con carrera 7., se abrieron para que todos oraran y se arrepintieran. Durante siglos la historia del ruido se transmitió de generación en generación. Dicen que este fue sentido, especialmente, en las cercanías de los cerros de Monserrate y Guadalupe y que, aunqueá no estuvo acompañado de temblores, lo del olor a azufre dejó la convicción, en muchos,ádel carácter volcánico de los dos cerros.

La leyenda de el espeluco de las aguas, que tiene que ver con la vanidad y la humildad, nació, creció y aún se repite en los alrededores de la actual iglesia de Las Aguas, en la calle 19 con carrera 3. La leyenda dice que cerca de allí vivía una mujer bella, admirada por la hermosura de su rostro y cabellos pero quien, en un acto de arrogancia y vanidad, dijo, ante un grupo de invitados en la celebración de su cumpleaños, que su cabello era tan bello que no lo tenía ni la Virgen de Las Aguas. Entonces, habría sido castigada de inmediato: truenos, oscuridad, un fuerte olor a azufre, su transformación en la Medusa criolla, con sus cabellos convertidos en serpientes y su rapto eterno a manos de un demonio, según afirman los relatos.

La leyenda del virrey Solís, que se habría desarrollado en pleno corazón de la ciudad a mediados del siglo XVIII, tiene que ver con la vida licenciosa y la moral. Los relatos dicen que en 1753, Solís, nombrado para gobernar el Virreinato del Nuevo Reino de Granada, fue amado por su pueblo pero que tenía grandes debilidades amorosas. Sus fiestas y ardientes aventuras habrían sido comidilla de sus gobernados hasta el día en que presenció su propio entierro y decidió renunciar al cargo, a los amores, a las fiestas y convertirse en franciscano, abandonando incluso a doña María Lugarda Ospina, conocida como la Marichuela , con quien habría mantenido una intensa y prohibida relación.

El fantasma de la casaca verde, según la leyenda, habría aparecido en la casa donde hoy funciona la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, en la calle 10. Con carrera 3., donde vivió el virrey José de Ezpeleta, las Ibáñez y los hermanos Rufino José y AngeláCuervo. Este último habría visto un espectro con peluca empolvada y casaca verde, que golpeaba tres veces en una de las paredes de la casa y después desaparecía. Tiempo después, cuando esta se restauró, se dice que en el lugar donde el fantasma golpeaba se encontró un espacio vacío en la pared donde, supuestamente, se guardaba un tesoro con el que se habría quedado alguno de los nobles habitantes de esa casa.

áEstas, como muchas otras historias, emergen del asfalto, de las frías paredes y salones de casas coloniales, de las fincas de la antigua Santafé, de los recuerdos o también de los miedos y temores heredados de los antepasados. La antropóloga Alicia Méndez, quien vive en el Centro desde hace casi medio siglo, por ejemplo, abandona Bogotá todos los años antes del 31 de agosto por lo de la maldicióná del padre Francisco Margallo hace casi dos siglos: "Un 31 de agosto/ de un año que yo me sé/ en sucesivos terremotos/ Monserrate y Guadalupe/ hundirán a Santafé". Aunque Alicita, como la conocen, afirma que no cree mucho en eso, reconoce que esa maldición era "sagrada" para sus tías abuelas. "Para mí es una disculpa para salir a veranear", afirma, aunque no recuerda haber pasado en Bogotá ni un solo 31 de agosto en casi medio siglo.

En la calle 19 con 3., donde hoy funciona Artesanías de Colombia, muchos admiten haber escuchado ruidos o visto sombras en el patio suroriental de la bella casona, donde el escritor José María Vargas Vila, demoledor, iconoclasta, panfletario, habría escrito alguna de sus obras y donde las monjitas de La Presentación y las Carmelitas enterraron a varios de sus muertos, según cuenta José Luis Rojas, el administrador. "Personalmente, nunca he visto nada en 30 años, pero mucha gente dice haber visto o sentido cosas y expresado miedo de ir a esa parte de la casa, aunque sea de día", afirma. Las hermanas Marta y Fabiola Ciliberti, que estudiaron la primaria y el bachillerato en los sesenta, cuando funcionaba allí el colegio de La Inmaculada Concepción, recuerdanáque entonces "se decía que Vargas Vila había matado a su mujer y la había enterrado en ese patio".

Lo curioso de esa historia, "es que Vargas Vila nunca se casó, era misógino e incluso hubo dudas sobre su sexualidad", dice sonriente el investigador Raúl Jiménez Arango. Tal vez por eso, una de las delicias de vivir en Bogotá sean historias como estas, aunque los expertos digan que muchos mitos y leyendas son, en algunos casos, producto de un deseo colectivo, una esperanza, una calumnia, un temor, una venganza, el resultado de una explicación improvisada o de unaáficción descabellada que no se puede rastrear ni comprobar. No obstante, que el recuerdo de algunos mitos y leyendas bogotanas solo sean un motivo para decir sonriendo hoy: Feliz cumpleaños, Bogotá!áá.

(1) Documentos de la Alcaldía de Bogotá.

(2) Mario Benedetti, Poemas de oficina, Sueldo .

(3) Mitos y leyendas bogotanas,á Javier Ocampo López, Plaza & Janés.

(4) Ibidem.

(5) Nombre supuesto; no quiso identificarse.

Algún evento extraordinario convirtió al virrey Solís en religioso.

Por su antigedad, La Candelaria es el barrio bogotano con más leyendas.

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