NO DESPEGA LA ANUNCIADA RECONSTRUCCIÓN

NO DESPEGA LA ANUNCIADA RECONSTRUCCIÓN

A dos años del anuncio oficial del fin de la guerra , la prometida reconstrucción no se hace visible ni llega a la población y es una de las causas que aumenta el descontento y la desesperación de los iraquíes, sumidos en condiciones de vida infrahumanas.

07 de junio 2005 , 12:00 a.m.

A dos años del anuncio oficial del fin de la guerra , la prometida reconstrucción no se hace visible ni llega a la población y es una de las causas que aumenta el descontento y la desesperación de los iraquíes, sumidos en condiciones de vida infrahumanas.

El paisaje de la capital iraquí se deteriora día a día y con ella sus habitantes.

Cada edificio público y construcciones arquitectónicas de singular importancia que fueron destruidos por los bombardeos de abril del 2003, siguen en las mismas condiciones.

Ni siquiera se han levantado los escombros que se dispersan incólumes y las ruinas que se repiten cuadra a cuadra, semejan un paisaje de devastación con el que conviven y se agudiza con el paso del tiempo.

A los cortes de la energía eléctrica cada dos horas, la escasez de agua potable, la falta de medicinas, el crecimiento de la pobreza y la desocupación, se suma la aparición de nuevas enfermedades productos de la carencia de infraestructura que aumentan los casos de náuseas, diarrea, cálculos renales, calambres, cólera, tifus y la aparición de un extraño tipo de hepatitis.

El ejemplo más significativo lo representa Sadr City, el barrio más pobre de Bagdad con 2 millones de habitantes -castigado durante el régimen Baas por su filiación chiita-, que sigue sumergido en el abandono y también en las putrefactas aguas que la circundan.

La destrucción de los drenajes ocasiona inundaciones en las calles que las hacen intransitables y las aceras están cubiertas de basura que alimentan a cientos de ovejas arreadas por su pastor en pleno o centro urbano. Este paisaje empieza a reproducirse en otros barrios de la capital que históricamente eran provistos de los servicios adecuados.

Mientras millones de iraquíes sufren la carencia de agua potable, la compañía transnacional Bechte, encargada de la reconstrucción en el sector del agua,- que ganó un contrato sin licitación-, se dedica a parquizar sus instalaciones a orillas del río Tigris y es señalada por no cumplir con sus obligaciones contractuales de rehabilitar centros de tratamiento de aguas.

"No hay agua. Mire, lo puede ver con sus propios ojos", dice Mohamed que vive junto a su esposa y cinco hijos, mientras abre un grifo inerte. "Los americanos dicen que están realizando obras de reconstrucción pero hace cinco días que no tenemos agua y los niños enferman. Es una mentira. Queremos que se vayan, nosotros vamos a solucionar nuestros problemas", concluye. Al mismo tiempo desde la Oficina de Administración para la Reconstrucción de Irak,- a la que se le han asignado 21 mil millones de dólares sin controles sobre lo gastado y contabilizado el dinero-, se anuncian las obras de edificación de una planta de tratamiento de agua en el vecindario, pero en las casas de Al Sader City y en cientos de ciudades del país, el preciado líquido es inexistente.

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