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TRÁNSITO AGRIDULCE

TRÁNSITO AGRIDULCE

Inaugurado el segundo período del presidente Bush es posible apreciar que la prioridad se orienta a lo que han denominado guerra contra el terrorismo , la que ya no solo se dirigirá contra estados-naciones. Se tendrá como contraparte cualquier amenaza sin que sea indispensable que esta coincida con un territorio. Se la enfrentará, incluso preventivamente, combatiéndola en donde se encuentre, cualquiera sea su naturaleza: redes, tribus, sectas y países que las alberguen.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
09 de febrero 2005 , 12:00 a. m.

Inaugurado el segundo período del presidente Bush es posible apreciar que la prioridad se orienta a lo que han denominado "guerra contra el terrorismo", la que ya no solo se dirigirá contra estados-naciones. Se tendrá como contraparte cualquier amenaza sin que sea indispensable que esta coincida con un territorio. Se la enfrentará, incluso preventivamente, combatiéndola en donde se encuentre, cualquiera sea su naturaleza: redes, tribus, sectas y países que las alberguen.

Se pretende una nueva "liberación", que no cruzada, cuyo norte es imponer a todos, los modelos de sociedad, libertad y democracia vigentes en occidente.

Asuntos de vital importancia para países como el nuestro pasan a segundo plano. Veamos lo que se inició con gran entusiasmo en la cumbre de Miami en 1994, para la integración del continente desde Canadá hasta Tierra del Fuego, perdió prelación en las agendas públicas, para quedar en los acuerdos bilaterales de "libre" comercio.

Esta iniciativa de homogeneizar al mundo, a través del intercambio de productos, impone el reto de "domesticar el capitalismo sin fronteras" para evitar que las sociedades continúen en la dolorosa estratificación en que se encuentran. El inequitativo desarrollo económico, hoy vigente, debe "balancear sus consecuencias destructivas" para revertir el empobrecimiento en que se encuentran regiones e incluso continentes enteros. Así lo reclaman reconocidos pensadores europeos.

Nuestro país inmerso en esa dinámica integradora ha contado con un equipo que desde el año pasado negocia un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos y hasta ahora no han logrado avanzar sustancialmente, por efecto del debate electoral que culminó en noviembre. Por ello la reunión de Cartagena que hoy se instala, y la última, prevista para el final del invierno en Washington, serán las concluyentes.

Esta negociación se dividirá en dos: una mesa para acordar un texto, conducida multilateralmente en la que, seguramente, los cuatro países acudirán con posiciones unificadas. Y otra que discutirá de manera individual una lista de productos, en la que aparecerán los "sensibles", entre otros: maíz, arroz, fríjol, oleaginosas y azúcar.

Sobre estos últimos nada se negociará en Cartagena. Sólo habrá "lluvia de ideas" y su concertación final se dejará para la reunión en el Distrito de Columbia.

En este punto de la negociación del TLC es fundamental que sus responsables directos consideren el tamaño de algunas bancadas regionales, las que se unificarán en la protección de los empleos y del desarrollo regional que generan las agroindustrias que han logrado establecer "zonas agrícolas especializadas" como es la que se extiende por el valle hidrográfico del río Cauca.

La industria azucarera genera treinta mil empleos directos y contribuye con sus impuestos al sostenimiento de treinta y dos municipios ubicados en los departamentos de Cauca, Risaralda y el Valle; exporta la mitad de su producción y sería de las pocas, que de inmediato podría atender una mayor demanda externa.

Estados Unidos protege el azúcar. Por ello la excluyó en los acuerdos suscritos con Australia, México y República Dominicana y cualquier distorsión en ese mercado la tramitan ante la OMC. Pero demandan acceso para el jarabe de maíz, producto cuyo bajo precio amenaza la estabilidad social de la zona azucarera, industria para la que no se pide protección alguna. Sólo que la dejen competir plenamente, lo que supone que de admitir el jarabe de maíz, debe abrirse plenamente el mercado del norte para el azúcar (hoy sometido a irrisorias cuotas), para el alcohol carburante y para dulces.

Así las cosas, la defensa de los ingresos de miles de familias del sur occidente colombiano, de los productores afiliados a Acopi, y de los muchos que no han sido escuchados en las mesas ni en los "cuartos de al lado" encontraran respaldo y su causa será aglutinante en el Congreso Nacional. Por ello se recomienda a los negociadores que procedan con esta perspectiva. Así evitarán, en el trámite de ratificación, un tránsito agridulce.

FOTO: César Negret Mosquera Representante a la cámara

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