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EL MUNDO SIN ELLOS

EL MUNDO SIN ELLOS

La vida les cambia por un último aliento, el de sus esposos. Y se transforma en el momento en que contestan al teléfono y escuchan la noticia: Mataron a su marido . A partir de ese instante se convierten en las viudas de la violencia. De golpe, sin nunca imaginarlo, pasan a ser las jefas del hogar, las responsables del sostenimiento de la familia, de la educación de los hijos, del arriendo, la alimentación, los recibos de los servicios, las deudas...

Uno asume todo. No hay ni siquiera tiempo para llorar porque hay que realizar las diligencias funerarias. La muerte es suficiente carga para que una viuda, luego de enterrar a su marido, tenga que tocar puertas y puertas y sacar más de 30 documentos diferentes con el fin de reclamar la pensión del esposo, los sueldos atrasados, pedir certificados e iniciar un largo trámite de sucesión , dice Yoshiko Nakayama, viuda del ex ministro de Justicia y ex embajador en Suiza, Enrique Low Murtra.

Ella y gran parte de las viudas que hay en el país han enfrentado una dura situación económica después de la muerte de sus esposos porque, como sucede en la mayoría de los casos, no están profesionalmente preparadas para enfrentar la vida. Además, todas las propiedades están a nombre del difunto. Mientras se cumplen los requisitos para la sucesión, se agotan los pocos ahorros que permitían asumir las nuevas responsabilidades.

Sabemos que la vida y la muerte siempre están cerca. Desde que nacemos tenemos conciencia de que vamos a morir; sin embargo, es muy difícil aceptar una muerte repentina como la de Enrique, cuando la persona nunca regresa, cuando nunca cumple la cita aunque promete volver. Sólo hasta ahora, dos años y un mes después, estoy superando la tristeza , dice Nakayama de Low Murtra.

El futuro, si existe, se encuentra en microempresas, trabajos pequeños y pasajeros, servicio doméstico, ventas ambulantes y, en muchos casos, la prostitución.

Para algunas viudas, desaparece esa violencia que les quitó la vida a sus esposos, pero para otras, esa misma violencia sigue detrás de ellas y las obliga a dejar las tierras y partir con sus hijos hacia las grandes ciudades donde tienen la esperanza, equivocada, de una vida mejor.

Peor que la muerte Aunque no se tiene un número exacto de la cantidad de viudas que hay en Colombia, las estadísticas registran un poco más de 20.000. De acuerdo con estudios de la Fundación Social Cedavida, el número de viudas por la violencia política en el país, durante los últimos cinco años, es de 18.500.

Durante 1991 y 1992, en Colombia están asesinando por razones políticas a 10 personas diarias, de las cuales cinco mueren en la casa y en la calle, cuatro en combate y una, por limpieza social , según la directora de la Fundación, Constanza Ardila de Galvis.

Un 80 por ciento de los asesinados tiene familias de cuatro hijos, quienes llegan hasta los 11 años de edad. Según el estudio, entre 1987 y 1992, han quedado huérfanos cerca de 92.500 niños.

En un alto porcentaje, según la Fundación, los huérfanos sufren traumas físicos y sicológicos por haber presenciado la muerte del padre de manera violenta.

Así mismo, revela que se descubrió que una persona desaparece, de manera forzada, cada dos días con un promedio anual de 1.825 casos. Esas víctimas son, en la mayoría de los casos, hombres. Las cifras indican que ante el alto número de hombres que muere anualmente, la responsabilidad del hogar y del mismo Estado está quedando en manos de la mujer .

El número de viudas se ha incrementado en los últimos dos años, entre otras cosas, a raíz de la orden impartida por las organizaciones delictivas de asesinar a miembros de la Policía Nacional.

Por eso, a las cifras de la Fundación hay que agregarles las viudas de los 2.069 miembros de la Policía que han sido asesinados desde 1991 hasta la fecha.

De acuerdo con esas estadísticas, narcotraficantes, guerrilleros, delincuentes y secuestradores han asesinado a 319 oficiales, 114 suboficiales, 1.597 agentes, 20 auxiliares y 19 particulares al servicio de la Policía.

En 1991, se dio muerte a 289 oficiales, 48 suboficiales, 659 agentes, nueve particulares y dos auxiliares, mientras que en 1992, las cifras se incrementaron: perdieron la vida 26 oficiales, 54 suboficiales y 720 agentes, 14 auxiliares y siete particulares. Durante el presente año, entre tanto, han matado a cuatro oficiales, 12 suboficiales, 218 agentes, cuatro auxiliares y tres particulares.

Aunque la violencia se sigue presentando indiscriminadamente en el país, en Barrancabermeja la situación es crítica y ha afectado, de manera especial, a los hombres, lo que, lógicamente, significa un aumento en el número de viudas.

De acuerdo con las cifras del Comité Regional para la Defensa de los Derechos Humanos, en Barrancabermeja ocurrieron, entre enero y septiembre de 1992, 325 homicidios, de ellos 310 hombres y sólo 15 mujeres.

Enero del año pasado fue el mes con el mayor número de homicidios, 51 en total (sólo una mujer). Mientras tanto, agosto fue el mes con el menor número de muertos, 19.

Los hombres asesinados tenían entre 18 y 30 años de edad, y esposas, compañeras o amantes que, en la mayoría de los casos, dependían y nunca habían imaginado el mundo sin ellos. Son las verdaderas víctimas de la violencia porque aunque sus maridos mueren en una guerra que no entienden ni se explican, lo que a partir de ese momento se inicia es, a veces, peor que la muerte.

Viudas, sin serlo Las mujeres que tienen a sus esposos secuestrados desde hace años son viudas, pero al mismo tiempo no lo son. Ellas, a pesar de que pasan las horas, no pierden la esperanza de que algún día les devolverán a sus maridos.

Para una mujer a la que le asesinan a su esposo la situación es difícil, pero más asimilable que la de aquella joven a la que le han secuestrado a su marido y desconoce si es viuda, si lo será o si, de un momento a otro, dejará de serlo.

Hay mujeres que hace nueve años no han tenido información sobre sus esposos y, por eso, no pueden tener un nuevo marido y ni siquiera un novio. Cuando se enamoran, el primer sentimiento es de culpabilidad. Incluso, en muchos casos, sufren de frigidez. Se sienten de propiedad de otra persona que saben que no existe o ha dejado de existir , dice el jefe del Departamento de Asistencia Sicológica de la Fundación País Libre, Jorge Alba.

Las mujeres con su marido en cautiverio nunca plantean la muerte como una posibilidad, porque en ellas siempre renace la esperanza. Todo está centrado en su búsqueda y por eso, como sucedió, una mujer fue capaz de adentrarse en la selva para hallar a alguien que le informara algo de su esposo o que le rebajara la suma exigida para la liberación.

La mayoría de las mujeres, de todas las clases sociales, consultan a hechiceros, brujas y personas para que les lean el Tarot, el café o el tabaco para saber algo de sus esposos, cómo están, dónde, cuándo volverán...

Un día, cuenta el sicólogo, le preguntó a una mujer por qué asistía a cumplir la cita con un brujo si era consciente que nada de lo que le decía era cierto. Luego de pensarlo por unos minutos respondió: Necesito esas mentiras para vivir, para dormir tranquila, aunque sea por una noche .

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