LA CUEVA DEL INDIO: UNA EXPERIENCIA PARA AFRONTAR RETOS

LA CUEVA DEL INDIO: UNA EXPERIENCIA PARA AFRONTAR RETOS

A tan solo 10 Kilómetros del perfumado y Santandereano San Gil, el turismo de aventura hace el gasto de adrenalina a extranjeros y nacionales. Una de las mayores atracciones es La Cueva del Indio , 1, 5 kilómetros de extensión cuyo recorrido además de ser una aventura es una experiencia empresarial y de vida.

11 de enero 2005 , 12:00 a. m.

A tan solo 10 Kilómetros del perfumado y Santandereano San Gil, el turismo de aventura hace el gasto de adrenalina a extranjeros y nacionales. Una de las mayores atracciones es "La Cueva del Indio", 1, 5 kilómetros de extensión cuyo recorrido además de ser una aventura es una experiencia empresarial y de vida.

Para entrar a la Cueva del Indio es necesario deslizarse por un cable de aproximadamente 80 metros de largo en la cumbre de un precipicio de unos 100 metros. En realidad es más dura la ansiedad y la espera del turno para deslizarse que la dificultad que representa este ejercicio. Muchos creen que se enfrentan a un enorme peligro y a pesar de una buena caminata para llegar al sitio desisten y se llevan tan solo la frustración por algo que ni siquiera iniciaron.

Una vez en la Cueva tienes que pasar por varias cámaras. La primera es la de los murciélagos. En la absoluta oscuridad se oyen sus espeluznantes chillidos . Son animalitos inofensivos, pero el recuerdo aterrador de que son vampiros que chupan la sangre, hace que otros entren en pánico y prefieran devolverse. Solo porque tienen una idea equivocada de los murciélagos sin darse cuenta que a pesar de ser nosotros quienes invadimos su territorio, dejan que apreciemos sus terroríficos pero a la vez hermosos sonidos y aleteos.

Luego de la cámara de los murciélagos, debes pasar por una cámara llena de un fango azufrado y pesado, que es mejor imaginar lo que no es, para luego pasar a una cámara en donde una tibia agua te acaricia y limpia los pies y sientes que estar allí es tu primer triunfo y estás recibiendo ese merecido premio por tu valor y coraje, aún cuando la oscuridad no te permita ni verte los pies ni saber si el agua está limpia. Solo sabes que es reconfortante y eso té vasta.

Pero la alegría dura poco tiempo. Hay que pasar por entre unas piedras lisas y enjabonadas, tratando de no golpearte la cabeza en un espacio de no más de 1 mt de altura. Pareciera que te estuvieran cobrando la gratitud anterior. Debes entonces caminar por entre una banda empedrada de unos 20 centímetros de ancho, esquivando unos acechantez peñascos, arrastrarte por entre un túnel de unos 20 metros. y comerte el polvo antes de la aventura principal. Saltar unos 10 metros y sumergirte en un oscuro pozo de 4metros de profundidad.

La instrucción es la de llegar al borde del precipicio, colocar los pies sobre un estribo y saltar de una sin pensarlo. En la oscuridad total tomar a la derecha y buscar tierra firme.

Una gran cantidad de personas aun cuando en la espera del turno demuestran no tener miedo, algo que no sabemos por la oscuridad, llegado el momento entran en pánico y no saltan. Se pasman se paralizan del susto y bajan por una escalera secreta dispuesta para casos de emergencia. Cuando salté, sentí un hondo vacío y en esa terrible oscuridad una mano que agradecí como si fuera la mano de Dios, me saco de ese chapuzón inolvidable y me ayudó a colocar los pies en lugar seguro. Vuelves a sumergirte en el pozo y aferrado a una cuerda guía nadas 50 metros, para alcanzar la salida de la cueva por entre unas rocas que a estas alturas te parecen un juego de golosa.

La alegría que se siente es total y se comparte con estos compañeros que empiezas apenas a distinguir, pero la frustración de quienes no aceptaron el reto es silenciosa y humillante.

Después de tener la oportunidad de probarte a ti mismo y vencer tus miedos, a fracciones de segundo no lo hiciste. La gente oye las explicaciones de los frustrados pero por consideración y respeto no hace ningún comentario y es este tal vez el mayor latigazo a su indecisión.

Así como la Cueva del Indio son los retos. Siempre cuando se cree uno ganado hay otro mayor. No importa mucho lo que hay al final, lo que nos importa es el desafío y el reto de vencer. Cómo se agradece esa mano auxiliadora cuando se está en el fondo del pozo. Cómo se agradece recorrer esa cueva en compañía de muchos aún cuando solo conocíamos a pocos, pero los apreciamos por afrontar nuestros mismos retos, nuestros mismos temores. Así son las empresas, así es la vida.

Emorales53@hotmail.com

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