PRIMERA CLASE

PRIMERA CLASE

El lunes 3 de enero de este año, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, los pasajeros del vuelo 916 de American Airlines, que cubría la ruta Bogotá-Miami, ingresaron al avión y se ubicaron en sus respectivos asientos. En primera clase, en los asientos 5A y 5B, se sentaron el señor Alex Little y su esposa. El, de unos 29 años de edad y 1,68 de estatura, delgado, con bigote, vestido informalmente, tomó la ventanilla. Ella, de unos 40 años y 1,65 de estatura, de tez blanca y cabello largo, vestida con unos jeans ajustados, tomó el asiento que daba al pasillo.

29 de enero 2005 , 12:00 a.m.

El lunes 3 de enero de este año, en el aeropuerto El Dorado de Bogotá, los pasajeros del vuelo 916 de American Airlines, que cubría la ruta Bogotá-Miami, ingresaron al avión y se ubicaron en sus respectivos asientos. En primera clase, en los asientos 5A y 5B, se sentaron el señor Alex Little y su esposa. El, de unos 29 años de edad y 1,68 de estatura, delgado, con bigote, vestido informalmente, tomó la ventanilla. Ella, de unos 40 años y 1,65 de estatura, de tez blanca y cabello largo, vestida con unos jeans ajustados, tomó el asiento que daba al pasillo.

Una hora y media después, en pleno vuelo, cuando los auxiliares acababan de servir el almuerzo, los Little empezaron a discutir en inglés, a elevar la voz, a manotear. Sus vecinos, como ya los habían visto tratando mal a los otros pasajeros en la sala de espera, no dijeron nada y prefirieron mirar hacia otra parte. Los ánimos de los Little se encendieron cada vez más y los insultos iban y venían. De pronto, cuando estaban sirviendo los postres, la señora Little, en un arranque pugilístico que cogió por sorpresa a su marido, saltó sobre él y lo zarandeó contra la ventanilla. Y, como en cualquier cantina de mala muerte, la señora Little recordó para qué tenía uñas y entonces hirió el rostro de su cónyuge hasta ver las primeras líneas de sangre. El ataque dejó al pobre Alex sin saber qué hacer, ido, despeinado, con las huellas de las uñas de su mujer cruzándole el rostro. Ella, sabiamente, prefirió evitar el segundo round, se puso de pie y buscó refugio entre los auxiliares de vuelo, que ya se acercaban a detener el combate.

El señor Little, como es de suponer, también se puso de pie y a gritos exigió que le dejaran a su contrincante sobre el cuadrilátero para arreglar cuentas. La señora Little, en perfecto español, pidió protección a los auxiliares de vuelo, lloró, explicó que tenía pasaporte norteamericano pero que era colombiana, que era el colmo, que ya no aguantaba más. El señor Little se encerró en el baño, agarró las paredes a golpes y a patadas, y cuando salió tenía el cinturón en la mano y estaba dispuesto a propinarle a su mujercita una buena paliza. Amenazó también al supervisor de cabina. Entonces se presentó en primera clase un hombre que venía en clase turista, se identificó como un agente federal norteamericano y trató de detener la gresca. El capitán no tuvo otra salida que aterrizar de emergencia en Jamaica. Para lograrlo fue necesario que el agente se sentara con el señor Little en primera clase, y que la señora Little se ubicara en el asiento del agente en clase turista. Entonces ella, ni corta ni perezosa, volvió a alegar:.

- Esto es el colmo! Pago un tiquete en primera clase y tengo que viajar en clase turista.

Las autoridades de Jamaica advirtieron que si arrestaban a la pareja exigían que se quedaran unos testigos y que el juicio se demoraba más o menos un mes. Fue necesario entonces volver a despegar y cumplir el itinerario normal hasta Miami. Cuando aterrizaron, estaban listos los agentes de seguridad de la aerolínea, los del aeropuerto y varios agentes del FBI. Los Little fueron arrestados de inmediato. Es de suponer que, aparte de los cargos que les formulen por desviar un avión en pleno vuelo, tendrán que responder por la gasolina extra, por los derechos de aterrizaje que tuvo que pagar la aerolínea en Jamaica, por el remolque del avión (un Boeing 767) y por los hoteles y comidas de todos los pasajeros que perdieron sus conexiones a otros lugares. No es ninguna bicoca y quién sabe si el bolsillo de los Little sea tan grande como su ego.

mariomendoza02@hotmail.com

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