A CONTINUACIÓN, INTERMEDIO

A CONTINUACIÓN, INTERMEDIO

La renuencia de Eduardo Santos a intentar sacar EL TIEMPO mientras Rojas estuviera en el poder, se mantuvo. Sin embargo tomó dos decisiones cruciales que transformaron la empresa.

04 de agosto 2005 , 12:00 a.m.

La renuencia de Eduardo Santos a intentar sacar EL TIEMPO mientras Rojas estuviera en el poder, se mantuvo. Sin embargo tomó dos decisiones cruciales que transformaron la empresa.

La primera, fue repartir el 49 por ciento de las acciones del periódico entre sus más directos colaboradores y amigos, manteniendo el control con el 51 por ciento restante que compartía con su esposa, Lorencita Villegas.

La segunda fue crear la Casa Editorial EL TIEMPO, empresa que pudiera desarrollar otras actividades distintas a un diario que estaba en el limbo. La premisa fue mantener un núcleo de personal básico para cuando pudiera volver a salir el periódico. La parálisis de la maquinaria era onerosa y tras algunas dudas iniciales, accedió a imprimir un nuevo periódico: Intermedio.

El 21 de febrero de 1956 empezó a circular bajo la dirección de su hermano Enrique Santos Montejo, Calibán . En la portada del diario de 12 páginas, apareció una caricatura de Chapete titulada Entre acto , con esta leyenda: "Respetable público, mil gracias. Y a continuación unos momentos de Intermedio".

En realidad este diario fue un disfraz de EL TIEMPO con un título distinto. Solo cambiaron los nombres propios del director y del gerente. La afluencia de avisos le auguró, desde el punto de vista económico, una situación favorable, aunque la incertidumbre era cotidiana f rente a jugadas del régimen como las trabas a la importación de papel.

El peligro de un nuevo cierre, vista la experiencia de EL TIEMPO y de otros diarios como El Espectador, hizo cautelosa la conducta de sus directivos. Con todo, hasta donde lo permitían las circunstancias de la censura previa, el periódico no abandonó la línea de oposición ni dejó de denunciar las medidas en contra de distintos medios.En el primer número informó sobre la censura a que habían sido sometidos tres diarios regionales.

Al revisar las páginas de Intermedio se puede llegar a la conclusión que los censores fueron más bien benignos con las informaciones políticas que se editaban. De otra manera no se podría entender que la noticia de abrir, de la primera página del primer número, hiciera un amplio recuento del "movimiento bipartidista para recobrar la normalidad".

La información se refería a las acciones emprendidas por el ex presidente Alberto Lleras Camargo para la "conquista del poder". Era una síntesis de las ideas que había expresado en un histórico discurso en el Hotel Tequendama durante un homenaje al ex presidente Santos. Allí estaba el germen del acuerdo entre liberales y conservadores que llevaría en poco más de un año a la caída de Rojas Pinilla y al Frente Nacional.

En el otro extremo de la balanza, también significativamente, el periódico publicó en primera página y sin comentarios un comunicado enviado por la Oficina de Información y Propaganda del Estado: "La muerte de los señores Correa se debió a un accidente de tránsito". El Gobierno se sacaba el clavo por el polémico caso que sirvió de catalizador para la clausura de EL TIEMPO:.

Como era de esperarse, la página cuarta no tocó para nada el tema y, más bien, el editorial aprovechó el primer número para exponer su ideario: un diario liberal, doctrinario, sereno, desapasionado, claro y honesto, al servicio de la democracia y no de un partido político en particular.

La manera más sutil de enfrentar esa evidente provocación oficial fue publicar en la primera página La Carta de los Derechos Humanos, una declaración universal suscrita por las Naciones Unidas en 1948 y que Intermedio fijó como la norma que iba a seguir.

También reprodujo en la página cuarta el facsímil del primer número "libre" de La Prensa, diario argentino silenciado por el gobierno peronista que había hecho su aparición triunfal el 3 de febrero de 1956. Las analogías del populismo político de Rojas con el régimen de Perón en la Argentina sirvieron para aclimatar una corriente de opinión contraria a todas las acciones del Gobierno.

También en ese primer número de Intermedio, Calibán, sin renunciar a su estilo atrevido, fijó su adhesión a las ideas de Alberto Lleras de aspirar al restablecimiento de la República y de promover el respeto a los derechos humanos, aclarando que "nada de esto es patrimonio exclusivo de ningún partido".

Se consideró adverso a las ideas "católico-bolivarianas" de Rojas Pinilla y le confesó a sus lectores que eso lo escribía por una sola vez y que renunciaba a mezclarse en polémicas inútiles: "No queremos provocar reacciones que no solo a nosotros perjudica". Se hizo, entonces, el propósito de que su columna en adelante iba a ser "histórica, deportiva, cinematográfica, pedagógica, filosófica, agrícola, ganadera y amena". No se trataba, como podría pensarse a primer vista, de bajarle el tono a sus escritos para evitar roces con el régimen, sino de un cambio más profundo en su talante de comentarista político, evitando el sectarismo.

Así volvió EL TIEMPO.

LA CAIDA.

`Cayó Rojas Pinilla. Junta militar de cinco lo reemplaza. Continúa vigente en la nación el paro cívico . Estos fueron los titulares de la edición extra de cuatro páginas de Intermedio, al registrar los acontecimientos del 10 de mayo de 1957. Traía una foto de Alberto Lleras y Guillermo León Valencia, tomada a las tres de la mañana cuando se supo la noticia.

UN MES DE ESPERA.

Muchos liberales le reclamaron al diario que era hora de que EL TIEMPO reapareciera como quería Eduardo Santos. Sin embargo, las directivas del periódico aclararon que esperaban su regreso desde París.

ADIOS A `INTERMEDIO.

El 7 de junio de 1957, justamente el día conmemorativo de la libertad de prensa establecido por la Sociedad Interamericana de Prensa, salió a la luz pública el último número de Intermedio. Como lo afirmó el editorial, después de 15 meses y medio de trabajo y de 458 ediciones, el entreacto que supuso el cierre de EL TIEMPO llegaba a su fin: "No nos arrepentimos de nada. Ni de haber aparecido en una hora difícil, ni de haber tratado de librar la pelea contra toda la tremenda maquinaria opresora de la dictadura. (_) No es una despedida la que estamos escribiendo. Mañana reanudaremos la batalla desde otra trinchera y ya al amparo de unos principios dignos. (_) Va a alzarse el telón".

UN SIMBOLO.

Bajo la dirección de Roberto García-Peña y la gerencia de Abdón Espinosa Valderrama, el diario matinal fundado por Alfonso Villegas Restrepo en 1911 y dirigido desde 1913 por su propietario Eduardo Santos, reinició su circulación del año 46 No. 15.771 el sábado 8 de junio de 1957 con 24 pági-nas y un costo al público de 15 centavos. La reaparición de EL TIEMPO, en palabras de Alberto Lleras, publicadas en la primera página de ese día, se convirtió en un importante símbolo de que "comenzaba a recuperarse la República".

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