LOS DUEÑOS DE EL POBLADO

LOS DUEÑOS DE EL POBLADO

A sus 62 años, Virgelina Castaño evoca el camino de herradura que llevaba a su barrio cuando era niña. Ahora la vía de acceso está pavimentada y sube casi recta por entre las casas de La Chacona.

02 de enero 2005 , 12:00 a.m.

A sus 62 años, Virgelina Castaño evoca el camino de herradura que llevaba a su barrio cuando era niña. Ahora la vía de acceso está pavimentada y sube casi recta por entre las casas de La Chacona.

La costumbre de repartir tierra entre los hijos dio origen, hace años, a barrios como La Chacona y El Chispero, que lucen extraños entre las unidades residenciales cerradas de hoy.

Virgelina es hija de Teófilo Castaño, quien hace 50 años construyó una de las tres fincas que dieron origen al sector ubicado por encima de la actual transversal Superior, cerca a la calle 10. Las otras familias de la zona son los Quintero y los Ruiz, a los que hace 20 años se les sumaron los Ospina.

Las tres casas originales de las fincas aún existen. Junto a ellas los herederos han construido sus propias viviendas, unas 100 en la actualidad, que se ubican a lo largo de la vía. Sólo hay tres o cuatro callejones que comunican las casas más retiradas con la vía principal.

En El Chispero, otro barrio de El Poblado, el apellido es diferente pero la historia es la misma. Allí los González son la familia predominante, hasta el punto que la loma que pasa por uno de sus costados se llama loma de los González.

El barrio tiene varias callejuelas que circundan las aproximadamente 40 viviendas, distribuidas en varias manzanas. La amplitud de las casas permite que en ellas se acomoden entre dos y tres familias.

Llegan las urbanizaciones.

En los alrededores de La Chacona aún se ven zonas verdes, pero las unidades cerradas de nuevas construcciones cada vez ocupan más terrenos. Según Elkin Darío Osorio, presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio, hace unos 15 años empezaron las primeras construcciones.

El barrio de los González, en cambio, ya está totalmente cercado por las urbanizaciones, hasta el punto que para construir la segunda etapa de la Avenida 34 (transversal Intermedia) será preciso tumbar 19 casas. Los habitantes se quejan porque se permitió la construcción de unidades como Malusa, por cuyos predios actuales se hubiera podido trazar la vía sin afectarlos a ellos.

En La Chacona el avance de la ciudad se ha manifestado de forma más sutil. Según Osorio, hace algunos años una firma constructora estuvo ofreciendo dinero a los habitantes de la parte baja, pero ellos pidieron tanto que finalmente los constructores desistieron de la negociación.

A pesar de las diferencias sociales, determinadas porque estos barrios son de estrato dos y las nuevas urbanizaciones son cinco y seis, las relaciones de los habitantes tradicionales con sus nuevos vecinos no son conflictivas, aunque sí distantes.

Sin embargo, en La Chacona existe el temor de que les suban el estrato, y sufren porque son ignorados por el transporte público, pues como sus vecinos se movilizan en carro particular, solo tienen servicio de buses hasta las 7:30 de la noche, hora a partir de la cual tienen que coger taxi para entrar o salir del barrio.

"Nosotras jugábamos con los hijos de los dueños de las fincas cercanas, y algunos de ellos prestaban el carro para llevar a los enfermos al hospital", recuerdan por su parte María Luisa González y su hermana Alicia, dos ancianas que habitan en los González. Ahora, dicen, no se relacionan con los nuevos habitantes, y sienten que las están sacando a ellas y a sus parientes para meter a la gente nueva.

Quebradas y prados.

Virgelina Castaño también tiene recuerdos de su infancia, y se desarrollan en un paisaje que contrasta con la alta urbanización que presenta El Poblado en la actualidad.

"El camino de herradura que llegaba al barrio iba hasta el sector de La Cachucha (donde hoy queda Vizcaya), y yo tenía que bajar por ahí cuando me mandaban a comprar la carne para hacer el almuerzo. En esas me demoraba como 10 minutos", recuerda.

María Luisa y su hermana Alicia, en los González, también recuerdan que iban al parque de El Poblado a comprar el mercado con una cesta sobre la cabeza, que se bañaban en los charcos de la quebrada La Volcana y que iban a la escuela en carro de bestia, cuando la loma de los González era un camino de piedras.

En ese entonces, hace unos 50 ó 60 años, los hombres de La Chacona y El Chispero se dedicaban a trabajos de construcción, mientras que las mujeres eran amas de casa. Ahora en La Chacona hay ingenieros, secretarias y administradores comerciales, mientras que en El Chispero hay comerciantes, modistas y mecánicos. Por supuesto su nuevo entorno no les permite bañarse en quebradas ya canalizadas, y mucho menos recrearse en mangas de fincas que ya no existen.

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