UNA SERIE DE DIVERTIDAS DESDICHAS

UNA SERIE DE DIVERTIDAS DESDICHAS

El reinado absoluto de Harry Potter en materia de libros para niños -aunque en realidad es un fenómeno para todos los públicos- sigue incólume. Sin embargo, en los últimos años, ha ido cogiendo fuerza un autor que amenaza con convertirse en un fenómeno similar: Lemony Snicket. De hecho, Una serie de catastróficas desdichas fue el primero en desbancar al personaje de J.K. Rowling del primer lugar de ventas de libros para niños.

14 de enero 2005 , 12:00 a.m.

El reinado absoluto de Harry Potter en materia de libros para niños -aunque en realidad es un fenómeno para todos los públicos- sigue incólume. Sin embargo, en los últimos años, ha ido cogiendo fuerza un autor que amenaza con convertirse en un fenómeno similar: Lemony Snicket. De hecho, Una serie de catastróficas desdichas fue el primero en desbancar al personaje de J.K. Rowling del primer lugar de ventas de libros para niños.

Pero Lemony Snicket no existe realmente. Es el alter ego del escritor Daniel Handler, el genio detrás de esta serie de 11 libros (de los cuales se consiguen cinco en español) que ha vendido más de 50 millones de copias en Estados Unidos.

Es la historia de los tres hermanos Baudelaire, Violet, Klaus y Sunny, que después de quedar huérfanos comienzan un triste y vertiginoso peregrinaje en procura de un tutor que los cuide hasta cuando lleguen a su mayoría de edad y puedan administrar la herencia que les dejaron sus padres.

La primera novela, Un mal comienzo, cuenta cómo los hermanos Baudelaire pierden a sus padres en un pavoroso incendio y quedan a cargo de su familiar más cercano, el perverso y torpe Conde Olaf, quien acepta encargarse de ellos con la secreta intención de apoderarse de su herencia. Con lo que no cuenta es con que los hermanos no son unos niños comunes y corrientes.

Violet, de 14 años, es una inquieta inventora, con una habilidad parecida a la de McGiver. Klaus, el mediano, es algo así como Funes el Memorioso, un lector voraz que puede citar rápidamente cualquiera de los libros que ha leído. Sunny, de 1 año, habla un idioma extraño que solo comprenden sus hermanos. Además, adora morder todo.

Este argumento aparentemente sencillo y, en el fondo, nada original, fue la génesis del fenómeno. Su autor, que en el pasado había escrito dos novelas para adultos, The basic eight y Watch your mouth, no tenía mucha fe en su proyecto. Fue su agente literario el que lo convenció de escribir novelas para jóvenes, aunque "nunca creímos que fuesen a publicar más de dos libros de la serie", dijo Handler en una entrevista.

Pero se equivocó. Este autor estadounidense, nacido en San Francisco en 1970, encontró que no solo los finales felices venden. Los Baudelaire se la pasan metidos en problemas y hasta el momento no han tenido ningún reposo, aunque esto no quiere decir que sean textos trágicos. Handler recurre al humor negro y a un ritmo trepidante para reivindicar a sus héroes. Por su estilo, algunos lo comparan con Roald Dahl (Charlie y la fábrica de chocolates).

El éxito de las novelas de Lemony Snicket, quien no solo figura como el autor del libro sino que es también un personaje dentro de la historia, hizo que Hollywood rápidamente comprara los derechos de la saga. Así nació Una serie de catastróficas desdichas, película que cuenta en los papeles protagónicos con Jim Carrey y Meryl Streep además de Jude Law, quien presta su voz para el narrador, Lemony Snicket. Una superproducción que en su semana de lanzamiento llegó al número uno de taquilla en Estados Unidos.

Carrey se luce en su personificación del Conde Olaf, un malvado que como el coyote de la tira cómica El Correcaminos, siempre pierde, no importa el derroche de ingenio. Su transformación física es impresionante. La película, dirigida por Brad Silberling, es un resumen de los tres primeros libros: Un mal comienzo, La habitación de los reptiles y El ventanal y tiene, como era de esperare, una buena cantidad de efectos especiales.

El rey de la sobreactuación.

El actor canadiense Jim Carrey carga sobre sus hombros la imagen de un cómico de movimientos exagerados y gestos, por definirlos de alguna manera, coprológicos. Fruto de su papel como el experto buscador de animales Ace Ventura.

Pero Carrey es en realidad un gran actor, al que le ha costado mucho hacer el tránsito hacia el drama, en parte porque no lo toman en serio. Sin embargo, su papel de The Truman Show, mucho antes de que se pusieran de moda los realities, su versión del cómico Andy Kaufman en Man in the Moon, o la más reciente en Eterno resplandor estuvieron a la altura de un premio Oscar. Es cierto que su parte cómica se impone, pero sus gestos desaforados, cuando el guión los justifica, resultan agradables como ocurrió en La máscara y ahora en Una serie de catastróficas desdichas.

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