UN MODELO CONTRA LOS POBRES

UN MODELO CONTRA LOS POBRES

Algo anda mal en este país donde hace décadas se habla de justicia social, pero se promueve un modelo que mantiene una desigualdad escandalosa. Entre 20 y 29 millones de colombianos pobres (no hay ni siquiera acuerdo sobre cuántos son) claman por cambios de fondo en un sistema que parece diseñado contra ellos.

21 de febrero 2005 , 12:00 a. m.

Algo anda mal en este país donde hace décadas se habla de justicia social, pero se promueve un modelo que mantiene una desigualdad escandalosa. Entre 20 y 29 millones de colombianos pobres (no hay ni siquiera acuerdo sobre cuántos son) claman por cambios de fondo en un sistema que parece diseñado contra ellos.

No por casualidad, en estos días abundan los señalamientos de este estado de cosas. Ninguno de los cuales, curiosamente, proviene de la izquierda, sino de lo más granado del establecimiento económico local e internacional.

En un reciente seminario sobre la pobreza, José Leibovich, subdirector de Planeación, y Hugo López, director de la Misión para la Reducción de la Pobreza y la Desigualdad, afirmaron que más de la mitad de los 24,2 billones de pesos con los que el Estado subsidia educación, pensiones, salud, vivienda y servicios públicos benefician, no a los más pobres, sino a sectores medios y ricos de la población. Por ejemplo, los jubilados más ricos se quedarían con el 80 por ciento de los subsidios en pensiones. Para la muestra, los 37 congresistas que han recibido en los últimos 10 años 7.000 millones de pesos de más en sus pensiones, gracias a sutilezas legales.

Estos subsidios, destinados a 49 programas distintos, representan más del 10 por ciento del PIB. Suma colosal que, según los técnicos de Planeación, se invierte a menudo en programas con baja cobertura, dispersos en muchas entidades, ineficientes y con un sesgo asistencialista, que no resuelve los problemas de fondo.

En otro frente, el director del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo de Rato, ratificó lo que vienen diciendo estudios y especialistas: el sistema tributario es injusto e inequitativo; la población de menos ingresos paga, en proporción, más que la de mayores ingresos, y grupos privilegiados se benefician de exenciones que ningún gobierno, incluido el actual, ha querido tocar. Las sucesivas reformas elevan impuestos que afectan indiscriminadamente a toda la población, como el IVA.

Más allá de la ciudad: la contribución del campo al desarrollo , un estudio del Banco Mundial liderado por Guillermo Perry, ha mostrado similares inequidades en el campo, donde viven 65 millones de los pobres de América Latina. Asegura que la población rural no sería el 24 por ciento del total, según cuentas de las cifras oficiales, sino el 42 por ciento. Y sostiene que el gasto se concentra en subsidios que benefician a medianos y grandes propietarios y no en bienes públicos (educación, vías, infraestructura) que sí tendrían impacto real en la reducción de la pobreza y la inequidad. Desolador panorama que, en Colombia, completan la escandalosa inequidad en la tenencia de la tierra, el subsidio soterrado que representa un régimen catastral a la medida del latifundio ocioso y el despojo masivo del campesinado pobre por medio de la violencia armada.

Para completar, el diario Portafolio mostró cómo la baja de las tasas de interés y la inflación no ha facilitado el acceso al crédito al ciudadano raso ni a la pequeña y mediana empresa. Mientras a estos los bancos les prestan a tasas que pasan de 23 por ciento (y captan su dinero a un mísero 8,5 por ciento), a las grandes empresas les dan crédito hasta por 11 por ciento.

Hay que decirlo con toda claridad: este modelo, armado con semejante arsenal de mecanismos contra los menos favorecidos, es regresivo. Es indispensable cambiarlo. No solo por el imperativo moral de reducir la pobreza, sino porque, como coinciden muchos especialistas, crecer no basta; hay que redistribuir. Lo han sostenido la Cepal en un reciente informe ( Hacia el objetivo del milenio de reducir la pobreza en América Latina y el Caribe ) y el profesor Nanak Kawani, del Centro Internacional sobre Pobreza, invitado al seminario en mención: una mejor distribución del ingreso, además de disminuir el número de pobres, refuerza el crecimiento.

Lo más grave es que todo esto sea hace tiempo lugar común. La razón es muy simple: cambiar el modelo demanda una lucha tan grande como grandes son los intereses que se benefician de él. Ellos son los responsables de que en Colombia se hable tanto de pobreza sin que se haga nada en serio para reducirla.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.