UNA VOZ CULTURAL DE 50 AÑOS

UNA VOZ CULTURAL DE 50 AÑOS

El hijo de Luis Hoyos, el notario de Santa Rosa de Osos (Antioquia), y de la modista Olivia Pérez (nacida en Yolombó) está cumpliendo 50 años en la radio. Su voz clara, con esa entonación grave y los apuntes y comentarios sobre los hechos culturales del país y del mundo lo han convertido en uno de los más importantes y respetados periodistas de nuestro país. Bernardo Hoyos Pérez, que nació el 25 de agosto de 1934, se explaya en los relatos y acompaña cada historia con la cita de un libro leído en sus 70 años de vida.

04 de enero 2005 , 12:00 a.m.

El hijo de Luis Hoyos, el notario de Santa Rosa de Osos (Antioquia), y de la modista Olivia Pérez (nacida en Yolombó) está cumpliendo 50 años en la radio. Su voz clara, con esa entonación grave y los apuntes y comentarios sobre los hechos culturales del país y del mundo lo han convertido en uno de los más importantes y respetados periodistas de nuestro país. Bernardo Hoyos Pérez, que nació el 25 de agosto de 1934, se explaya en los relatos y acompaña cada historia con la cita de un libro leído en sus 70 años de vida.

"Mi infancia fue feliz. Soy el menor de cinco hermanos. Con un papá que fue el gran lector de pueblo, sin una inmensa biblioteca, pero que leía en libros prestados", dice y se sirve un sorbo de una cerveza danesa que tiene en el estante detrás de su escritorio, en la HJUT 106,9, la emisora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, de la que es director hace cinco años, pero en la que colabora hace 20.

Y a don Luis le aprendió dos cosas fundamentales: "A leer y a caminar". De doña Olivia siempre admiró la finura y la bella letra. El periodista se deleita con el recuerdo del frío en su pueblo. "Cuando llovía, todo se volvía granizo. Ahora lo asocio con la estepa rusa, donde todo se resbala... el espectáculo es conmovedor. Que bueno patinar, como en el cine!". Bernardo Hoyos se deleita con el detalle y por eso sus amigos, los que tanto le insisten, no entienden por qué todavía no se ha decidido por aventurarse en la literatura.

"De Santa Rosa de Osos son el poeta Porfirio Barba Jacob, el escultor Marco Tobón Mejía, Rogelio Echavarría y el poeta Darío Jaramillo. Es un pueblo de tradición intelectual", apunta sin falsa modestia. En ese lugar, mientras estudiaba y gozaba escuchando música clásica, oficiaba como secretario de su papá, ayudándole a escribir las actas en una vieja máquina. Allí vivió hasta tercero de bachillerato y luego se trasteo a Medellín, a 80 kilómetros del pueblo.

En la Bolivariana, mientras estudiaba derecho, comenzó como locutor a los 20 años. Cuando se retiró el director, Monseñor Félix Henao Botero lo nombró y, para evitar que se negara a aceptar por miedo a descuidar sus estudios, hasta le puso un carro con conductor que lo recogía en su casa y lo trasladaba de un lado a otro para que le rindiera el tiempo. Se ganaba 400 pesos, un gran salario para un hombre que, luego, cuando se graduó y fue juez rural, recibía 670 por su oficio.

"Nunca ejercí el derecho", dice y se refiere a la beca Fullbright, por la que viajó a Estados Unidos y luego recorrió Europa. "Como decía Martha Traba, a mí no me interesaba el Pentágono sino la cultura norteamericana", afirma para referirse a las críticas que su viaje pudo generar entre los que se oponían a cualquier cosa que tuviera que ver con el país del norte.

Pero, por qué esa fascinación con la radio? "La radio es un instrumento inmejorable de comunicación, de entretenimiento, de información y de educación y cultura", apunta y toma la lupa para buscar una nueva cita en alguno de los tantos libros que tiene sobre los anaqueles y en el escritorio de la emisora. "Tengo mis problemas de ojos, pero ya me olvidé de ellos".

El problema surgió en 1966, y le achaca la deficiencia a un pescado que se comió en Yugoslavia. Lo atacó el virus de Harada y se le desprendió la retina mientras andaba de paseo con unas amigas inglesas por la costa adriática. "Estoy bien, porque como dijo San Pablo, nadie será tentado más allá de sus fuerzas".

Para entonces ya había trabajado como publicista en Atlas, en Bogotá, allí conoció a su mejor amigo. Bernardo Ramírez, que luego sería ministro de Comunicaciones y embajador en Inglaterra durante el gobierno de Belisario Betancur. Con él siempre comentó libros y caminó al atardecer de los domingos y sobre él escribió la última semana del 2004 una emotiva columna, con motivo de su muerte, hace dos semanas.

"La muerte de un amigo es parte de la vida de uno que se va. Se va el diálogo. Es un desmoronamiento de la capacidad de evocar. Los amigos son la persistencia de la vida paralela de uno. Un gran amigo no se reconstruye. Claro que mientras se mantenga la familia, uno es capaz de todo. Cuando se desbarate eso, no quiero ni pensar", y se lanza otro sorbo de cerveza.

Hoyos también fue relacionista público de Bavaria y de allí salió para Londres, donde trabajó para la BBC (entre 1971 y 1979). Dirigía la revista International Management y hacía tres programas radiales a la semana: uno de maestros del jazz, otro de músicos latinoamericanos y uno último sobre la música en el cine. Fueron sus años dorados y a los que siempre vuelve en cuerpo y alma para extasiarse.

Allá conoció a su actual esposa, Constanza, que trabajaba en Iberia y con la que tiene un hijo de 23 años, Juan Sebastián, que estudia derecho en Los Andes. Pero el problema de los ojos lo hizo devolverse y llegó a manejar las relaciones públicas del restaurante Bella Epoca, de Ignacio El Loco Jaramillo, el papá de la presentadora Paula y del jugador Lucas.

Su esposa se ocupaba de la administración y él, de hacer que las personalidades llegaran al lugar. En esas lo encontró Fernando Gómez Agudelo, de RTI, y le pareció un desperdició su oficio. Lo llevó a la TV e hizo Palco de honor y luego Esta es su vida, donde tuvo a todos los intelectuales latinoamericanos en entrevistas profundas y humanas.

No se ha vuelto a alejar de la pantalla. Ahora (hace 6 años), junto a Diana Rico, conduce Cine arte, de Caracol. Bernardo Hoyos, el conversador, vuelve a la insistencia de sus amigos para que plasme sus apreciaciones y recuerdos en textos. "Quiero escribir un libro de recuerdos y paisajes de Santa Rosa, pero no soy un Proust...". Entonces, tratando de fijar la mirada en su interlocutor, y como un niño que va a revelar un gran secreto, declama el que, según dice, sería el comienzo de esa obra que espera publicar algún día: "La meseta es ancha y desolada, y si sopla un viento helado por ella, la lluvia puede convertirse en granizo".

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HACE CINCO AÑOS, Bernardo Hoyos dirige la emisora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano; claro que es colaborador de ella desde hace 20 años.

John Wilson Vizcaíno / EL TIEMPO

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