UN HÉROE DE LA CALLE

UN HÉROE DE LA CALLE

Historias como esta, muy pocas. Y más si sus protagonistas son de carne y hueso y ciudadanos comunes y corrientes. En este caso, un indigente y una adolescente. Ocurrió en Bogotá el 30 de diciembre, durante el último aguacero, con memorable granizada, del 2004. Una joven de 17 años, Diana Maldonado, que se acababa de bajar de una buseta, mientras se despedía de una amiga dio un paso atrás y en lugar de pisar en firme se fue por entre el hueco de una alcantarilla, cuya tapa se la habían robado.

15 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Historias como esta, muy pocas. Y más si sus protagonistas son de carne y hueso y ciudadanos comunes y corrientes. En este caso, un indigente y una adolescente. Ocurrió en Bogotá el 30 de diciembre, durante el último aguacero, con memorable granizada, del 2004. Una joven de 17 años, Diana Maldonado, que se acababa de bajar de una buseta, mientras se despedía de una amiga dio un paso atrás y en lugar de pisar en firme se fue por entre el hueco de una alcantarilla, cuya tapa se la habían robado.

Diana sintió que sus días terminarían allí, arrastrada por las aguas del colector y en riesgo inminente de ahogarse. Pero Javier Mauricio Molina, un indigente paisa que desde hace años habita en las calles de la ciudad y que se protegía del aguacero en el paradero de la 10a. con 10a., presenció la caída de "la mona" y sin pensarlo dos veces se echó al agua, la siguió, alcantarilla por alcantarilla, hasta que pudo alcanzarla y rescatarla, sana y salva.

En razón de su hazaña, Molina ha pasado a ser un héroe de nuestras calles. Y así como hay que exaltar su heroísmo, es preciso exigir a las autoridades que persigan sin contemplación a las mafias que viven de las tapas de las alcantarillas,ácuya acción vandálica ha causado pérdidas a la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), en los últimos cuatro años, por más de 5.000 millones de pesos.

Frenar este desangre es tan importante como reponer las tapas robadas con la mayor prontitud posible, para que no sigan proliferando las trampas en que se convierten las alcantarillas poráculpa de los ladrones. El Estado no puede evadir su responsabilidad de proteger a los ciudadanos y velar por que no se repitan episodios como el que aquí contamos.áNo siempre hay a la mano un Javier Mauricio que pueda llegar a tiempo para rescatar a la víctima. Es impresionante la cantidad de alcantarillas abiertas a lo largo y ancho de Bogotá, a la espera de que en ellas caigan desprevenidos transeúntes como Diana, que para su fortuna encontró un salvador.

editorial@eltiempo.com.co

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