URIBE: INVENCIBLE

URIBE: INVENCIBLE

Sorprende la cantidad de opiniones que, en los primeros trece días del 2005, ponen en duda el gran dogma político del 2004: que la candidatura del presidente Alvaro Uribe es imbatible. Su popularidad -se volvió a trepar en diciembre a 77 por ciento-, su capacidad de comunicación con las bases y la atomización de sus rivales potenciales lo convertían en una especie de apuesta fija.

13 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Sorprende la cantidad de opiniones que, en los primeros trece días del 2005, ponen en duda el gran dogma político del 2004: que la candidatura del presidente Alvaro Uribe es imbatible. Su popularidad -se volvió a trepar en diciembre a 77 por ciento-, su capacidad de comunicación con las bases y la atomización de sus rivales potenciales lo convertían en una especie de apuesta fija.

Pero, al terminar las cabañuelas de enero, todo indica que el camino no está tan despejado. La respetada periodista Maria Anastasia O Grady, en The Wall Street Journal, lanzó una primera voz de alerta. En una columna reciente, esta vocera del pensamiento neoconservador y evidente admiradora de Uribe afirma que la reelección estaría en peligro si la economía no mejora. En especial, si no aumenta el crecimiento del PIB. Sostiene que los colombianos ya están habituados a los enormes avances logrados en materia de seguridad y que buscarán en el 2006 un presidente para otra tarea: mejorar las condiciones de su bolsillo.

El ex presidente Alfonso López Michelsen tampoco da como un hecho el continuismo de Uribe después del 2006, y en su primera columna del año fue mucho más claro, en cuanto a su posición sobre la reelección, de lo que había sido durante los ocho debates que concluyeron con la reforma constitucional. López le había hecho el quite al espinoso tema con la propuesta de establecer un sistema parlamentario para que los jefes de gobierno puedan permanecer en el poder mientras tengan mayorías en el Congreso. Ahora cuestiona la constitucionalidad del acto legislativo que permite la reelección e, incluso, plantea que la Corte pueda evaluar su fondo y no se limite a revisar si se cumplieron los procedimientos en forma correcta, para revisar si aspectos claves de la Carta Política -como la igualdad de derechos- se vulneran con la participación del actual mandatario en la próxima campaña. Sobra decir que si la Corte acoge esta tesis, o simplemente tumba la reelección por vicios de forma (el senador Darío Martínez dice que hay 17), el Presidente no podría seguir en el periodo 2006-2010.

Algunos rivales de Uribe creen que se puede armar una candidatura fuerte contra el hasta ahora campeón de las encuestas. El ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus afirmó en entrevista para El Nuevo Siglo que aquel es vulnerable, con la siguiente tesis: en los primeros dos años, el Gobierno ha estado girando contra la chequera que le dejó su antecesor, Andrés Pastrana, y mantiene su popularidad gracias al contraste. Pero "ahora se van a dar cuenta de la limitación del modelo demasiado centrado en el tema represivo (...), demasiado abierto a negociaciones privadas, que en Colombia son problemáticas".

En el Partido Liberal también hay movimiento, obviamente con la convicción de que puede aspirar a volver a la Casa de Nariño. Los acercamientos promovidos por el nuevo presidente de la DNL, Juan Fernando Cristo, dibujan un panorama que, si se concreta, le aseguraría al menos un protagonismo a esta vieja colectividad en la muy cambiada política nacional. Se escogería un candidato por consulta popular, con la garantía de un jefe único del peso de César Gaviria u Horacio Serpa, y con participación de algunos sectores del uribismo (el grupo que lidera en la Cámara Zulema Jattin, eventualmente el senador Rafael Pardo) e independientes como Enrique Peñalosa. Quien, según Semana, sería el más probable candidato (aunque deberá derrotar a Alfonso Gómez Méndez, Rodrigo Rivera, Cecilia López... y faltan datos de otros municipios). Una carta de Cristo no es nada despreciable: buscar la unidad en torno a las listas para el Congreso y no de acuerdos sobre candidaturas presidenciales.

Esta posibilidad de unión, con todo y sus evidentes problemas, parece más factible. Sobre todo, a la luz de las nuevas reglas de juego, que favorecen la creación de partidos y, en consecuencia, les generan a algunos congresistas uribistas la necesidad -o, al menos, el incentivo- de volver a las toldas oficialistas para contar con el aval que exige la ley.

Reglas, además, que implican otro escollo para la candidatura de Uribe, por más popular que sea, pues lo obligan a pensar en esquemas políticos, alianzas y proyectos colectivos. Y en esa materia al Presidente no le gusta ninguna de las dos alternativas visibles: ni la candidatura oficial liberal, ni la creación del famoso partido uribista.

rodpar@eltiempo.com.co

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