LA REELECCIÓN ESTÁ PERDIDA

LA REELECCIÓN ESTÁ PERDIDA

Muchos han abusado del poder; algunos escépticos no sabían qué cosa hacer con el poder; otros no tuvieron valor para defenderlo, y muy pocos llegaron al colmo de la insensatez, entregándole el poder al enemigo. Eso fue lo que hizo la mayoría uribista del Congreso, cuando en deplorable jornada puso el poder entero en manos de los vencidos en las urnas. A la izquierda castro-chavista y a los restos del fenecido clientelismo se les ofrendó en bandeja de plata la cabeza del Presidente, como a Herodías el tetrarca de Galilea le regaló la del Bautista. Y fue por la misma causa. Fue cuestión de concupiscencia y de resentimiento.

31 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Muchos han abusado del poder; algunos escépticos no sabían qué cosa hacer con el poder; otros no tuvieron valor para defenderlo, y muy pocos llegaron al colmo de la insensatez, entregándole el poder al enemigo. Eso fue lo que hizo la mayoría uribista del Congreso, cuando en deplorable jornada puso el poder entero en manos de los vencidos en las urnas. A la izquierda castro-chavista y a los restos del fenecido clientelismo se les ofrendó en bandeja de plata la cabeza del Presidente, como a Herodías el tetrarca de Galilea le regaló la del Bautista. Y fue por la misma causa. Fue cuestión de concupiscencia y de resentimiento.

Estamos viviendo una pesadilla, que se volverá verdadera cuando en cinco o seis meses la Corte Constitucional decida, con el voto de Sierra Porto y la inspiración de quienes lo llevaron a la cumbre del poder, gracias a tantas torpezas como las que se sumaron para elegirlo, que la reelección es inconstitucional. Los únicos que no saben lo que se viene encima son el Presidente y la gran mayoría del pueblo. El Presidente, porque cree a pie juntillas que el Procurador pagará con el voto de Sierra en la Corte su venia para reelegirlo. El pueblo, porque como los maridos engañados es el último en descubrir sus desventuras.

Los demás lo saben, y obran de conformidad. Los dueños de la etiqueta marcaria que distinguía al Partido Liberal ya pospusieron su democrática convención para el mes de junio, abriéndole un espacio al obrar en la Corte de Córdoba Triviño y Sierra Porto, que los votos de la ultraizquierda demasiado se sabe cómo llegarán.

Pero previendo alguna demora, nada improbable porque al sobrino del Procurador, aquel Araújo tan sabio y tan prudente, pueda interesarle alguna dilación mayor, ya decidieron que la candidatura se trate en posterior cenáculo, según que la sentencia sea de inconstitucionalidad pura y simple, o que resulte modulada para que Uribe sea el único Presidente no reelegible. Entonces se podría abrir paso la opción de César Gaviria, en medio de la feroz disputa entre Serpa, Gómez Méndez, Peñalosa y Rafael Pardo.

Para esa decisión resultará vital lo que decida el uribismo liberal, que muy a su pesar tendrá que edificar otra estrategia sobre las ruinas de la reelección de su jefe. Y ahí vendría algún candidato de compromiso, como Juan Manuel Santos, o el mismo Gaviria o quién sabe cuál otro de los múltiples pretendientes a la corona. Como van las cosas, quedaría en el aire Germán Vargas Lleras, que con su novel partido le apuesta a la candidatura de Uribe, o a la suya con la bendición de Uribe.

En el Partido Conservador no soplan vientos suaves. Si fuera Uribe el candidato, no tendría dónde perderse, porque como todos los demás sabe que el Presidente barre en las urnas a cualquiera que sea su oponente. Pero si lo de Sierra Porto fuera como lo advertimos, y al votar en su favor el conservatismo se hubiera suicidado, la situación es desesperada. Otro ensayo con el inteligentísimo Juan Camilo Restrepo no sería más feliz que el anterior. Le queda probar con Camilo Gómez, o de una vez con Pastrana. Tal vez sería mejor Restrepo.

La izquierda está en su salsa y en su fiesta. Tendrá para la campaña los petrodólares que necesite. No le hace falta sino otro Garzón y un poco más de desconcierto y de ira en el colombiano medio, para repetir la historia de la Alcaldía en Bogotá o la de Chávez, o la de Lula, o la de Kirchner o la de Tabaré. La mesa está servida.

Viendo al pueblo tan dócil y calmado, camino del sacrificio, nos llegan imborrables recuerdos de la infancia. En el potrero de la más alta cordillera pastaban los normandos. Cara serena, bella, casi alegre, oían impasibles el veredicto: ya están listos. Desde el imponente caballo de paso, casi perdidos en la neblina de la tarde, hacíamos esfuerzos por contener una lágrima. Qué dulce y tierna era la mirada de los novillos cuando empezaban a bajar la cordillera. Ellos también iban para el matadero, sin una queja, ni una palabra de protesta.

flondonohoyos@latinmail.com

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