RUDOLF HOMMES ES UN GRACIOSO, ES UN MALGENIADO... NO, ES UN MINISTRO

RUDOLF HOMMES ES UN GRACIOSO, ES UN MALGENIADO... NO, ES UN MINISTRO

Son dos en uno: está el Hommes comelón de frutas y de apariencia desordenada, desprevenida y graciosa. Vestido informalmente, enamorado del cine italiano e hijo ejemplar. Amigo de los niños, complaciente, risueño --de carcajadas--, bailarín de salsa y que conoce y ayuda a solucionar los problemas de su secretaria o su mensajero. Que camina y corre una hora por la mañana, que habla toda la noche sobre temas intrascendentes, con rabietas que no duran más de treinta segundos. Y está el Hommes intelectual, investigador, impositivo, irreverente cuando lo contradicen sin importar quién, terco... De esos que siempre tienen la razón, que pueden dejar a su interlocutor hablando solo y que, para muchos, es vengativo y rencoroso.

08 de octubre 1990 , 12:00 a. m.

Con 47 años, Rudy --como le dicen sus amigos--, de padre alemán que llegó a Colombia a organizar la facultad de economía en la Universidad Nacional, y madre de Guatavita, nació en Ubaté.

Provincia de la que nunca se ha alejado sentimentalmente --por más lejos que esté--. Allí arrea vacas, controla que el pasto no crezca más allá de lo debido o habla con los campesinos y finqueros.

Comenzó a estudiar ingeniería en Los Andes. Se retiró e incursionó, sin suerte, como empresario de carteras y tapetes. No ganó plata, pero aprendió.

En Los Angeles (California), donde estudió administración de empresas conoció a Aline, su esposa.

Está profundamente convencido de lo que hace y todo lo que proyecta tiene que salir bien.

Organiza su equipo de trabajo sin mayores complicaciones, y reparte entre todos los resultados: no tiene afán de protagonismo.

Cuando las cosas no salen se impacienta. Estalla. Pero hay que seguir trabajando...

Lo importante es llegar. No es extraño verlo tomando bus o buseta para cumplir un compromiso. Mucho menos comiendo maní por la calle, entre cita y cita, o en medio de ellas.

En cambio, nunca se le verá con flores. Pero dicen que cree en el amor, que dice palabras cariñosas y se conmueve con una canción romántica.

Y aunque poco conocido hasta hace unos meses, tiene experiencia en el sector público y privado. Fue asesor a mediados de los años 70 del Ministerio de Hacienda y Crédito Público --que hoy dirige--, director de crédito público y asesor de la Junta Monetaria.

Además, profesor en Massachusetts y del Externado y de Los Andes. Asesor y consultor de organismos internacionales y empresas privadas.

Todo eso, con criterio independiente y estilo particular. Lo que le permite enfrentar los problemas con tranquilidad y, en muchos casos, ingenuidad.

Y ahora, con fama de duro , por ser el promotor, en menos de dos meses, del aumento en el IVA, el incremento en la gasolina y en las tarifas de servicios públicos.

Por ahí cuentan que dijo, cuando subió la luz, que pobrecita su mamá con el recargo del ochenta por ciento pues como no trabaja...

Mientras, como ocurrió la semana pasada, no es raro verlo llegar al Congreso con el proyecto de reforma tributaria en una mano y en la otra una manzana.

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