VACACIONES Y REGRESO

VACACIONES Y REGRESO

Las vacaciones suelen ser un alegre tiempo de alivio frente al horror que produce la tupida maraña de la rutina y la cotidianidad. En el mar o en la montaña, en la ciudad o en el campo este período de ocio, consentido por la tradición y amparado por ley y la costumbre, suele ser un reparador oasis espiritual que se desarrolla de diferente manera, según el estrato social y la condición familiar de los seres humanos.

14 de enero 2005 , 12:00 a.m.

Las vacaciones suelen ser un alegre tiempo de alivio frente al horror que produce la tupida maraña de la rutina y la cotidianidad. En el mar o en la montaña, en la ciudad o en el campo este período de ocio, consentido por la tradición y amparado por ley y la costumbre, suele ser un reparador oasis espiritual que se desarrolla de diferente manera, según el estrato social y la condición familiar de los seres humanos.

En el mundo globalizado que tiende a uniformarlo todo, la moneda, el idioma, el vestuario, la comida y hasta el pensamiento, las vacaciones alcanzan una dimensión bien singular en ocasiones desconocida y sorprendente. Con diferencias de paisaje o de clima, de confort o de estrechez, el profundo sentido íntimo del descanso vacacional suele ser el mismo en todas partes. Lo esencial es hacer algo diferente de lo que compete a la actividad, el trabajo y la obligación diaria de las gentes. Poco interesa que nos quedemos en el país o viajemos al exterior. No importa que este tiempo precioso se dedique a un pausado recorrido a pie por escenarios rústicos o urbanos, o que se entregue a los llamados deportes de riesgo o al supremo deleite de contemplar deliciosamente la virtud de un paisaje, el esplendor de una mañana limpia o un atardecer sosegado, como anticipo de las sombras de la noche.

Da lo mismo que llegue el abrazo del sol calcinante o la caricia de l viento fresco que viene de los páramos. De todas maneras las vacaciones, las más sencillas o las más sofisticadas, significan la alucinación de un codiciado viaje hacia un paraíso transitorio de realidades y sorpresas. Lo que realmente interesa es poder estar bien, conforme al capricho de cada quien, lejos del habitual, repetido y asfixiante oficio diario, olvidándonos de éste tendidos sobre el césped acogedor, mirando embelesados las estrellas rutilantes o en una hamaca pacida con un libro cómplice entre las manos, oyendo la música predilecta. Este delicioso e insuperable tiempo de las vacaciones permite entonces a cada quien realizar la autonomía de su libertad distendida. Sentir el juego de las olas del mar contra la playa. El rumor repetido del río o de la quebrada; el lento caer del agua en la fuente de piedra, entre las flores. Pero, la dicha se nos torna efímera cuando asoma el final de esta época inmejorable, y entendemos que es preciso regresar. Ese volver, no "con la frente marchita" del tango inolvidable, sino con el alma repleta de ilusiones y proyectos nuevos.

*Ex ministro de Estado

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