LUZ EN EL TÚNEL

LUZ EN EL TÚNEL

Mientras la violencia y las elecciones en Irak copaban el espectro noticioso, la semana que pasó arrojó, en segundo plano, una serie de hechos que, por primera vez en mucho tiempo, ofrecen razones para creer que el impasse entre Israel y Palestina tiene posibilidades de salir del punto muerto.

31 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Mientras la violencia y las elecciones en Irak copaban el espectro noticioso, la semana que pasó arrojó, en segundo plano, una serie de hechos que, por primera vez en mucho tiempo, ofrecen razones para creer que el impasse entre Israel y Palestina tiene posibilidades de salir del punto muerto.

El sábado, después de un encuentro en Tel Aviv del Ministro de Defensa israelí y el Jefe de la Seguridad palestina, quedó prácticamente asegurada una reunión entre el primer ministro, Ariel Sharon, y el jefe de la Autoridad Palestina (AP), Mahmud Abbas, en la segunda semana de febrero, posiblemente el 8. Ambos no se han visto desde junio del 2003. El anuncio es resultado de una semana que vio disminuir drásticamente la violencia de parte y parte, como no sucedía hace tiempo.

Hace 15 días, Sharon había congelado todo contacto con los palestinos, a raíz de la muerte de seis israelíes en la frontera con Gaza. Sin embargo, el viernes empezó el despliegue de cerca de 3.000 miembros de las fuerzas de seguridad palestinas en el norte de Gaza. Ingentes esfuerzos de Abbas por convencer a los grupos militantes palestinos Hamas, Jihad Islámica, Brigadas de Mártires de Al Aqsa de parar sus acciones contra Israel han producido el cese de los ataques con cohetes contra el vecino asentamiento judío de Sderot, una tregua de facto y negociaciones para hacerla permanente.

Israel, por su parte, siguió con la retirada de sus tropas de Gaza y anunció el cese de operaciones ofensivas contra los palestinos y la próxima transferencia a la AP del control sobre varias ciudades de la Margen Occidental. Sharon saludó el enfoque positivo de Abbas y habló de la posibilidad de un cambio histórico en las relaciones. Shimon Peres dijo en Davos que hay una nueva magia en el proceso. Egipto ha dicho que podría mediar. Condoleeza Rice viene a la región el 6 de febrero.

Todo aún muy frágil. Los palestinos, por ejemplo, vieron con indignación la decisión de Israel de reanudar la construcción del muro divisorio en un sensible sector de la Franja Occidental y el debate sobre la posibilidad de reavivar una ley que permitiría a Israel confiscar tierras en Jerusalén Oriental, que ellos consideran su capital histórica. Pero, por primera vez, cambios de fondo pueden estar insinuándose.

El elemento decisivo es Abbas y su proclamada voluntad de renunciar a la violencia para buscar un arreglo negociado con Israel. Su actitud y su presión sobre los grupos militantes han convencido a Sharon de reunirse con él. Pero quizá más importante es la actitud de Hamas.

Este es el principal grupo de los que han declarado una guerra a muerte a Israel, y el más popular en Palestina, como lo demostró al barrer con 65 por ciento de los votos en las elecciones a diez concejos locales en Gaza (Fatah, con 26 por ciento, lo siguió). Hamas no había participado en elecciones. Reportes de la prensa en la región insinúan que podría estar al borde de aceptar la noción de un Estado palestino en Gaza y la Margen Occidental, con capital en Jerusalén. Y que estaría próximo un acuerdo con Abbas para introducir reformas por las que Hamas viene luchando, como el combate a la corrupción.

Empero, el verbo para aventurar pronósticos sigue siendo el condicional. Sharon parece resistirse a introducir en la agenda cualquier tema distinto a la seguridad y a declarar una tregua formal (exigencia de los grupos militantes); los palestinos quieren hablar de sus 7.000 prisioneros en Israel, de la congelación de toda construcción en territorio ocupado y del muro divisorio y de la reanudación de las negociaciones sobre la Hoja de Ruta, el plan de paz que nunca empezó.

Una autoridad palestina contraria a la violencia y en capacidad de generar cierta confianza en Tel Aviv y Washington, y un eventual giro en la política de una de las alas más importantes y radicales de la Intifada: eso sí podría sentar la base para un cambio de dinámica sobre la base de que Sharon, también, le baje a su fundamentalismo .

Cualquier incidente puede hacer saltar esta frágil tregua por los aires. Pero hace mucho no se presentaban hechos positivos como los de la semana que pasó. La anunciada reunión entre Abbas y Sharon no será una ruptura histórica. Pero, bien manejada, puede ser un paso para poner uno de los conflictos más intratables del mundo en una senda distinta.

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