UNIDOS LA REPÚBLICA IMPERIAL

UNIDOS LA REPÚBLICA IMPERIAL

Cuestionando las frases finales de un artículo en el que abogaba por que Estados Unidos se aliara con las fuerzas democráticas de los países árabes para acelerar su democratización, un lector me escribió disputando la autoridad moral y legal de este país para modificar los sistemas de gobierno de otras naciones .

19 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Cuestionando las frases finales de un artículo en el que abogaba por que Estados Unidos se aliara con las fuerzas democráticas de los países árabes para acelerar su democratización, un lector me escribió disputando la autoridad moral y legal de este país para modificar los sistemas de gobierno de otras naciones .

Le respondí que su pregunta era compleja y difícil. Sobre todo porque Estados Unidos interviene en otros países de maneras distintas y por motivos distintos. Así, en abstracto, le escribí, nada ni nadie le da derecho a Estados Unidos a inmiscuirse en los asuntos de otros países. El problema es que hay países que directamente le piden al gigante que intervenga en sus asuntos. Pienso en el Medio Oriente y en cómo Israel, Egipto y el liderazgo palestino no sólo han solicitado la intervención norteamericana sino que se han trasladado a Estados Unidos para discutir y suscribir acuerdos.

También le recordé que en 1994, el presidente de Haití, Jean Bertrand Aristide, le pidió al presidente Bill Clinton que interviniera militarmente en su país para restablecer la democracia. El arribo de las tropas estadounidenses a la isla despertó el entusiasmo de la mayoría de los haitianos y sin el apoyo del poderío militar norteamericano, Aristide no habría podido recuperar el poder.

A veces, la intervención ha tenido un sentido humanitario, le recordé. Gracias a la intervención norteamericana, a través de la OTAN, se logró detener el genocidio en los Balcanes a finales de la década de los 90. En Bosnia y en Kosovo, el presidente Clinton, que en principio se resistía a involucrarse, intervino y gracias al poderío político, militar y económico de Estados Unidos las cosas mejoraron para la mayoría de la gente.

Ha habido también otras intervenciones norteamericanas que, dependiendo de la perspectiva ideológica de quien las juzga, podrían ser o no ser tan afortunadas como las recién descritas. Pienso en el conflicto centroamericano de la década de los años 80, que para unos fue un derramamiento de sangre innecesario, producto de la rigidez ideológica del presidente Ronald Reagan y para otros fue el parteaguas para la democratización de la región.

Ha habido también intervenciones que, aunque no solicitadas, contaron con una justificación moral, con una lógica impecable y fueron avaladas por organizaciones internacionales como las Naciones Unidas. Me refiero a la guerra en Afganistán.

También hay intervenciones que, desde mi perspectiva, son injustificables e incomprensibles. Tal sería el caso de la invasión y ocupación de Irak. Y si bien la invasión trajo un resultado positivo, el derrocamiento de un tirano como Saddam Hussein, el costo humano de la aventura de Bush ha sido enorme. Estados Unidos ha cambiado la tonada y hoy habla de imponer por la fuerza la democracia.

La inquietud de mi lector la comparten varios intelectuales norteamericanos que se plantean el debate como un choque entre visiones encontradas sobre la naturaleza del país. Según unos, la intervención es el instrumento que ratifica la conducta imperial del país. Otros dicen que una democracia liberal no puede convertirse en imperio. Yo pienso que Estados Unidos no es un poder imperial en el mismo sentido en el que Roma o Gran Bretaña lo fueron, pero sí es, como dijo Raymond Aron, una República Imperial.

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