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LA IGLESIA Y LA DEMOCRACIA

LA IGLESIA Y LA DEMOCRACIA

La iglesia siente vulnerados sus derechos, lo cual es aceptable. Un acuerdo internacional tiene que basarse en un consenso entre las partes y prima sobre cualquier consideración de un tribunal interno. El Consejo de Estado, sin embargo, nos dice que el Estado Colombiano se dejó meter el dedo en el ojo y que algunos artículos del Concordato violan flagrantemente la Nueva Constitución Colombiana y allí fue Troya! La pelea está como para coger palco.

La Iglesia objeta cualquier decisión en su contra que afecte los tradicionales privilegios, que por gozar de una supuesta mayoría católica, le han venido concediendo todos los gobiernos. Su misión es ayudar a todos por igual.

La lucha por la secularización y el afán de objetivos materiales parece mostrar a la Iglesia como si le temiera a la democracia. La Iglesia igualmente olvida, como bien lo dice Fukuyana en su libro El fin de la Historia y el último Hombre , que el factor cultural que más afecta las perspectivas de una democracia establece es el que tiene que ver con la capacidad de crear automáticamente, una sana sociedad civil, una esfera dentro de la cual pueda la gente ejercer el arte de asociarse sin interferencias religiosas, étnicas o raciales.

La religión, en la perspectiva de la Iglesia Católica, parece marchar en contravía de la historia universal y querer convertirse en uno de los factores que inhiben el establecimiento de democracias liberales estables.

Me incluyo, retomando a Fukuyana, entre los que piensan que no debería existir un conflicto inherente entre religión y democracia liberal (no me refiero al partido liberal) entre tanto la religión deje de ser tolerante o igualitaria .

La Iglesia Colombiana tiene que entender que la oleada universal de democratización es un fenómeno también del pueblo católico relacionado con el cambio de concientización católica. Una Iglesia más demócratica e igualitaria .

A pesar de las razones que pueda mostrar la Iglesia, esta controversia, nos parece, le puede generar más mal que bien. A la vista de los colombianos se está forjando una imagen de perseguidora de bienes terrenales, además de injusta, antidemocrática e irrespetuosa de minorías, pero minorías que ya se ganaron una representación en los organismos del Estado.

La errada política de nuestros porpurado la apartan itimidad de las ideas democráticas y comprometerse a fondo con el desarrollo socio-económica.

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