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QUE VENGA LA COMPETENCIA

QUE VENGA LA COMPETENCIA

Se ha visto de todo en las discusiones del TLC. Los temas van desde la venta de ropa usada hasta la entrada de compañías norteamericanas en el mercado de las telecomunicaciones.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
14 de febrero 2005 , 12:00 a. m.

Se ha visto de todo en las discusiones del TLC. Los temas van desde la venta de ropa usada hasta la entrada de compañías norteamericanas en el mercado de las telecomunicaciones.

Era obvio que las empresas colombianas operadoras de diferentes servicios de telecomunicaciones nombraran sus asesores para proteger sus intereses ante la posible entrada de una competencia fuerte y eficiente.

Haciéndole seguimiento a lo tratado en las reuniones del TLC sobre el tema de telecomunicaciones, es triste enterarse de que los asesores mencionados solo buscan proteger las ineficiencias y los ingresos de las compañías estatales. La pregunta que nos debemos hacer los colombianos, que somos los que finalmente tendremos que vivir con las consecuencias y las decisiones que se adopten al respecto, es la de quién defiende al consumidor.

Porque ya es obvio que las empresas colombianas requieren elevadísimos ingresos para su supervivencia, los que solo se pueden obtener de un portafolio de servicios con tarifas poco competitivas por su alto costo para el usuario final.

Lo que se decida en el TLC tiene que beneficiar de alguna manera a los colombianos que utilicen los servicios de telecomunicaciones. Hasta cuándo tendremos que soportar el argumento de que el pago por una concesión obliga al Estado a proteger su negocio, dejando a un lado al consumidor que se ve obligado a pagar por servicios indispensables una tarifa muy alta?.

Se debe permitir la llegada de la competencia extranjera para que las operadoras colombianas se vean forzadas a eliminar toda su grasa burocrática, rediseñar sus procesos y sus prácticas ineficientes y se aligeren para poder competir con altura.

Era evidente que un escollo importante en estas conversaciones iba a ser el doble papel que juega el Estado como regulador y operador. Esta contradicción ya la había tratado en columnas anteriores.

Decir que no se puede ser juez y parte en el negocio que más está creciendo y que es factor de desarrollo, se cae de su peso. Y más en un sector en el que las empresas privadas son la excepción. Ya vimos el resultado de las nuevas tarifas de telefonía local que en promedio van a subir un 6 por ciento, cuando debían haber bajado sustancialmente.

La CRT sostiene que las operadoras deben ofrecer tarifas planas que los usuarios puedan adaptar a sus necesidades, según su consumo. Hasta ahora, EPM es la única que ofrece una tarifa plana por llamadas locales en Bogotá. Falta ver con qué salen ETB, Capitel y las demás empresas nacionales. Sería interesante ver qué pasa si ninguna llega a ofrecerlas, pues la verdad es que no están obligadas. Lo cierto es que esto sí ocurriría, con o sin CRT, si llegara competencia extranjera.

De todas maneras, no conviene que el Estado juegue el doble rol antes mencionado. Hay que dejar que mediante la entrada libre de competencia el mercado se autorregule. No hay que tenerle miedo a esto, a menos que en las entrañas de las empresas estatales de telecomunicaciones se sienta que no tienen la capacidad para competir y que su futuro depende solo de la protección del regulador estatal.

guisan@eltiempo.com.co

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