UN EMPUJÓN PARA ESTUDIAR

UN EMPUJÓN PARA ESTUDIAR

Cuando José Raúl Serna, un joven de 27 años, abrió la factura de pago de la Universidad de Antioquia, donde estudiaría el segundo semestre de derecho, no dio fe a lo que estaba viendo.

16 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Cuando José Raúl Serna, un joven de 27 años, abrió la factura de pago de la Universidad de Antioquia, donde estudiaría el segundo semestre de derecho, no dio fe a lo que estaba viendo.

Se frotó los ojos y volvió a mirar. En el documento decía que una empresa de Antioquia le había pagado el semestre y que le subsidiaría toda la carrera.

En ese momento su cara blanca se puso más pálida y con el escepticismo propio de un futuro abogado preguntó, buscó y encontró respuestas.

No era ninguna broma, en efecto, el Banco Industrial Colombiano, hoy Bancolombia, donó en 1994 mil millones de pesos para subsidiar estudiantes de bajos recursos de la Universidad de Antioquia y él salió beneficiado.

Hoy hacen lo mismo otras empresas como Protección, Fundación Exito, Industrias Bochica y Surfoquímica. En 10 años se han entregado becas a 9.800 estudiantes del Alma Mater.

El requisito para acceder a este beneficio es ser de estrato 1 ó 2 o provenir de un municipio pobre. Esa era la situación de este joven.

"Yo venía de Nariño, un municipio al oriente de Antioquia, un pueblo con una situación económica y de violencia muy agobiante", cuenta Serna.

Allí, según dice su vida estaba suspendida, trabajaba con su padre en una finca y los fines de semana iba al pueblo a tomar aguardiente. Sentía que se estaba perdiendo.

"No podía esperar a que llegara la muerte", se decía.

Y así decidió irse para Medellín donde no tenía ningún familiar, ni casa, ni trabajo. Sólo el deseo de estudiar.

Ahora es abogado y aunque no tiene trabajo fijo está creando una empresa con un amigo. Es el único profesional de nueve hermanos y el orgullo de la familia, que por la violencia del municipio de Nariño debió trasladarse a Marinilla otro municipio antioqueño.

Para él, la vida es otra desde que empresas que ni siquiera lo conocían le dieron la oportunidad de modificar su historia. Por eso le gustaría agradecerles personalmente.

Después de ser acreedor de la beca, el joven sólo debía mantener un promedio de 3,80 y ver todas las materias. El, obtuvo las mejores calificaciones de su carrera y se graduó con honores.

"Después de semejante impulso había que dedicarse de lleno a la universidad a responder con hechos la ayuda que me estaban brindando", relata el joven quien a pesar de esto debió conseguir un trabajo en un supermercado como encargado de la panela.

Los fondos que las empresas aportan son canalizados a través de la Dirección de Bienestar Estudiantil de la Universidad de Antioquia, donde se estudian las necesidades de los alumnos. Cada empresa aporta cantidades distintas de acuerdo con el tamaño de la compañía y de sus posibilidades.

Comida para estudiar.

Pero este no es el único estímulo. Todos los días entre las 11:30 a.m. y la 1:30 p.m. en la Universidad de Antioquia se hacen largas filas en torno a una caseta blanca donde reposa el alimento para 700 jóvenes de estratos bajos.

Gracias a un convenio del Banco Conavi, reciben desde 1997 un sánduche con una salchicha, un banano, un bocadillo y un vaso de leche, diarios. Los refigerios dan empleo a una comunidad religiosa que hace y empaca los sánduches.

"Para muchos pelaos esta es la única comida del día, sobre todo para los que permanecen todo el tiempo estudiando", dice David Serna, un universitario que reparte los alimentos en la caseta.

Este es el caso de Isabel Morales, una estudiante de tercer semestre de idiomas, que vive en Castilla un barrio de la comuna noroccidental y que hace 10 meses es beneficiaria del convenio.

Ella llega puntual todos los días junto a su hijo de 7 años, que aprovecha para envasar en un termo la leche que le dan a su mamá. Para Isabel esto es un alivio porque le ahorra gastos de transporte y alimentación.

"Esta si es una buena forma de compartir con los que más lo necesitan", concluye la mujer.

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