SE VA EL FISCAL

SE VA EL FISCAL

Gustavo De Greiff, el primer Fiscal General de la Nación en la historia de Colombia, cesará en su cargo por decisión de la Corte Suprema de Justicia. En una dividida votación y después de una prolongada discusión jurídica, por 12 votos contra ocho, la Corte Suprema determinó que De Greiff debe retirarse del cargo por haber llegado a la edad que la Ley fija como de retiro forzoso.

01 de julio 1994 , 12:00 a.m.

El Fiscal cumplió 65 años de edad el 20 de junio pasado.

Un bloque mayoritario de la Corte Suprema derrotó dos tesis contrarias a la decisión final. Una que buscó que la Corporación evitara pronunciarse y otra, defendida esencialmente, por magistrados de las salas civil y laboral, encaminada a refrendar la permanencia de De Greiff en su cargo.

Al final se impuso la Sala Penal en pleno con apoyo de otros magistrados.

El Presidente deberá remitir a la Corte una nueva terna para Fiscal General de la Nación y ya se barajan nombre diversos: Carlos Lemos, Jaime Bernal Cuéllar, Ricardo Calvete y otros.

Controvertido y franco, este ex asesor de sólidas compañías industriales, ex consejero de Estado y ex rector de la Universidad del Rosario, asumió el primero de abril de 1992 y saltó a las primeras páginas cuatro meses después, en julio de ese año, cuando denunció los crímenes de Pablo Escobar en La Catedral, y lo propio logró su cruzada en torno a los sindicados inocentes del crimen de Luis Carlos Galán.

Más tarde, sin embargo, sus pronunciamientos en torno a la legalización, sus exigencias de cooperación real y eficaz estadounidense y varias decisiones judiciales le granjearon controversias severas.

Polemizó con el presidente César Gaviria, la fiscal Janet Reno, el embajador Morris Busby, el Procurador, los obispos y el director del Inpec y recientemente soltó la frase que mejor define su temperamento: Es que yo sufró de un problema en la columna que me impide inclinarme ante los poderosos , dijo en una sesión ante el Senado.

Un fiscal que dejó huella Cada colombiano tiene una opinión distinta de quien durante 27 meses dirigió la lucha contra el delito en el país, pero lo cierto es que ha gozado de altísima credibilidad.

Es que yo sufro de un problema en la columna que me impide inclinarme ante los poderosos .

Esta frase que pronunció el Fiscal De Greiff durante un debate en el Congreso es tal vez la que mejor define su carácter. Es cierto. Nadie lo vio nunca inclinado. Por eso muchos lo tildaron de irreverente e impulsivo. Y otros hasta de excesivamente terco.

El primer Fiscal General de la Nación en la historia de Colombia es un hombre que, por diferentes razones, va a constituir un desafío para su sucesor. Cuál era su forma de actuar fue evidente desde cuando lo designaron para el cargo. En esa oportunidad dijo que no distinguiría entre delitos y que la Fiscalía era, si no la última, una de las últimas opciones que tenía el país para salir de la crisis de la Justicia.

Y menos de un mes después, a su llegada de Estados Unidos en donde solicitó apoyo económico para la puesta en funcionamiento de la Fiscalía, De Greiff demostró su carácter fuerte: No fuimos a Estados Unidos a pedir caridad ni limosnas. Si nos van a ayudar, que lo hagan pronto .

Sus denuncias sobre los crímenes de Pablo Escobar en La Catedral lo colocaron en la primer línea entre funcionarios con credibilidad en el país y la puesta en libertad de Alberto Jubis Hasbum y otros inocentes sindicados del asesinato de Luis Carlos Galán lo mostraron como un hombre justo.

Pero más tarde -cuando se refirió a la ineficiencia de las Fuerzas Militares y de Policía- empezaron las críticas de un lado y los elogios del otro. De Greiff, asesor de importantes grupos económicos, ex consejero de Estado y ex rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, siempre dio la cara. Muchas veces molesto. Y no lo ocultó. Otras veces con frases irónicas. Nunca se retractó de lo que dijo. Y tampoco parecía arrepentirse.

Para muchos fue esta característica de su personalidad la que lo convirtió en protagonista de diversas polémicas.

Porque polemizó con mucha gente. Con el Presidente Gaviria, con la Fiscal General de Estados Unidos, con algunos senadores norteamericanos, con varios ministros colombianos, con el director del Instituto Nacional Penitenciario, con los sindicalistas de Telecom, con los obispos, con los concejales de Bogotá y hasta con sus amigos, como el Procurador General.

Por eso, cuando el Ministro de Justicia le dijo en una carta que era posible que los narcos intentaran engañarlo, el Fiscal no dudó en responderle públicamente en estos términos: Estoy bastante crecidito como para que el Ministro de Justicia tenga que protegerme de un engaño . Este incidente se produjo luego de que el Fiscal recibió en su despacho a tres presuntos narcotraficantes contra quienes no había orden de captura y ordenó iniciar investigación en su contra sin que, según esperaba el Gobierno, se produjera su inmediata detención.

Pero este no fue el único tema polémico. El tema de la legalización de la droga fue y sigue siendo uno de los más álgidos en su relación con Estados Unidos. Desde cuando esbozó sus ideas en un seminario en Baltimore, las reacciones fueron un huracán nutrido por los aires de quienes lo apoyaban y de quienes lo rechazaban. Pero siempre se sostuvo: No soy abogado de la legalización, pero creo que la lucha como está planteada es un fracaso , dijo en repetidas ocasiones.

A la canciller le dijo que debía protestar contra Estados Unidos por su indebida intervención en los asuntos internos de Colombia. Al Presidente le recordó, en más de una ocasión, que hay una división en las ramas del poder público. Y a Estados Unidos le dijo que él nunca había insinuado cómo debería operar el Gobierno en ese país y que esperaba que no lo siguieran haciendo con Colombia.

No todo, sin embargo, fueron polémicas. Durante los 27 meses en el cargo tuvo muchos seguidores. Varias encuestas de opinión le dieron altísimos niveles de credibilidad en el país, inclusive por encima del Presidente de la República.

Y hace ocho meses, durante una visita suya a un colegio de Bogotá, un niño le dijo en público lo que parece ser el mensaje que ha dejado en muchos colombianos: Doctor De Greiff -le dijo el niño- la pelea es peleando ...

Reacciones -Cree usted que una persona a los 65 años ya pierde su capacidad para ejercer un cargo público? Luis Carlos Sáchica, constitucionalista Desde el punto de vista legal hay una ley que establece que la edad de retiro forzoso de los empleados judiciales es de 65 años. Sin embargo, desde el punto de vista humano considero que las personas que tienen 65 o más se encuentran en una de las etapas más bellas de la vida.

Esa es la edad en la cual se tiene mayor sabiduría, especialmente para afrontar cargos de gran responsabilidad. Se trata de personas que están más allá del bien y del mal y poseen mucha experiencia en la vida. Es un momento ideal para ejercer funciones. No es la mejor edad para jugar fútbol, pero hay una plenitud en las facultades mentales que es de vital importancia.

Juan Manuel Charry, jurista Eso depende. Creo que la edad de los 65 años es un criterio para establecer la idoneidad de una persona para ocupar un cargo en la Rama Judicial. Hay unas personas que pueden perder su capacidad antes de los 65 y otras que no.

Lo que creo es que la ley estableció un criterio objetivo para determinar la edad de retiro forzoso. Más que al sujeto lo que se determinó fue fijar un término que no tiene ninguna subjetividad sino que es la edad cronológica de la persona.

La ley hubiese podido establecer para aplicar ese criterio de retiro forzoso un examen de capacidades, por ejemplo, pero eligió la edad.

Abdon Espinosa Valderrama, ex ministro La edad de los 65 años es una de las más interesantes. Es una edad en la cual se han acumulado una serie de experiencias a lo largo de la vida. Naturalmente me consta que uno después de los 65 es cuando tiene más madurez de juicio y especialmente en el campo del Derecho. Aquí es donde más frutos se puede rendir.

Nunca he sido partidario de la edad de los 65 años como para fijar el retiro forzoso en los cargos judiciales. No entiendo el motivo para que se haya fijado ese criterio. En Europa han existido gobernantes que han ejercido después de los 65 años. Pero es una edad en la cual la persona más puede servir y en la que no se le puede descartar. Creo que el error está en la ley.

Alvaro Valencia Tovar, general en retiro De ninguna manera. Creo que la edad de los 65 años es muy productiva. En esa edad se conserva toda la lucidez mental, favorecida por la experiencia acumulada en muchos años de servicio profesional.

Esa experiencia se aquilata con el paso del tiempo y los acontecimientos porque se enriquece y actualiza con las vivencias nuevas.

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