LA HEROÍNA SE POPULARIZÓ

LA HEROÍNA SE POPULARIZÓ

Estaban desesperados después de tres años de consumir heroína todos los días. Alejandro* y Mónica* tomaron la decisión de amarrarse con cadenas a la cama y evitar a toda costa volver a inyectarse.

26 de julio 2005 , 12:00 a. m.

Estaban desesperados después de tres años de consumir heroína todos los días. Alejandro* y Mónica* tomaron la decisión de amarrarse con cadenas a la cama y evitar a toda costa volver a inyectarse.

Tras dos días de vómito, fiebre, cólicos y un "dolor infernal" en todo el cuerpo, la adicción los doblegó y rompieron los hierros para salir a buscar una dosis que los sacara del suplicio.

A ese extremo llegó hace seis meses esta humilde pareja de escasos 24 y 18 años, respectivamente, que comenzaron a "chutarse con hache" (consumir heroína) por simple experimento.

Pero la curiosidad los llevó al extremo de dejar sus casas, trabajo y estudio; a robar, vender la ropa y vivir en las calles pidiendo para las tres dosis mínimas diarias que ahuyentaran esa terrible sensación de dolor que los cogía a las tres horas de inyectarse.

Ellos son tan solo un ejemplo del fenómeno de consumo creciente de heroína en Medellín, una droga reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la segunda más adictiva.

"Al principio conseguíamos la dosis como a 5 mil pesos en el barrio Antioquia y cuando ya éramos adictos los jíbaros nos la vendían a 20 mil y más, pero como uno ya está amarrad se consigue la plata como sea", cuenta Mónica.

En su afán de conseguir la dosis, los heroinómanos buscan a otros allegados para que prueben y así contribuyen a que se expanda la adicción.

Aunque no existen cifras confiables que revelen la magnitud del problema, solo la Unidad de Toxicología del Hospital Universitario San Vicente de Paúl (Husvp) pasó de atender en el 2002 tres casos de complicaciones por heroína a un promedio de 70 personas por consulta externa o sobredosis en lo que va corrido del año 2005.

El coordinador de la Unidad, Ubier Gómez, explica que el uso de heroína se incrementó desde hace cinco años por los controles de las autoridades a la exportación de la droga, lo que obligó a los traficantes a expenderla en ciudades capitales.

Droga sin estrato.

"Para hacerla rentable a los consumidores de otras drogas, los distribuidores les daban muestras gratis", agrega el coordinador asistencial de la Empresa Social del Estado Carisma, Francisco Sierra.

Tanto Gómez como Sierra coinciden en que hay una clara tendencia al consumo entre universitarios que llegan a prostituirse para conseguir la droga. Además prefieren inhalarla en polvo o en humo, antes que inyectarla; todas formas que generan graves efectos en el cuerpo. Y contrario a la idea de que el consumo de heroína está reservado a personas de altos ingresos, en la medida que crece el número de consumidores son más las calidades, precios y sitios para conseguirla en la ciudad.

"Eso de que solo los ricos la meten es mentira cuenta Mónica, porque uno puede conseguir la gris por 100 mil pesos la dosis, la rosada por 80 mil, la blanca por 40 mil y la café , de peor calidad, a 5 y 10 mil pesos".

Al tiempo, asegura Alejandro que si hace tres años solo se conseguía en el barrio Antioquia y El Poblado, "ahora se compra en Campo Valdés, Manrique, Guayabal, el Centro, Tejelo y Envigado".

El director de la Sijín de la Policía Metropolitana, Manuel Salgado, afirma que solo se han encontrado cocaína y marihuana en esos sitios. Por ahora, Mónica y Alejandro pusieron su voluntad en un tratamiento para controlar la adicción, tras un síndrome de abstinencia de más de dos semanas.

*Nombres cambiados a petición de la fuente.

DEL PLACER AL DOLOR.

Al inhalar o inyectarse la heroína hay una sensación intensa de placer y tranquilidad, por el descenso en la frecuencia respiratoria hasta el sueño.

Pero a las tres horas viene el síndrome de abstinencia: fuertes dolores musculares en brazos y pies, aceleración del ritmo cardíaco, sudoración y fiebre, vómito e insomnio. También existe el riesgo de infección respiratoria al ser inhalada o vascular si se inyecta.

"Hace dos meses un universitario murió por una infección, pues las bacterias de la droga le llegaron al corazón", cuenta el toxicólogo Ubier Gómez.

Además se han vuelto comunes las bolas rápidas , es decir, consumir heroína y luego aspirar cocaína para prolongar el efecto y evitar el sueño. "Tampoco se puede determinar la concentración de heroína en cada dosis, por lo que con la misma cantidad se provoca desde una taquicardia hasta una sobredosis", explica el especialista en farmacodependencia, Francisco Sierra.

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