DEBILIDADES FRENTE A LA COMPETENCIA GLOBAL

DEBILIDADES FRENTE A LA COMPETENCIA GLOBAL

Los empresarios colombianos están a pocos meses de tener que enfrentar el desafío más importante que han tenido que encarar en la historia económica reciente. Se trata del reto que presentará el Tratado de Libre Comercio próximo a firmarse entre nuestro país y los Estados Unidos. A pesar de que aún faltan por negociar los puntos más álgidos de ese acuerdo, se puede anticipar que traerá grandes oportunidades pero también no pocas amenazas.

02 de febrero 2005 , 12:00 a. m.

Los empresarios colombianos están a pocos meses de tener que enfrentar el desafío más importante que han tenido que encarar en la historia económica reciente. Se trata del reto que presentará el Tratado de Libre Comercio próximo a firmarse entre nuestro país y los Estados Unidos. A pesar de que aún faltan por negociar los puntos más álgidos de ese acuerdo, se puede anticipar que traerá grandes oportunidades pero también no pocas amenazas.

Por lo tanto, vale la pena reflexionar sobre el estado de la capacidad gerencial de los empresarios colombianos para aprovechar lo positivo que traerá el TLC y para defenderse de las concesiones que el gobierno colombiano -como sucede en cualquier negociación- tendrá que otorgar a cambio de la apertura de las puertas comerciales en E.U.

La principal falla de la mayoría de las empresas colombianas es su falta de visión a largo plazo. Talvez porque el país presenta tantos desafíos a corto plazo que impiden concentrarse en un horizonte más amplio, o talvez porque no existía una verdadera presión competitiva para definir ventajas estructurales. Lo cierto es que son muy pocas las firmas que tienen una idea clara y detallada de dónde quieren estar y cómo quieren ser dentro de más de tres años. El exceso de flexibilidad que han desarrollado las compañías colombianas -para poder sobrevivir en un entorno volátil y hostil, se convierte en un talón de Aquiles a la hora de competir con grandes y sofisticadas empresas que sí tienen planes de largo plazo que las ayuda a tomar buenas y oportunas decisiones estructurales. Sin que ello quiera decir que los programas con una visión de largo alcance no sean susceptibles de modificaciones para responder a imprevistos significativos.

Así pues, es hora de que las mujeres y hombres de negocios de nuestro país le dediquen mucho tiempo y neuronas a pensar con profundidad en alternativas estratégicas de largo aliento que les permitan diferenciarse de sus rivales tanto en los mercados externos como en el mercado interno.

La segunda debilidad notoria entre la mayoría de los directivos y ejecutivos de las empresas colombianas, en particular de las medianas y pequeñas, es la falta de una sólida preparación académica. Formación que no sólo debe tenerse para poder competir eficazmente, sino que además debe actualizarse de manera permanente. Los profesionales colombianos confían demasiado en su intuición, en sus habilidades para negociar, y en su malicia indígena, mientras que los profesionales de otras latitudes hacen bien la tarea -estudiando las opciones, evaluando con rigor las propuestas, y preparando exhaustivamente los cursos de acción.

Por lo tanto, es imperativo establecer cursos de capacitación en las diversas áreas críticas -finanzas, tecnología, mercadeo, logística, administración del recurso humano, producción- para comenzar a cerrar la brecha que existe hoy en día entre los ejecutivos de economías desarrolladas y los nuestros. La educación continua de todo el personal de una empresa -porque no sólo debe reservarse para la cúpula, porque la competitividad se construye también en la base -debe ser una prioridad que se refleje en las asignaciones presupuestales.

Por último, queremos llamar la atención sobre la necesidad de que los empresarios colombianos estudien y comprendan mucho mejor el entorno global. Pocos saben qué está ocurriendo en la economía, en la política, y en las sociedades más allá de la frontera. Hay que analizar con detenimiento fenómenos que afectan el ambiente y que inciden sobre el desempeño de los competidores porque así pueden descubrirse ventajas y desventajas relativas.

Pero más allá de estas reflexiones generales queremos plantear es la conveniencia -o mejor la necesidad- de que cada empresa haga una evaluación muy exigente de sus debilidades frente al nuevo escenario en que tendrá que competir, reconocer las fallas es el primer paso para poder corregirlas. Y entre más pronto se haga, mucho mejor.

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