RINCÓN, UN TORERO GRANDE

RINCÓN, UN TORERO GRANDE

Se nos oprimió el corazón y seguramente se nublaron millares de ojos durante el minuto de silencio por la muerte de Diana Turbay, mientras con mucho sentimiento los espectadores batían pañuelos blancos. Un lleno completo. Se lidiaron toros de Ernesto Gonzáles Caicedo, de gran presentación, que tuvieron bravura y nobleza. Alto balance para la prestigiosa ganadería, cuyo porpietario dio la vuelta al ruedo con el diestro César Rincón.

28 de enero 1991 , 12:00 a.m.

Emilio Muñoz. Cinco verónicas suaves y de calidad saludaron a su primer toro. Muñoz inició su faena con una serie de derechazas, pero el toro comenzó a quedarse y a desarrollar sentido. El diestro expuso mucho al intentar torear por naturales, pero el toro se tornó más peligroso. Mató estilo Jorge Herrera: de metizaque. Silencio.

A su segundo le instrumentó siete verónicas de gran belleza y luego de picado el toro, ejecutó un quite por chicuelinas. Brindó al público y de una vez inició citando de frente y de largo, para ejecutar una emocionante faena, intercalando series sobre ambas manos, cuajó una faena grande, de dominio y poderío a un toro que embestía suave y fijamente, sin hacer extraños.

El público comprendió la nobleza del toro y pidió indulto. La presidencia no lo consideró creemos que acertadamente y el diestro entró a matar. Pinchó en dos ocasiones antes de una completa. Lo que iba para dos orejas quedó en una y vuelta apoteósica.

César Rincón Este es un español ?, preguntó un policía. Y se admiró cuando le contamos que era el colombiano César Rincó. Ah, ese dizque es un verraco , respondió. A su primer toro ayer le ejecutó una emocionante faena, especialmente por la derecha, con temple y profundidad, en pases largos y templados, pasándose el toro muy cerca. Con entrega, con poder sobre el animal. Por el pitón izquierdo logró unos pases, realmente suicidas, por el peligro del toro por ese lado. Mató de estocada que envió la toro sin puntillas a la arena y el mar de pañuelos blancos. Paseó las dos orejas del noble entre pañuelos, claveles, ovaciones y la admiración general.

Ese toro se parece a mí: arrastra la pata . Dijo Alfonso Fernández El pegajoso , cuando salió el segundo toro de Rincón. Y así era. Y tuvo que ser cambiado.

Salió un torazo, de 523 kilos, con gran trapío, al que Rincón le ejecutó otro gran tercio de capa. Gran par de El Monaguillo . Comenzó Rincón su faena de muleta en la mano derecha con un temple y una lentitud, difícil de igualar. Pronto se distrajo el toro y no quiso embestir más. Entonces César demostró que la altura profesional es superior a la física. A un toro más alto que él, le metió un espadazo recibiéndo, que nadie podría creer de no verlo. Así conquistó el colombiano otra oreja.

Jesulín de Ubrique No es muy bueno con la capa. Con la muleta, a su primer enemigo le realizó una faena seria e inteligente, obligando al toro a pasar. Templando la embestida. Pero a la hora de matar, todo se vino abajo. Y como el público de toros se voltea tan facil como una bicicleta, le armó la grande. Sonaron dos avisos y como que alcazó a oírse el tercero cuando el toro caía.

En el segundo de su lote estuvo bien. Logró hacer una faena con mérito. Y si eso hace a sus 17 años, cuando tenga 20... Esperemos. Vuelta al ruedo.

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