LA JAULA DE HIERRO DE WEBER

LA JAULA DE HIERRO DE WEBER

Este año se cumple el centenario del más famoso tratado sociológico que se ha escrito. Fue un libro que puso a Marx de cabeza. La religión, según Weber, no era una ideología producida por intereses económicos (el opio del pueblo, como dijo Marx); en cambio, era lo que había hecho posible el mundo capitalista moderno. En la década actual, cuando las culturas parecen estar chocando y a la religión frecuentemente se le culpa por los fracasos de la modernización y la democracia en el mundo musulmán, el libro y las ideas de Weber merecen un vistazo fresco.

30 de abril 2005 , 12:00 a.m.

Este año se cumple el centenario del más famoso tratado sociológico que se ha escrito. Fue un libro que puso a Marx de cabeza. La religión, según Weber, no era una ideología producida por intereses económicos (el opio del pueblo, como dijo Marx); en cambio, era lo que había hecho posible el mundo capitalista moderno. En la década actual, cuando las culturas parecen estar chocando y a la religión frecuentemente se le culpa por los fracasos de la modernización y la democracia en el mundo musulmán, el libro y las ideas de Weber merecen un vistazo fresco.

El argumento de Weber se centraba en el protestantismo ascético. Decía que la doctrina calvinista de la predestinación llevó a los creyentes a tratar de demostrar su condición de elegidos, lo cual hicieron ocupándose en el comercio y acumulación de bienes. De esta manera, el protestantismo creó una ética del trabajo es decir, la valoración del trabajo por sí mismo y no por sus resultados y demolió la antigua doctrina aristotélica y católica romana según la cual se debían adquirir solamente bienes necesarios para vivir bien. Adicionalmente, el protestantismo exhortaba a sus creyentes a comportarse moralmente por fuera de los límites de la familia, lo cual fue crucial en la creación de un sistema de responsabilidad social.

La tesis causó controversia desde su publicación. Varios estudiosos declararon que estaba empíricamente errada en cuanto a la superioridad del desempeño económico de los protestantes sobre los católicos; que las sociedades católicas habían empezado a desarrollar el capitalismo moderno mucho antes de la reforma; y que fue la contrarreforma, y no el catolicismo, la que originó el atraso económico. El economista alemán Sombart aseguró que había encontrado el equivalente funcional de la ética protestante en el judaísmo; Robert Bellah lo descubrió en el budismo Tokuwaga del Japón.

Sin temor a equivocarse, se puede afirmar que la mayoría de los economistas contemporáneos no toman seriamente la hipótesis de Weber, ni las otras teorías culturalistas de crecimiento económico. Muchos de ellos sostienen que la cultura es una categoría residual en la cual se refugian los científicos sociales perezosos cuando no logran desarrollar una teoría más rigurosa. Ciertamente, hay razón para ser cauteloso al utilizar la cultura para explicar resultados económicos y políticos. Los escritos del propio Weber sobre las otras grandes religiones y su impacto en la modernización sirven como advertencia. En La religión de China: confucianismo y taoísmo (1916), expresa su pesimismo ante la perspectiva del desarrollo en la China confuciana, cuya cultura, dice, se presenta como un obstáculo sólo un poco menor que la del Japón, para el surgimiento del capitalismo moderno.

Hoy entendemos que no fue la cultura lo que frenó a la China y Japón tradicionales, sino las instituciones asfixiantes, la mala política y políticas mal encaminadas. Cuando dichos problemas fueron solucionados, ambas sociedades despegaron. La cultura es apenas uno de los muchos factores que determinan el éxito de una sociedad. Eso se debe tener en mente cuando escuchamos a quienes afirman que el Islam explica el terrorismo, la ausencia de democracia u otros fenómenos en el Medio Oriente.

Al mismo tiempo, nadie puede negar la importancia de religión y cultura al determinar la razón por la cual las instituciones funcionan mejor en unos países que en otros. En las regiones católicas de Europa la modernización económica fue más lenta que en las protestantes, y les tomó más tiempo adaptarse a la democracia. Es así como gran parte de lo que Huntington llamó la tercera ola de la democratización tuvo lugar entre las décadas de 1970 y 90 en lugares como España, Portugal y países de Latinoamérica. Incluso hoy, entre las sociedades altamente seculares que conforman la Unión Europea, existe una clara diferencia de actitudes frente a la corrupción política desde el norte protestante hasta el sur mediterráneo. Fue el ingreso de los escandinavos de pulcritud rechinante a la Unión Europea lo que en últimas obligó a renunciar a la totalidad de directivos ejecutivos en 1999, a raíz de un pequeño escándalo de corrupción que involucró a un ex primer ministro francés.

La ética protestante origina preguntas mucho más profundas acerca de la religión en la vida moderna de lo que sugiere la mayoría de discusiones. Weber sostiene que en el mundo moderno, la ética del trabajo ha sido separada de las pasiones religiosas que le dieron origen, y que hoy forma parte de un capitalismo racional con bases científicas. Para él, los valores no surgen racionalmente, sino proceden del tipo de creatividad que originalmente inspiró las grandes religiones. Su fuente primaria, estaba convencido, yacía en lo que llamó una autoridad carismática que en griego significatocado por Diosi . En el mundo moderno, dijo Weber, este tipo de autoridad ha desaparecido para dar paso a una forma burocrática-racional que ahoga el espíritu humano (produciendo lo que llamó unade hierroa pesar de dar al mundo paz y prosperidad.

A la modernidad aún la persiguefantasma de las creencias religiosas muertaspero ha sido despojada de gran parte de la auténtica espiritualidad. Esto fue especialmente cierto en E.U., donde, según Weber,búsqueda del bienestar, desposeído de su significado religioso y ético, tiende a estar asociado con pasiones puramente mundanas.

Vale la pena mirar más de cerca cómo su visión del mundo moderno se ha hecho realidad desde la publicación. De muchas maneras, claro está, ha resultado ser fatalmente exacta: un capitalismo racional, fundamentado en la ciencia se ha difundido, trayendo avances materiales a grandes zonas e integrando todo ello en la jaula de hierro que hoy llamamos globalización. Pero religión y pasión religiosa no están muertas, y no se trata solamente de la militancia islámica, sino del repunte global de protestantes-evangélicos que, nada más en términos numéricos, rivaliza con el Islam fundamentalista como fuente de religiosidad auténtica.

El renacimiento del hinduismo entre los indios de clase media, o el surgimiento del movimiento Falun Gong, en China, o el resurgimiento de la iglesia ortodoxa de Oriente, en Rusia, y otras regiones anteriormente comunistas, o la permanente resonancia de la religión en América, sugieren que secularización y racionalismo de ninguna manera son asistentes inevitables de la modernización. Podemos incluso dar un vistazo más amplio de lo que constituye la religión y la autoridad carismática. El siglo pasado se caracterizó por lo que el teórico alemán Carl Schmitt llamó movimientoscomo el nazismo y el marxismo-leninismo, los cuales se basaban en compromisos apasionados con creencias que en el fondo eran irracionales. El marxismo se mostraba como un movimiento científico, pero sus adeptos en el mundo real seguían a líderes como Lenin, Stalin o Mao, con el tipo de compromiso ciego frente a la autoridad que sicológicamente no se diferencia de la pasión religiosa. (Durante la revolución cultural en China, se debía tener cuidado con el uso de los periódicos viejos; si en una página aparecía una foto de Mao, y alguien se sentaba sobre su imagen sagrada, o utilizaba el periódico para envolver pescado, corría el peligro de que se le tildara de contrarrevolucionario.).

Sorprendentemente, la visión weberiana de una modernidad caracterizada porcarentes de espíritu, sensualistas sin corazónse aplica mucho más a la Europa moderna que al continente americano. La Europa de hoy es un continente pacífico, próspero, racionalmente administrado por la UE y totalmente secular. Aunque los europeos continúan utilizando términos comoderechos humanosi ydignidad humanai , enraizados en los valores cristianos de su civilización, muy pocos podrían ofrecer una explicación coherente de por qué todavía creen en tales cosas. El fantasma de las creencias religiosas muertas persigue a Europa mucho más que a América.

La Etica fue por lo tanto inmensamente exitosa como un estímulo al pensamiento serio sobre la relación de los valores culturales con la modernidad. Pero como un recuento histórico del ascenso del capitalismo moderno, o como ejercicio de predicción social, ha resultado ser menos correcta.

Traducción de The New York Times de DIEGO ECHEVERRI GARRIDO.

(Profesor en Johns Hopkins School).

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