UN CHÁVEZ ENVALENTONADO

UN CHÁVEZ ENVALENTONADO

Que un periódico tan independiente como The Washington Post (sí, el mismo que en su momento tumbó a todo un presidente como Nixon y que en las últimas elecciones presidenciales recomendó votar por Kerry y no por Bush) diga que Venezuela se ha convertido en santuario de la guerrilla no es una afirmación gratuita.

16 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Que un periódico tan independiente como The Washington Post (sí, el mismo que en su momento tumbó a todo un presidente como Nixon y que en las últimas elecciones presidenciales recomendó votar por Kerry y no por Bush) diga que Venezuela se ha convertido en santuario de la guerrilla no es una afirmación gratuita.

El diario critica la actitud del gobierno de Hugo Chávez frente al caso Granda y señala que hechos como este hacen parte de una serie de preocupantes pasos tomados recientemente y que han sido ignorados por la comunidad internacional. Como multar o cerrar a medios de comunicación que "ofendan el orden público", entre otros.

Es posible, en efecto, que Colombia no hubiera obrado exactamente de la manera más ortodoxa en relación con la captura del famoso "canciller" de las Farc y que inclusive -en opinión de varios analistas- pudiera haberse brincado el derecho internacional. Aunque en esta materia tampoco conviene presumir de rigurosamente legalistas, cuando otras democracias, comenzando por Estados Unidos e Israel, no dudan un instante en capturar a quienes han obrado como criminales, estén donde estén.

De acuerdo: si algo ha caracterizado a nuestra política exterior no es solo la prudencia en el manejo de sus conflictos internacionales sino, generalmente, un buen manejo diplomático para sortear situaciones, así no siempre haya resultado exitoso. Y de ello al "bienvenidos los cazarrecompensas" del vicepresidente Santos,á hay más de un simple escalón. De paso, con una Comisión Asesora de Relaciones Exteriores desentendida y marginada por completo del asunto.

Sin embargo, por osada que fuera la conducta frente al manejo de Rodrigo Granda, lo que ya casi no se discute es la alcahuetería de las autoridades venezolanas con la guerrilla colombiana. No es sino recordar el episodio de José María Ballestas, el guerrillero del Eln que en abril de 1999 lideró el secuestro de un Fokker de Avianca con 46 pasajeros a bordo y que la hermana República demoró nueve meses en deportar, sin importarle los requerimientos formales de extradición y que se trataba de un delincuente inocultable.

Sé que fueron innumerables las gestiones que hizo el entonces ministro del Interior, Luis Miquilena -paradójicamente hoy distanciado de Chávez cuando actuó como uno de los grandes cerebros de su primera candidatura-, para procurar por distintas vías que Ballestas no saliera de Venezuela, a pesar de sus antecedentes y de su indisimulable acto de piratería aérea.

Ahora ocurre lo mismo. La bravuconada del jefe del Estado venezolano se explica porque, pese a los métodos para muchos cuestionables mediante los cuales finalmente fue cogido, Granda era otro individuo que gozaba de la protecciónádirecta o indirecta del desafiante -por no decir peligroso- señor Chávez. Cuántos más Ballestas y Grandas habrá?.

* * * * *.

Venezuela exige ahora que se le presenten disculpas y, mientras esto no se haga, rompe las relaciones comerciales y el gobernante retira a su embajador en Bogotá. Eso, desde luego, es grave. Constituye una situación que más les vale al presidente Uribe y a su Canciller manejar con cabeza fría.

Como decía Alfredo Rangel en su última columna, "el aplauso interno no se debe lograr a costa del aislamiento y la protesta internacional". Y menos aún cuando Uribe se dispone a desplazarse a Europa en febrero y un alto funcionario tiende a descalificar a la Unión Europea por lo que considera ciertas decisiones suyas como "hipócritas". Lo que de seguro generará las consabidas reacciones de gobiernos y ONG europeos, pues dudo de que -al menos estas últimas- se queden calladas áy de que los más críticos de Uribe no capitalicen este periplo para recibirlo con toda clase de rayos y centellas.

Entonces, qué gesto hacer? Sin necesidad de arrodillarse ni muchísimo menos, el Presidente podría aprovechar la ocasión para salir de su ministro de Defensa, Jorge Alberto Uribe. Quien fue el que al fin y al cabo asumió la responsabilidad política de ir por Granda en la forma como Venezuela lo ha considerado jurídicamente intolerable.

Ministro, además, que está herido de un ala, ya que tampoco puede minimizarse la gravedad de su escándalo personal, al haber aparecido como visitante asiduo de una mujer hoy tras las rejas, sindicada por delitos de narcotráfico. Y aunque el Ministro ha dicho que tales visitas las hizo como particular y por razones humanitarias, un columnista de Portafolio (Vladdo, para ser más exactos) insinuó que también las realizó bajo investidura oficial. Opinión que, hasta ahora, no ha sido desvirtuada por el propio interesado.

De todos modos,á ante la determinación venezolana de romper lazos comerciales en forma no apenas brusca sino excesivamente burda, y a pesar -repito- de que Colombia haya actuado con demasiada audacia frente al caso de Granda, la solidaridad alrededor de Uribe se impone en la medida de representar a una nación hoy ultrajada por un gobierno vecino que, para decirlo sin rodeos, ampara terroristas que hace rato renunciaron a la revolución para dedicarse a la delincuencia y la subversión.

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