SALGO A LA CANCHA A DIVERTIRME

SALGO A LA CANCHA A DIVERTIRME

Si los milagros se repitieran, hasta se diría que un hálito sobrenatural ronda a este muchacho. Pero lo único anormal en él es un talento irreprimible que combina con un carácter alegre y un amor indeclinable por el fútbol que le permite hacer una misma obra dos o tres veces: Lionel Messi se pone la camiseta argentina, se sienta en el banco, aguarda en silencio una oportunidad en la selección Sub-20, entra a la cancha, apenas si le llega la pelota cuando le brota alguna gambeta maestra, remata y anota goles que cortan el aliento. Pasó contra Venezuela, pasó contra Bolivia, pasó contra Perú...

18 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Si los milagros se repitieran, hasta se diría que un hálito sobrenatural ronda a este muchacho. Pero lo único anormal en él es un talento irreprimible que combina con un carácter alegre y un amor indeclinable por el fútbol que le permite hacer una misma obra dos o tres veces: Lionel Messi se pone la camiseta argentina, se sienta en el banco, aguarda en silencio una oportunidad en la selección Sub-20, entra a la cancha, apenas si le llega la pelota cuando le brota alguna gambeta maestra, remata y anota goles que cortan el aliento. Pasó contra Venezuela, pasó contra Bolivia, pasó contra Perú...

Y él, modesto, casi tímido en el menudo empaque de su cuerpo, a sus 17 años duda de tanta dicha repentina y se pregunta si exageran. "Por suerte podemos ganar", se aventura a decir, pero igual confiesa la felicidad que carga: "La verdad, es algo especial, todos quiere jugar con la selección y mirá que hago un gol en el primer partido oficial... Una emoción enorme".

De boca en boca, en este Suramericano juvenil, se riegan su nombre y su asombrosa historia. Hace cuatro años, cuando llegó a las divisiones inferiores del Barcelona ya que su padre -Jorge- viajó a España, su futuro en Argentina era incierto. A los 13 (medía 1,40 metros) se le había descubierto un problema hormonal que limitaba su crecimiento y clubes como River o Newell s no se empeñaron en tenerlo.

Carles Rexach lo enganchó en Barcelona, el club le costeó los medicamentos (ahora está por los 1,70), ha jugado un par de veces en primera división y hasta relevó a Ronaldinho el 24 de octubre del 2004, en un juego contra el Osasuna. Pero el genio brasileño no es, sin embargo, solo un compañero excepcional. Es mucho más que eso para Lionel, es su consejero y hasta bautizó como su hermano menor a Messi.

El cuenta que su fútbol no ha cambiado allí, que siempre intenta hacer lo mismo, aunque observa el repertorio de maestros a su alrededor y algo experimenta. Pero da la impresión de que todo va demasiado rápido en la vida del Pulga -como lo llama su familia-, de este joven nacido en Rosario que ama con pasión a los suyos (vive con sus padres y tres hermanos en España) y que goza del sueño que le recompone el cuerpo y le reconstruye los anhelos.

Da la impresión de que le han pasado muchas cosas a Lionel Messi en los años en los que ha asomado en el mundo del fútbol ese pie izquierdo con el que repite goles impensados. Nadie sabe hasta dónde estará escrito su futuro con un balón, pero, para él, ahora, solo hay un motivo para ponerse un uniforme: "salgo a la cancha a jugar, a divertirme"...

FOTO/Felipe Caicedo Enviado especial de EL TIEMPO.

Lionel Messi (18) se fue muy joven a Barcelona, llevado por Carles Rexach. Hoy es figura con su selección.

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.