LICOR Y DROGA EN UNA MACABRA REUNIÓN DE AMIGOS

LICOR Y DROGA EN UNA MACABRA REUNIÓN DE AMIGOS

El jueves anterior a la una de la mañana, luego de más cinco horas de interrogatorio y cuando Jhon Jairo Salgar Galvis vio su camiseta untada de sangre que le mostró el investigador de la Sijín, supo que estaba en evidencia y que la coartada había sido descubierta.

11 de enero 2005 , 12:00 a.m.

El jueves anterior a la una de la mañana, luego de más cinco horas de interrogatorio y cuando Jhon Jairo Salgar Galvis vio su camiseta untada de sangre que le mostró el investigador de la Sijín, supo que estaba en evidencia y que la coartada había sido descubierta.

Bajó la cabeza y ante la mirada ya agotada de los agentes encargados del caso, empezó a relatar paso a paso cómo ocurrió el atroz crimen que todavía tiene conmocionada a Villavicencio.

Dos días antes, el martes a las siete de la noche, un grupo de seis amigos entre los que estaba Jhon Jairo se reunió en una casa del barrio Antonio Ricaurte para tomarse varias botellas de aguardiente, whisky y 120.000 pesos en coca que habían comprado no lejos de allí.

En medio de chistes y anécdotas se fueron consumiendo la explosiva combinación de sustancias a tal punto que sobre las 4:30 de la madrugada del miércoles, todos estaban en una especie de euforia colectiva matizada por música a todo volumen, gritos y risas exageradas.

"Según dijo Jhon Jairo, hubo un momento en que no se sabe porqué motivo empezaron a discutir acaloradamente y del diálogo se pasó a las groserías y de las palmadas en la espalda a los empellones entre ellos mismos", dijo un investigador de la Sijín que estuvo a cargo del caso.

Al parecer, en ese momento uno de los que departían, Ricardo Manrique Zamora de 25 años, reclamó airadamente a sus compañeros por la pérdida de su billetera, lo que no fue del gusto de Jhon Jairo quien de un momento a otro se paró de su silla, se acercó a él y sin mediar palabra desenfundó su navaja y le cortó el cuello de un tajo.

Ricardo cayó al piso agonizante, pero lejos de encontrar auxilio entre sus amigos, lo que halló fue certeras puñaladas que le propinaron en el pecho Henry Celis Pineda (El Zarco) y José Reinaldo Cardona Cardona (Kiko), otros dos de los que estaban tomando, quienes lo acabaron de rematar.

Asustados, borrachos, sin saber qué hacer y con un cadáver en medio de la sala de la casa, todos empezaron a maquinar la forma de deshacerse del cuerpo. De la mente de Jhon Jairo salió la única idea que a todos convenció: descuartizarlo.

Como poseídos por algún demonio, con cuchillos y machetes que tenían en la vivienda empezaron la minuciosa y macabra labor en el patio de la casa. El cadáver fue dividido en seis partes y empacado en bolsas plásticas de color negro. Luego, con trapos y cepillos, empezaron a lavar cada uno de los rastros de sangre que habían quedado en el piso y en las paredes.

José Reinaldo Cardona Cardona, uno más de los que participó en el crimen, tuvo la idea de pedirle prestado a un amigo, bajo la disculpa de que se iban para un paseo, un jeep. Allí fue empacado el cuerpo desmembrado y puesto en una caja de un equipo de sonido en donde lo llevaron hasta el puente de la quebrada La Honda donde fue lanzado a un basurero cercano, en la vía antigua a Restrepo.

Un reciclador que iba caminando por allí lo descubrió y de inmediato dio aviso a las autoridades quienes a esa hora ya habían recibido el reporte de un muchacho desaparecido por parte de una de sus familiares.

"Ella nos dijo que desde el martes Ricardo se había ido a tomar con un amigo y nos condujo hasta la casa", dijo un agente de la Sijín.

Al primero en identificarse fue Ferney Rodríguez Chacón, quien pronto confesó que efectivamente habían estado tomando trago en una casa de un amigo, pero que unos hombres se habían llevado a Ricardo en una motocicleta.

Con la información y la identificación del cuerpo por parte de los familiares, los investigadores procedieron a allanar la casa donde todavía estaban durmiendo el guayabo tres de los amigos que habían participado en el asesinato.

"Por experiencia sabíamos que teníamos que separarlos para que no alcanzaran a maquinar alguna coartada. Iniciamos el interrogatorio con las pruebas que habíamos encontrado en la casa y en el sitio donde habían abandonado el cuerpo. El resto era paciencia mientras empezaban las contradicciones en sus testimonios", dijo otro de los agentes.

Jhon Jairo quien hasta hace cuatro años, cuando se fugó de la cárcel La Picota de Bogotá, estaba purgando una condena de 26 años por un homicidio en Ibagué, tendrá ahora que responder por un crimen agravado y del cual hasta ahora no se explica las razones para cometerlo.

Tal vez el licor y la droga le hicieron pensar que nada lo iba a relacionar con el crimen, pero ahora, con la mente despejada, no olvidará cuando se quitó la camiseta ensangrentada y la dejó con el resto del cuerpo desmembrado.

Eso fue la que a la postre lo delató, pues sus propios amigos lo describieron con esa ropa y ya no pudo tener ninguna excusa de haber sido uno de los cerebros del crimen.

FOTO/Hernando Herrera Estrada.

Ferney Rodríguez Chacón, Henry Celis Pineda, José Reinaldo Cardona Cardona y Fernando Cardona Cardona, participaron de la reunión.

FOTO.

John Salgar fue el último capturado.

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