ACCIDENTADA NOVILLADA DE SAN MARTÍN

ACCIDENTADA NOVILLADA DE SAN MARTÍN

Siete utreros, cuatro en Santacoloma y tres en Domecq compusieron un encierro disparejo de presencia, variopinto de capa, flojo de remos, manso de talante y accidentado de suerte. Tres de ellos se lesionaron en el ruedo, el primero perdió su pitón derecho por la cepa al topar contra un burladero. El tercero se fracturó la cuartilla derecha en el segundo tercio. Y el quinto también salió cojeando de las varas. Algo pasa con el piso de la Santamaría. En los últimos años reses y toreros se habían accidentado sobre él. Los esfuerzos de la empresa, que fueron evidentes, por optimizarlo, no parecen haber dado resultado. Además, el primero (bis), que recibió banderillas negras, y el sexto, que fue un manso pregonao, fueron totalmente inaptos para la lidia.

17 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Siete utreros, cuatro en Santacoloma y tres en Domecq compusieron un encierro disparejo de presencia, variopinto de capa, flojo de remos, manso de talante y accidentado de suerte. Tres de ellos se lesionaron en el ruedo, el primero perdió su pitón derecho por la cepa al topar contra un burladero. El tercero se fracturó la cuartilla derecha en el segundo tercio. Y el quinto también salió cojeando de las varas. Algo pasa con el piso de la Santamaría. En los últimos años reses y toreros se habían accidentado sobre él. Los esfuerzos de la empresa, que fueron evidentes, por optimizarlo, no parecen haber dado resultado. Además, el primero (bis), que recibió banderillas negras, y el sexto, que fue un manso pregonao, fueron totalmente inaptos para la lidia.

El público, que ocupó casi media plaza en una tarde despejada pero fría, jaleó con entusiasmo las enjundiosas verónicas del bogotano Moreno Muñoz. Siendo el más joven de la terna, ofició como director de lidia por su antigedad en la plaza. Su toreo está marcado fundamentalmente por la intensidad y la entrega con que interpreta las suertes tanto de capa como de muleta. La pata delantera, las manos bajas, el cuerpo echado al viaje del toro y el ceñimiento, son las características fundamentales que explican su rápida conexión con los tendidos. No hay nada de paisanaje en ello. Es que Muñoz torea emocionadamente. Gasta valor, siente y se juega completo.

Pese a la poca clase de sus dos novillos, en ambas ocasiones pareció dirigirse hacia un triunfo cabalgando en la superioridad mostrada. Sin embargo, su cruz parece ser la espada. A su primero lo despachó de pinchazo y bajonazo criticable. Y al cuarto le repitió la dosis. Eso le hizo perder las orejas.

El sincelejano Héctor José hizo sentir su placeo. Novillero ya presentado en Las Ventas, mostró además de su avanzada preparación, un gusto por algo muy cotizado en tauromaquia: la lentitud. Pero también complementada con el temple y el dibujo largo de sus muletazos, mejores y más abundantes por la derecha que por la izquierda. Se llevó quizás el mejor lote, o mejor, el menos malo. Nobles ambos pero inválido el segundo, los toreó dosificadamente, a media altura, cuidando mucho sus exiguas fuerzas. Dos pinchazos y una estocada corta con aviso silenciaron su primera labor. Al quinto, un cárdeno que terminó cojeando, le colocó una estocada en el rincón de Ordóñez y la presidencia, tras hacerse derrogar, terminó entregándole la oreja y convirtiéndolo en el triunfador de la tarde.

El Poeta , novillero insignia de la Escuela de Cali, en quien algunos han querido ver una especie de Rafael de Paula criollo, tuvo una tarde aciaga. En el sorteo se llevó sin duda lo peor de lo peor. El tercero se fracturó en varas, no fue banderilleado y debió matarlo sin lidia. El sexto salió de toriles a buscarlo con obsesión. El ofrecía la muleta y el animal viajaba al bulto. La cogida estaba cantada. Parecía que sólo el caleño no se había dado cuenta y seguía ofreciéndose terco hasta que el marrajo le enganchó por el muslo, lo tiró por los aires y lo buscó a cornadas en la arena. El Piña tardó en llegar, pero salvó la situación. De allí en adelante la cosa fue un vía crucis. Igualada laboriosa y larga, cuatro pinchazos y una estocada honda pasada, que derribó al animalejo, tras un aviso.

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