GERMÁN BORDA: EL SORTILEGIO DE LA MÚSICA

GERMÁN BORDA: EL SORTILEGIO DE LA MÚSICA

Tendría 10 años cuando Germán Borda comenzó a improvisar en el piano de su hermano mayor. Por esos días asistía a la temporada de conciertos que el gran pianista alemán Wilhelm Backhaus había programado para el público de Bogotá. Si bien en esa primera experiencia se encuentra con el espíritu de la música, será mucho más adelante cuando toma la decisión de hacerse músico. Pero la familia tenía para él otros proyectos: debía haber un economista en su lugar. Ya en la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes y luego en la de Filosofía y Letras, libró por la música sus primeras batallas. Su melancolía, que ocultaba el desconsolado desencanto con su carrera, llamó la atención del vicerrector de la Universidad, amigo cercano de la familia. Tras una larga conversación, su padre comprendió por fin que en aquellas notas infantiles, desordenadas y azarosas, a su hijo se le había revelado el sortilegio de un arte y la promesa de una tenaz aventura: la del artista, la del compositor, la

04 de junio 2005 , 12:00 a.m.

Tendría 10 años cuando Germán Borda comenzó a improvisar en el piano de su hermano mayor. Por esos días asistía a la temporada de conciertos que el gran pianista alemán Wilhelm Backhaus había programado para el público de Bogotá. Si bien en esa primera experiencia se encuentra con el espíritu de la música, será mucho más adelante cuando toma la decisión de hacerse músico. Pero la familia tenía para él otros proyectos: debía haber un economista en su lugar. Ya en la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes y luego en la de Filosofía y Letras, libró por la música sus primeras batallas. Su melancolía, que ocultaba el desconsolado desencanto con su carrera, llamó la atención del vicerrector de la Universidad, amigo cercano de la familia. Tras una larga conversación, su padre comprendió por fin que en aquellas notas infantiles, desordenadas y azarosas, a su hijo se le había revelado el sortilegio de un arte y la promesa de una tenaz aventura: la del artista, la del compositor, la del músico.

El próximo 9 de junio entregará al rector de la institución el conjunto de las 800 composiciones que ha dado su vida musical.

El apoyo del catedrático Hernando Groot fue definitivo para alcanzar lo que hasta ese momento no era más que una vaga ilusión: viajar a Austria para estudiar música. Ya en Viena, Germán Borda comprende la dimensión de esa exigencia. Entonces se entrega al más arduo aprendizaje, a la disciplina que destruye talentos o forja músicos virtuosos. Años duros de aprendizaje, de silencio y oscuridad, pero también de vuelo intelectual. Allí templará su fuerte temperamento artístico. Compositor? Intérprete? Conductor? Sin duda, compositor, pero ante todo músico integral.

En Austria tuvo la inmensa suerte de ser alumno del profesor Alfred Uhl, quien fuera director del Departamento de Composición de la Universidad de Viena. El profesor Uhl no solo fue para él un formidable maestro, fue el guía permanente que se entregó a la formación de sus alumnos con una enorme capacidad de trabajo, pues como recuerda Germán Borda, era "un maestro incansable que siempre trabajaba más que los alumnos".

En Viena, en los sesenta, opta por la composición más contemporánea, a pesar de la aprensión general: "Después de los años cincuenta -relata- cambia completamente el panorama musical. Con la música pasa algo diferente de lo que sucedió en el arte con el estallido de las vanguardias. El teatro, la poesía, las artes plásticas, la literatura, el cine, fueron asimilados por el público con todas sus transformaciones. La música no. Se le presenta una enorme resistencia, primero por parte de los músicos que deben estudiarla e instrumentarla, luego por parte del público, que está acostumbrado al repertorio clásico y, desde luego, resistencia, incomprensión o desinterés por parte de los críticos".

Reservada para cierta minoría, la música que compone Germán Borda, no es ordinaria. Decir "música moderna" no la explica bien; "música culta" y "música erudita" son denominaciones que mejor se aproximan a su más precisa definición. "Su música es de una gran originalidad; no le debe nada a nadie", escribió Messlinger, primer Cello de la orquesta de Essen. "Orquestación maravillosa", dijo Frank Preuss en Bogotá; "Borda, compositor impactante" se lee en el Arbeiter Zeitung de Austria; "Música llena de intensidad y de tensión", afirmó August Everding, Director General de la Opera de Alemania. Pero es del propio profesor Uhl de quien recibió uno de los más altos honores: Alfred Uhl ofreció con gran éxito en Austria un concierto completo con obras del compositor colombiano. Son formas unánimes de reconocimiento que constituyeron la consagración de una obra y de una capacidad creativa que, no obstante, no se va a detener en la música.

De hecho, si su obra musical, tras cuarenta años de creación, es vasta y variada, la obra literaria revela una nueva dimensión en la producción artística de Borda Camacho. Furtiva, la literatura en sus años de estudiante universitario apareció como una nueva fuerza expresiva. Cuando su proyecto musical aún era incierto, acoge la palabra, la forma poética, la trama argumental y los personajes al lado de la abstracción que la música representa. Si ha escrito y publicado poesía y novela, también ha experimentado con la fusión de la música y la literatura. Descubre, por ejemplo, una relación entre El coronel no tiene quien le escriba , de García Márquez, y una estructura musical. Cuando el Nobel se enteró de ese análisis comentó: "Si un músico de méritos grandes cree encontrar elementos de composición musical en El coronel , si esto es lo que quiere saber mi estimado Germán Borda, le contesto que sí".

Y es que sensibilidad y racionalidad analítica son cualidades propias de un compositor. Es con la sensibilidad del artista y la racionalidad del científico como él llega a crear complejas estructuras musicales. Para Borda no queda duda, son aspectos complementarios que desarrolla en parte de su obra. Quizá por eso, con la exigente fusión entre música y literatura, quiere presentarse al homenaje de Universidad de los Andes el 9 de junio, cuando el rector reciba de manos del maestro el conjunto de las ochocientas obras que hasta hoy ha compuesto. Se trata, sin lugar a dudas, de un patrimonio artístico extraordinario que para muchos constituye un verdadero tesoro musical.

Edipo , una de sus más recientes creaciones, estará en el centro de esta ceremonia. Se trata de una obra para oboe y tam-tam y de un texto literario. La tensión trágica y el espantoso destino del héroe mítico han sido comprendidos por el autor dramático con la fuerza propia de la tragedia y sobre ellos ha superpuesto las intensas resonancias musicales para alcanzar así una experiencia estética que llega a ser sobrecogedora.

Tras una vida de creación y fatigas sin descanso, de labor académica rigurosa, de soñar con una obra que hoy se sabe excepcional, Germán Borda regresa a la Universidad; esta vez para dejar junto al legado de su obra el testimonio de su valiosa creatividad.

FOTO.

Germán Borda en la presentación de una de sus obras en 1986.

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