UN PRÍNCIPE QUE VINO A COMER CUY EN PASTO

UN PRÍNCIPE QUE VINO A COMER CUY EN PASTO

Durante cuatro días la suite presidencial del Hotel Agualongo, el más importante de Pasto, se convirtió en el refugio secreto de uno de los hombres con más abolengo que haya pisado estas tierras.

20 de febrero 2005 , 12:00 a.m.

Durante cuatro días la suite presidencial del Hotel Agualongo, el más importante de Pasto, se convirtió en el refugio secreto de uno de los hombres con más abolengo que haya pisado estas tierras.

Se trata de don Sixto Enrique de Borbón Parma y Borbón Besset, Duque de Aranjuez, Infante de España, Príncipe de Parma y de Plasencia, descendiente del rey Carlos VII, quien llegó a la capital nariñense movido por la curiosidad de una historia en la cual se mezclan indirectamente su tatarabuelo monarca y San Juan de Pasto, vinculados por el cura Manuel Santa Cruz Loidy, un jesuita que peleó en las guerras carlistas del siglo XIX.

Su llegada fue en silencio, sin pompa, ni escolta, pero bajo un exagerado sigilo que puso en aprietos a los administradores del hotel, que solo se enteraron de la ilustre visita poco antes de su arribo y que los obligó a correr por la Plaza de Nariño en busca de calefacción para que no lo espantara el frío.

El hombre, segundo hijo varón del príncipe regente don Francisco Javier de Borbón y Braganza, no trajo sirvientes y nadie le hizo la venia a pesar de su porte, de sus 1,80 metros de estatura, pelo rubio, ojos azules y barbilla prominente, típicamente borbona. Nadie se percató de que el forastero en traje informal y sencillo era un príncipe europeo.

Uno de los pocos que lo sabía era Isidoro Medina Patiño, el causante de la visita real. Medina, pastuso por adopción e historiador fue quien en el 2003 sacó del olvido al cura Manuel, considerado por el Rey Alfonso XII como un terrorista peligroso y expulsado de la península. En 1892 llegó a Colombia con ganas de olvidar la vida azaroza y dedicarse a los pobres.

Todo esto lo contó Medina en su libro Don Manuel, el temible cura guerrillero, que llegó a manos de don Sixto Enrique, exiliado en Francia desde su nacimiento hace 65 años, y le produjo un gran entusiasmo por conocer la tumba del cura partisano. Por eso, el pasado 10 de febrero se vino desde París en un vuelo comercial que hizo escala en Bogotá y arribó a Pasto en una mañana nublada.

Ni la bruma ni el cansancio impidieron que poco después de llegar emprendiera el camino hacia el corregimiento San Ignacio, a 50 kilómetros de la ciudad, en busca de una historia escondida en la capilla del lugar donde reposan los restos del jesuita.

"Al encontrarse frente a la tumba del cura se le notó la emoción en el rostro y con una mano en su pecho y otra en la lápida rezó una oración en silencio", cuenta Medina. Después de esta demostración de respeto, el Príncipe participó de una eucaristía en latín con los pobladores, descendientes de los campesinos que conocieron a don Manuel 120 años atrás. En esta ocasión la misa fue celebrada por otro sacerdote español, José Ramón García.

Nutrido de historias que le hablaban de su pasado, el Príncipe regresó esa misma noche a Pasto más relajado y menos prevenido. Entonces, don Sixto, que no había querido recibir ningún tipo de alimento sucumbió ante la comida local. Cambió los langostinos y el buqué de los más selectos vinos por un plato de cui frito, sin cabeza, con sus vísceras sobre palomitas de maíz, y lo acompañó con aguardiente.

"Le dijimos que era un marrano pequeño -dice Medina-; después pidió un jerez pero le dijimos que lo tradicional era el aguardiente, y le gustó tanto que se tomó cinco tragos". Su primera noche fue amenizada con música, que empezó con Ojos azules y terminó con El Rey, de José Alfredo Jiménez.

Más animado, al día siguiente la lluvia no fue impedimento para llegar hasta el Santuario de Las Lajas, en Ipiales. Pararon varias veces para tomar fotos y finalmente llegaron a la iglesia que don Sixto contempló maravillado por su arquitectura en piedra levantada sobre el abismo del cañón del río Guáitara. Allí el padre García dio misa en latín.

Aprovechando lo relajado del regio visitante sus anfitriones lo llevaron al puente fronterizo de Rumichaca, donde conoció historias sobre el paso de los incas por esta parte que era la frontera norte de su imperio. Sin pasar la raya limítrofe, don Sixto se devolvió y en un restaurante pidió una cazuela de mariscos que decidió mezclar de manera particular.

"Le echó vodka, cerveza, jerez y aceite de oliva", cuenta Enrique Herrera, uno de los acompañantes. La noche transcurrió en medio de un acto académico en el Club Colombia, encabezado por Miguel Ayuso, presidente del Partido Carlista y mano derecha del Príncipe.

La agenda estipulaba que el sábado debía partir, pero el mal tiempo lo impidió y don Sixto, dejando a un lado el protocolo y la etiqueta, se dedicó a probar de todo. En el almuerzo pidió un consomé con presa, pues ese nombre le llamó la atención. Con gran desparpajo terminó mezclando todo en el plato y, si bien no se lo comió completo, lo calificó como una gran alegría culinaria.

El Borbón dejó Pasto el domingo pasado no sin antes prometer que volverá en un año.

FOTO:.

En el corregimiento San Ignacio, de Pasto, el Príncipe asistió a una misa con la gente de la comunidad.

Archivo Particular

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.