CRESCENCIO VIVE

CRESCENCIO VIVE

Crescencio Salcedo fue pueblo, por su obra, por su forma de ser. Su historia no es ajena a la música porque se ha vivido y se sigue viviendo en decenas de compositores. Andariego solitario, con su única compañía del sonido dulce de su flauta de millo, la mochila de fique y su sombrero sabanero. Así, sin más, recorría las calles con sus pies descalzos y el mundo con sus canciones.

09 de julio 1993 , 12:00 a.m.

Nació y murió sin un centavo, casi viviendo de la limosnas. Pero nunca fue pobre porque por dentro siempre llevó ese espíritu pueblerino que le decía que las cosas importantes de la vida eran otras: las canciones cantara quien las cantara, los amigos, las mujeres...

Con la filosofía natural que se maneja en los pueblos caribeños (nació en Palomino, Bolívar) Crescencio Salcedo se sentaba unos minutos para componer canciones para toda la vida. Letras como La múcura está en suelo, mamá no puedo con ella. O Yo no olvido el año, viejo porque me ha dejao cosas muy buenas...me dejó una chiva, una burra negra, una yegua blanca y una buena suegra...O canciones como Suena el tambor, El carpiño colorado, Santa Marta tiene tren.

Esa gloria no le sirvió para conseguir casa, pero sí para tener las llaves de la ciudad. Las múltiples condecoraciones que a última hora recibió no pudieron ser colgadas porque crescencio no tenía paredes. Solo una cama, vieja, acabada, donde terminó sus canciones una madrugada de 1976 en Medellín. Al día siguiente el gobierno se acordó de él: entierro con honores.

Trágica, pero real y lo que es peor, vigente. A esta historia se la juega el teatro Libre. Se arriesgó a contar la vida de Crescencio Salcedo, y por ende, la de la música colombiana.

Crescencio Salcedo, la leyenda y la música es un experimento sin mayores pretensiones. Así lo definen sus propios creadores. Pero el resultado es un montaje que toca las fibras del espectador. Por la misma historia cruel y por la manera de contarla.

Desde su nacimiento, entre leyendas indígenas y la mano campesina del negro. En medio de sonidos de la naturaleza rica de la región, del ambiente fiestero de sus habitantes.

Así crece Crescencio, escuchando al tiempo coplas noticiosas y humorísticas. Así va moldeando su oído para convertirlo con el tiempo en el más fino imitador de cuanto sucedía a su alrededor.

Cuando en el escenario se presenta el velorio de un niño muerto rodeado de cánticos tristes, aparece él con esa forma especial de mirar el mundo y convierte el lamento en una canción con ritmo de espanto: La múcura.

Crescencio no se inventó esa canción. Solo la recogió y la volvió poesía popular. Yo no soy creador de nada. Yo copio las cosas de la vida, que están ya ahí , dijo un año antes de morirse el compositor.

El montaje del Libre, recoge también el momento en que llega a las ciudades grandes en donde la música autóctona era discriminada y en los clubes elegantes solo se escuchaban valses.

Pasa por la aparición fantasmal de quienes se declaran benefactores de la música, para explotar a compositores incautos: le cambian La múcura por un plátano.

Los discos vuelan por el escenario de la misma forma como sus canciones cruzaron los oceános grabados por cientos de músicos en forma diiferentes. Pero siempre él en el centro del moviminto, sin que nada le quedara finalmente.

El montaje sigue la pista triste del compositor hasta sus últimos momentos cuando gana diez mil pesos en un concurso de composiciones sobre Medellín.

Su enfermedad que lo deja casi inmóvil, su dignidad para jamás pedir limosnas (vendía flautas), su muerte. Al final queda un sabor triste.

Aunque falta pulirla en algunas cosas, Crescencio, la leyenda y la música es una valedera intención del teatro Libre.

El comentarista musical César Pagano describe bien este montaje: Me gustó porque hay partes que me emocionan, y porque en esencia plantea el problema de los músicos colombianos .

Crescencio 1993 Los actores son Ramsés Ramos, Carlos Ernesto Benjumea, Marcela Benjumea, María del Pilar Díaz, Ricardo de los ríos, Sonia Estrada, Elvira Gutiérrez, Luis Alberto López, Carlota Llano, Carmiña Martínez, Fernando Pautt, José Ignacio Rincón y Leonardo Zossi.

Los músicos (en vivo) Gustavo García, Arnoldo Rodríguez, Efraín Zagarra, Carlos Zagarra, Luis Pacheco, Gilbert Martínez, Gustavo Martínez.

El resto del equipo Armando Múnera (concepto y texto), Ricardo Camacho (concepto y dirección), Gustavo garcía (música), Claudia Yepes (preparación musical), Katy Chamarro (coreografía).

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