EN EL CUARTO DE AL LADO

EN EL CUARTO DE AL LADO

Sí. Estuve en el cuarto de al lado. Fui a Tucson (Arizona) a ver cómo se negociaba el futuro del país. Mi aventura empezó al llegar a Atlanta. El circunspecto Míster Rodríguez, con un acento entre mexicano y gringo, inició el interrogatorio de siempre.

15 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Sí. Estuve en el cuarto de al lado. Fui a Tucson (Arizona) a ver cómo se negociaba el futuro del país. Mi aventura empezó al llegar a Atlanta. El circunspecto Míster Rodríguez, con un acento entre mexicano y gringo, inició el interrogatorio de siempre.

qué viene?.

A la negociación del TLC (mirada de sorpresa). The Free Trade Agreement between the United States and the Andean Countries , saqué a relucir mi mejor inglés, como para que no quedaran dudas. Otra mirada de perplejidad.

usted pagó algo por estar aquí?.

Quise responderle que no, que lo íbamos a pagar en el próximo futuro. Me quedé simplemente en el no. Le dije, además, que venía en un avión en el que cerca de la mitad de los pasajeros tenía el mismo propósito. Era cierto. Con las más insólitas conexiones, desde Atlanta, Miami, Houston, New York y Salt Lake City, fuimos todos a cumplir la cita. Unos a negociar, los funcionarios. Otros, a defender los intereses que nos habían sido encomendados, los del cuarto de al lado. Otros, simplemente a mirar.

Huellas, foto. El hombre me mira, titubea y por fin el ansiado sonido de los sellos de caucho al descargarse sobre el pasaporte y el I-94, y a buscar las maletas.

Centro de Convenciones de Tucson. Los infaltables cactus gigantes que forman parte del decorado de la zona. El cuarto de al lado, ese al que casi doscientos colombianos nos habíamos inscrito, estaba allí en medio de uno de esos galpones. En las mañanas, la competencia empezaba entre casi cien personas luchando por tres computadores disponibles, tratando de leer su correo, mirar la prensa local la nuestra y chequear temas de la oficina. Los grupos se iban acomodando, generalmente por intereses. Por allí los del sector agrícola, por allá los de textiles y confecciones; en otras mesas se sentaban los que representaban a diversos sectores especializados de la economía colombiana; uno que otro nuevo en estas lides, que no acertaba a encontrar la mesa adecuada. En la primera mañana pocos se percataron de que alguien en Tucson sí se había enterado de la tal reunión. Un grupo de unos veinte activistas de izquierda, con música, disfraces y carteles, denunciaba el tratado y los gobiernos de la región. Un grupo mayor de policías en bicicleta y moto rodeaba la lánguida manifestación.

El grupo reunido en Tucson era bastante diverso y a lo largo de la semana se iba ampliando según cómo estaba organizado el cronograma de la negociación. El cuarto de al lado refleja lógicas estratificaciones. Gremios empresariales de primera y de segunda, organizaciones civiles, universidades, gobiernos locales, en fin. Cada uno juega su papel en la negociación y puede interactuar en diferentes niveles y de distintos modos con los perseguidos miembros del equipo negociador.

En primer lugar, hay que hablar de los gremios en los que se mueven los intereses de loscacaosi . Son los convidados de primera. Se alojan en el mismo hotel del equipo negociador, hablan con todos, asumen actitudes patriarcales, dan palmaditas en la espalda y con dificultad tratan de transmitir señales con respecto a que el interés en juego es el común. Son bocado apetecible, pero de difícil acceso, para la prensa. Hablan el mismo lenguaje de los comunicados oficiales.

En otro nivel se ubican los representantes de los gremios especializados. Tienen intereses muy específicos en la negociación y deben estar en contacto con los del primer nivel para evitar que sus intereses se encuentren. Generalmente van acompañados por sustécnicosi , que manejan a la perfección la jerga de la negociación, hablan de medidas de disconformidad, dey desaben de memoria las cifras del comercio de sus productos y recitan sin titubear las partidas arancelarias y sus descripciones. Ah, y además conocen muy bien las cifras de los gringos y pueden dar evidencia empírica a los argumentos deasimetríai , eufemismo para decir que nos pusieron a pelear con uno demasiado grande.

Caso aparte lo constituye el sector agropecuario. Está en el primer nivel, pero tiene además muchísimos intereses particulares subsectoriales suena más elegante que defender frente a los gringos y frente a los cacaos. Que el maíz, que la palma africana, que el arroz, que los cuartos traseros de pollo, que el algodón, que la soya, en fin. Estos dos grupos suelen estar ansiosos de hablar con la prensa, en busca de que algún titular de EL TIEMPO logre llamar la atención de los negociadores o del Gobierno sobre sus intereses. Por esta razón son objeto de regaños desde el primer nivel o desde el equipo negociador. Suelen hablar con la prensa un poco alejados de su mirada escrutadora.

Mucho consultor anda suelto en estos terrenos. Nombres pomposos y una evidente parafernalia suelen acompañar su aparición. Las Mujeres de Negro y sus laptops irrumpen en la mañana del galpón. Cuando comienzan losde profundizaciónse ubican estratégicamente, teclean sin cesar e inundan la sala de preguntas inteligentes. Muchos son viejos zorros en el mundo del comercio internacional y conocen todas las trampas y la letra menuda de los tratados y son oráculos para todos los presentes. Otros llevan una tarea concreta: defender una causa perdida, evitar que las universidades gringas se coman el mercado, exigir que a esta u otra actividad la exceptúen en algún artículo del tratado, que se proteja la cultura, que se garantice que los creadores nuestros saldrán indemnes, que se escuche a una que otra región. Y los interesados en losproyectos de cooperacióni que surgen para mitigar los efectos del tratado y dispuestos a pegar primero con sus propuestas. Muchos otros simplemente pasan temprano en la mañana, miran y salen de compras.

El centenar o más de funcionarios del Gobierno constituye otro grupo caracterizado. Suele ser invisible, con la excepción de los voceros de los temas. Son generalmente jóvenes profesionales, cargados de diplomas e idiomas. El jefe de la negociación, un hombre accesible y capaz de responder adecuadamente a cualquier inquietud, pero que no se sale de su libreto. Es su tarea. Un Ministro que hace esporádicas apariciones, paladea a los congresistas y está atento a ser abordado por cualquiera de nosotros. Si alguien logra hablar a solas con él, es observado con recelo. Y la sonrisa con que suelen llegar después del abordaje, presumo que incrementa la antipatía de los otros. Qué le diría?.

Hay que hablar de la prensa. No tenía cuarto de al lado. Era triste verlos escribiendo sus notas en un oscuro rincón del centro de convenciones. Terminaron apoderados, con algunos de nosotros, del cuarto de al lado de los gringos, el que siempre estuvo vacío. Su única oportunidad de generar algo para un titular de su medio era estar de cacería en las noches para tratar de que algún aventurado dirigente gremial dijese una frase atractiva, diferente a las típicasronda ha sido muy fructíferaestrategia negociadora está dando resultadosque salen de las voces de los funcionarios.usadade los medicamentoslas franjas de precios?y cosas similares son temas que venden para romper la monotonía de los comunicados oficiales. Había otro cuarto de al lado. El de los congresistas. Tienen que hacerse ver. Pasan por aquí y por allá. Todos los temas les interesan. Reparten tarjetas. Prometen debates. Y a veces preguntan.

El momento máximo de esos seis días de negociaciones se daba en las noches: 7:15 p.m. Informe del Equipo Negociador. En la puerta de entrada al salón veíamos al centenar de funcionarios públicos que atendía las últimas instrucciones de sus jefes. Sus sillas, aún calientes, eran ocupadas por nosotros. Allí pasaba cada uno de los funcionarios responsables de algún tema a recitar su libreto. Y arrancaba la sesión de preguntas inteligentes y de vez en cuando algún osado que recriminaba. Cada uno de nosotros buscaba el momento oportuno para preguntar sobre su tema de interés, aunque casi todos sabíamos en qué iban las cosas. Los chismes corrían a lo largo del día. Pero había que justificar la presencia allí, si no a qué vine? Las sesiones estaban dominadas por los que siempre preguntaban: un acucioso abogado que velaba por la integridad jurídica de la Comunidad Andina; técnicos gremiales que siempre preparaban preguntas complejas para hacer visibles sus conocimientos y darles cartilla a los funcionarios. Las Mujeres de Negro. Tal cual dirigente preocupado por la producción limpia y que nunca encontraba respuesta. Ah, y los que vinieron a mirar, que se asomaban a la puerta y no se atrevían a entrar. Volvían a salir de compras? Y los cacaos y sus representantes, siempre en silencio. Ya todo lo sabían.

* Economista. Consultor especializado en industria editorial. Miembro del Comité Coordinador de la Coalición Colombiana para la Diversidad Cultural.

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