FOCINE: LA TOMA FINAL

FOCINE: LA TOMA FINAL

Ni proyecto cultural ni industria; Colombia no llegó a definir, en los quince años de actividades de Focine, unas políticas claras sobre qué tipo de cine quería realizar. Esa fue la causa de la desaparición de la Compañía: las acciones de los 16 gerentes, ocho encargados y ocho en propiedad, fueron disgregadas. En promedio, la mitad de vida de Focine estuvo en manos de gerentes encargados: podía definirse una filosofía de esa manera? Desde su creación en 1978, por medio del decreto 1244, Focine tuvo como tarea administrar el Fondo de Fomento cinematográfico, que en 1977 había empezado a funcionar. El Fondo nació para impulsar y fomentar el desarrollo del cine . Un concepto que, además de amplio, era ambiguo. Y para administrar los dineros del Fondo se creó la Compañía, a la cual acaba de dar muerte el decreto 2125 expedido el pasado 29 de diciembre.

17 de enero 1993 , 12:00 a.m.

Aunque el cine es una actividad artística cuyos resultados dependen de cada realizador, era necesario que el fomento al cine se extendiera más allá de la entrega de préstamos. Por ejemplo, el Estado no definió qué cine pretendía hacer: un cine para vender, un cine que recogiera las expresiones regionales o un cine que integrara esos elementos y formara un público.

Entonces, y ahora, los criterios de realización cinematográfica son establecidos por cada realizador. Y eso está bien, pero es que el cine, a diferencia de otras actividades artísticas, se encausó como una industria. Y el fomento al cine se canalizó por dos vías solamente: créditos y producción directa, por parte de la Compañía.

Ese fomento, por parte del Gobierno Nacional, tiene sus antecedentes en la ley novena de 1942, cuando hubo exención de impuestos y facilidades para los realizadores. En el gobierno de Misael Pastrana hubo fomento al llamado cortometraje de precio: los exhibidores que pasaran cortos nacionales recibirían un sobreprecio cobrado a las boletas, que compartirían con el distribuidor y el productor.

Los numerosos cortos producidos aumentaron el número de realizadores y su profesionalización. Sin embargo, ellos perdieron frente a los exhibidores y distribuidores, quienes les pagaban un fijo por su corto, no un porcentaje basado en las entradas del público a las películas.

Después vendría Focine, con el cual se esperaba sacar adelante las producciones nacionales. La primera fórmula ensayada, entre 1978 y 1981, fue la de los créditos de fomento, bajo la administración de Isadora de Norden. Hubo pocas solicitudes de crédito en ese momento, porque solo se otorgaba a quien los respaldase con propiedades u otras garantías.

Nadie calculó la situación del mercado, que entonces era bien reducido: dominio de las producciones mexicanas y estadounidenses, precio mínimo de la boleta y controlado por el Gobierno (sesenta pesos), y altos costos de aduana a la hora de entrar los materiales necesarios para hacer cine. Salvo Gustavo Nieto Roa, realizador de Colombia connection y El taxista millonario, nadie pudo pagar sus deudas.

Entrados los ochenta una nueva opción se brindó a los productores: los créditos especiales. La diferencia con los anteriores, es que los realizadores aquí no tendrían que entregar hipotecas y garantías, sino firmar pagarés concedidos de acuerdo con su hoja de vida.

Esto acercó más a los realizadores hacia Focine y se hicieron filmes como Amenaza nuclear, Pura sangre, La virgen y el fotógrafo, Caín, Con su música a otra parte, esta última de Camila Loboguerrero. La nueva deuda llevó a que durante la administración de María Emma Mejía (1984-1986) se les recibiera las películas a los directores como parte de pago.

Tampoco esta fue la salida. Y la Compañía se convirtió en productora, entre 1984 y 1990. Un Estado paternalista? De ello no hay duda, como tampoco de que al comienzo de esta etapa fue cuando se produjeron los mejores filmes nacionales.

Focine invirtió mucho más dinero en el Festival de Cartagena (27 millones de pesos en 1985), y pagó la producción de mediometrajes (más de cien, a tres millones cada uno). Dando pantalla Al mismo tiempo, hacer cine se hizo más costoso. El promedio de costos de las películas, cuando se otorgaban créditos, era de 15 millones. Unos años más tarde, Focine, como coproductora, pagaría 33 millones por Tiempo de morir, 73 por El día que me quieras, 66 por Crónica de una muerte anunciada.

En esta etapa el cine recibió un impulso en su producción pero no se puso atención a la distribución, las estrategias para exhibición y comercialización nunca fueron lo suficientemente agresivas como para lograr tener en cartelera las películas. Estas entraron demasiado tarde a los teatros. Incluso después de que habían sido exhibidas en cineclubes.

Aunque sí hubo promoción internacional de las películas, el mercadeo fue pobre. Entonces, los realizadores hacían propuestas para que, obligatoriamente, se pasara una cuota de cine nacional, como lo hace actualmente la Comunidad Europea, pero esto no se oyó.

Y es que el cine nacional llevaba otra piedra en el zapato: los exhibidores, que además de no mostrar buenas temporadas de cine colombiano, no pagaban sus deudas. En 1985, la administración de María Emma Mejía logró introducir un artículo en la ley 55 de 1985, por medio del cual se cobraría un sobreprecio en las boletas del 16 por ciento, para el fomento del cine, compartido con los productores, distribuidores y exhibidores. Pero el artículo fue demandado porque los impuestos no podrían favorecer a particulares.

Los exhibidores no pagaron más impuestos, pero siguieron cobrando el sobrecupo. Y ya en la administración de Helena Herrán de Montoya, en 1988, se entabló una demanda, con la cual empezaron a pagar algunos de los exhibidores. Cerca de mil millones se recaudaron, sin embargo hubo una amnistía para la deuda que en enero de 1991 ascendía a 3.200 millones de pesos. Focine se quedó sin ese dinero, única fuente de fomento. Camila Loboguerrero se pregunta por qué se perdonó esta deuda y no hubo amnistía para los realizadores a comienzos de los años ochenta.

Con Helena Herrán como gerente se produjo poco cine. El Fondo impulsó la Escuela de Cine de la Universidad Nacional, inicialmente, entregó 300 millones de pesos. No obstante,como en todos los proyectos, no hubo cálculos: Qué industria respaldaba una escuela de cine? Y fue aquí donde se hizo la última cinta producida totalmente por Focine: María Cano, cuyos costos fueron de 135 millones de pesos.

En el actual Gobierno, Focine no ha podido moverse por varias razones: las rentas de los exhibidores no entraron más a la compañía, sino a la Administración Nacional de Impuestos y tampoco hubo más producciones, sino otra vez créditos y subsidios a quienes recibieran premios u obtuvieran una taquilla superior a 250.000 espectadores.

A través de la Corporación Financiera Popular, Focine quedó habilitada para fomentar el cine. La Corporación prestaría a quienes llevasen garantías de pago. Solo un proyecto fue aceptado: Un hombre y una mujer con suerte, de Gustavo Nieto.

Ahora habrá otro experimento. Sin Focine, el Gobierno ha dicho que dará líneas de crédito a través del Instituto de Fomento Industrial. Qué diferencia hay entre ir al IFI o a cualquier banco a solicitar un préstamo para producir una película? La muerte de Focine, que se anunció tanto como la de Santiago Nasar (salvo que en esta ocasión todos terminaron por justificar la desaparición) se veía venir. Al fin y al cabo, desde que nació fue débil. El patrimonio cinematográfico La Compañía de Fomento Cinematográfico es dueña de muy pocas propiedades. Javier Cortázar, actual gerente (e), habla de tres escritorios y dos teléfonos. El Fondo, en cambio, tiene una casa que es sede de la Compañía en el barrio La Merded de Bogotá. También es dueño de la sede de los Estudios Ivo Romani en Medellín, que se entregó como pago de una deuda de la película Rodrigo D. No futuro; cuatro computadores; aparatos de control de taquilla (cuarenta están instalados en salas de cine de Bogotá); diez proyectores (dos de 35 mm, 4 de 16 mm que están en la sede y los demás, también de 35 mm. están en comodato en el Museo de los Niños, el Museo de Arte Moderno de Bogotá y el de Medellín, y en Aracataca). Son suyas las películas (180 están en las bodegas de Focine e incluyen cortos, documentales, largometrajes y dos videos). Pero muchas de las cintas y sus negativos están en el exterior.

Como pago de deudas, según Cortázar, al Fondo le pertenecen un lote en el municipio de Granada (Meta) y otro en Jardines del Recuerdo.

El Fondo apoya anualmente los festivales de cine; para Cartagena destinó, el año pasado, setenta millones y para el anterior, cuarenta. A la Fundación Patrimonio Fílmico destinó cincuenta millones de pesos.

El presupuesto actual de Focine proviene de una partida entregada por el Gobierno Nacional. Javier Cortázar habla de un millón cien mil dólares (alrededor de 800 millones de pesos).

El patrimonio de Focine (datos de noviembre 30 del 92) asciende a 1.967 millones de pesos. Para el Fomento, la Compañía cuenta con 1.505 millones, dinero que era manejado por la Corporación Financiera Popular, pero que pasará al Instituto de Fomento Industrial.

El proceso de liquidación de la Compañía se hará antes del 31 de julio. Liquidar a los 51 empleados de Focine (quince están en el Ministerio de Comunicaciones, desde que las rentas son recibidas por la Administración Nacional de Impuestos) le costará al Estado 230 millones de pesos.

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