CHINA GRAVITA SOBRE EL COMERCIO CON AMÉRICA LATINA

CHINA GRAVITA SOBRE EL COMERCIO CON AMÉRICA LATINA

En las conversaciones sobre comercio entre Estados Unidos y sus vecinos latinoamericanos, el protagonista más influyente podría ser Pekín.

26 de enero 2005 , 12:00 a.m.

En las conversaciones sobre comercio entre Estados Unidos y sus vecinos latinoamericanos, el protagonista más influyente podría ser Pekín.

En un indicio del peso que China tiene en la política del comercio global, el debate en torno al Acuerdo de Libre Comercio Centroamericano (CAFTA por sus siglas en inglés) trasciende la batalla por los mercados abiertos para convertirse en una discusión sobre cómo enfrentar al coloso textil chino.

La mayoría de los textileros estadounidenses están preocupados porque creen que el acuerdo, como ha sido negociado, abre a China una puerta subrepticia a nuestro mercado , dice Jim Chesnutt, directivo del sector textil de Carolina del Norte y miembro del Consejo Nacional de Organizaciones Textiles, un influyente grupo empresarial. Esto se debe a que permite que los fabricantes de ropa centroamericanos en ciertos casos usen tejidos fabricados en el extranjero, y aún así enviar el producto terminado a EE.UU. libre de impuestos.

Pero el gobierno de George W. Bush, en un esfuerzo por lograr que el tratado sea aprobado en el Congreso, dice que el acuerdo de hecho ayuda a defender a los fabricantes de textiles de la competencia china.

La razón del gobierno es que, al crear un mercado libre para la ropa en las Américas, se dará a los fabricantes de EE.UU. un incentivo para quedarse en este hemisferio en vez de trasladarse a Asia, donde la mano de obra, la tierra y los insumos son más baratos. Mientras las plantas de confecciones estén en este hemisferio, dice el gobierno, la probabilidad de que utilicen textiles de EE.UU. son mayores.

Hay que ver esto en el contexto de la competencia mundial , dice Chris Padilla, funcionario de alto nivel de la oficina del Representante Comercial de EE.UU. (USTR por sus siglas en inglés), que intenta obtener apoyo para el acuerdo.

Padilla dice que el CAFTA cobró más importancia tras el vencimiento a fines de 2004 de las normas que regían el comercio mundial de textiles, un cambio que permitirá a China aumentar su producción textil aún más. China es el gorila de 500 kilos en esta industria , dice Padilla.

CAFTA ha sido concebido para unir a seis economías: Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y República Dominicana, formando el segundo mercado estadounidense de exportaciones en América Latina, después de México.

EE.UU. exporta US$15.000 millones al año a países del CAFTA, y el gobierno de Bush dice que la demanda de bienes fabricados en EE.UU., como productos farmacéuticos y equipos de construcción, subirá a medida que caigan las barreras comerciales en la región. Sólo las exportaciones agrícolas se expandirán en casi US$1.000 millones al año, dicen los partidarios de acuerdo.

Al igual que cualquier otro intento de ampliar el libre comercio, el CAFTA enfrenta grandes obstáculos en el Congreso estadounidense, donde las luchas por temas locales complicarán los esfuerzos por conseguir una mayoría. Por ejemplo, a las azucareras de EE.UU. les molesta las provisiones del acuerdo que dan acceso al mercado de EE.UU. a República Dominicana. Asimismo, las preocupaciones por los derechos de los trabajadores en Centroamérica tienen a los activistas laborales de EE.UU. preparándose para una pelea.

Pero el tema más amplio de China opaca estos problemas. El hecho de que China forme parte de la evaluación de un acuerdo comercial entre EE.UU. y unos pocos vecinos en el Hemisferio Occidental resalta el cambio en la dinámica en el comercio mundial.

EE.UU. tiene con China el mayor déficit comercial con un solo país. En noviembre, el déficit se situaba en US$16.600 millones, más de un 50% por encima del déficit comercial de EE.UU. con las 25 naciones de la Unión Europea.

El presidente Bush, durante la campaña para su reelección, prometió presionar a Pekín sobre una serie de cuestiones comerciales, desde la manipulación de la divisa hasta el cumplimiento de las leyes sobre propiedad intelectual.

En plena campaña electoral en 2004, el gobierno de Bush indicó que estaba preparado para proteger de China a los productores de tejidos estadounidenses. Aceptó considerar las peticiones para frenar las importaciones de los productos chinos.

Desde entonces, un juez federal de distrito ha prohibido temporalmente al gobierno actuar sobre esas peticiones y el sistema internacional que regía el comercio de textiles expiró.

En virtud del Acuerdo Multifibra de 1973, los mercados desarrollados, con la esperanza de proteger las industrias nacionales, establecieron cuotas que limitaban las importaciones de ropa de mercados menos desarrollados. Pero con la eliminación del sistema, China pronto representará el 50% de los textiles mundiales, más del doble de los niveles actuales, estima la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Por ello, el gobierno de Bush intenta ahora vender el CAFTA como una manera de ayudar a los fabricantes de textiles, que además tienen peso político y que han sufrido a raíz del éxodo de negocios hacia los mercados laborales más baratos en el extranjero.

Las compañías de confecciones de los países del CAFTA importan US$2.300 millones al año en hilo y telas de EE.UU. Los fabricantes chinos sólo compran US$250 millones en materiales estadounidenses.

Si esas empresas se trasladan a China... no van a comprarle mucho hilo y tela , dice Padilla. Ese es su lema para vender el CAFTA. El argumento básico es el siguiente: conserve sus clientes .

Sin embargo, muchos fabricantes estadounidenses de hilo y telas no confían en el CAFTA, en gran parte porque el tratado incluye provisiones que permitirían a los fabricantes de ropa centroamericanos incorporar material fabricado en el extranjero a los productos destinados a entrar libres de impuestos en EE.UU.

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