BUSH: SEGUNDO TIEMPO

BUSH: SEGUNDO TIEMPO

El segundo discurso de posesión del presidente George W. Bush estuvo enfocado, principalmente, a la audiencia internacional, que estaba pendiente de encontrar señales de lo que podrá esperar de su nuevo período en la Casa Blanca. Bush enfatizó, sobre todo, su misión como líder mundial. Sin ambages, se mostró partidario de un papel activo de su país para mejorar las condiciones políticas en todo el planeta. En particular, la lucha contra la tiranía y la defensa de la libertad. La cual, de paso, también sirvió de columna vertebral para los planteamientos del presidente sobre su agenda interna, que se centraron más en la evocación de principios que en anuncios concretos. Tal vez porque a estos últimos les dedicará el mensaje sobre El estado de la nación , dentro de dos semanas, mientras que la apelación a de ideales sirve para construir puentes muy necesarios en la polarizada nación estadounidense.

21 de enero 2005 , 12:00 a.m.

El segundo discurso de posesión del presidente George W. Bush estuvo enfocado, principalmente, a la audiencia internacional, que estaba pendiente de encontrar señales de lo que podrá esperar de su nuevo período en la Casa Blanca. Bush enfatizó, sobre todo, su misión como líder mundial. Sin ambages, se mostró partidario de un papel activo de su país para mejorar las condiciones políticas en todo el planeta. En particular, la lucha contra la tiranía y la defensa de la libertad. La cual, de paso, también sirvió de columna vertebral para los planteamientos del presidente sobre su agenda interna, que se centraron más en la evocación de principios que en anuncios concretos. Tal vez porque a estos últimos les dedicará el mensaje sobre El estado de la nación , dentro de dos semanas, mientras que la apelación a de ideales sirve para construir puentes muy necesarios en la polarizada nación estadounidense.

Más allá del discurso, vendránáotros cuatro años del Bush pendenciero, que ofrece más garrote que zanahoria a los países no alineados con Washington o que sean percibidos allí como aliados del terrorismo? Estará en el horizonte otra guerra como la de Irak, esta vez para neutralizar el supuesto poderío nuclear de ovejas negras como Irán y Corea del Norte? Tendrán los neoconservadores a ultranza tanta o mayor influencia en el segundo gobierno como en los primeros cuatro años de Bush? O habrá un giro, así sea leve, en política exterior, a favor de una política más multilateral? De la intervención de 18 minutos, ayer, se deduce que en el segundo cuatrienio habrá más sensibilidad hacia las percepciones internacionales y hacia la legitimidad de la intervención norteamericana en diversos lugares. De ahí que, más que el combate contra el eje del mal o el terrorismo, Bush haya reiterado una y mil vecesála palabra libertad como objetivo último deásu política exterior.

Ya los nombramientos clave anunciados por el mandatario, como los de su futura secretaria de Estado, Condoleezza Rice, y el secretario de Justicia, Alberto Gonzales (autor del famoso memorando que justificó la tortura de prisioneros en Irak), así como la confirmación del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, habían dado una medida sobre su visión del segundo cuatrienio. Ninguno de ellos insinuó un cambio de rumbo. Y esta semana, la secretaria Rice despejó cualquier duda sobre la línea dura en política exterior con sus críticas al presidente venezolano, Hugo Chávez -justificadas, también, en la promoción de la democracia y la libertad-, en su audiencia de confirmación en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Un tema, la lucha contra la tiranía, que se aplica a situaciones diversas y de distintos lugares. Cuando falta solo una semana para las elecciones en Irak (una prueba de fuego que seguramente expondrá las fallas de su aventura militar allí), Bush reafirmó su intención de completar la democratización de ese país y de todo el Oriente Medio, empresa que la mayoría de los analistas internacionales considera poco menos que imposible. Algo más: trazó una pauta aún más ambiciosa: la de "llevar la democracia y la libertad" a todos los países que, según él, no las tienen, pues sólo así se podrá, a su juicio, garantizar la seguridad de Estados Unidos.

En el plano interno, Bush reiteró su intención de buscar una profunda y polémica reforma del sistema de seguridad social y nuevos recortes de impuestos. Estas iniciativas enfrentan la oposición de los demócratas y de un sector republicano en el Congreso, y pueden resultar tan difíciles de realizar como establecer democracias "a la americana" en Afganistán o Irak. Más aún si se tiene en cuenta que el mandatario inicia su segundo período con el más bajo nivel de aceptación de presidente alguno en las mismas circunstancias en los últimos tiempos: el 49 por ciento, según la más reciente encuesta de The New York Times y la CBS.

Otros puntos complicados del programa de Bush son su fuerte ofensiva contra la legalización del aborto y el reconocimiento de las uniones homosexuales, que han cobrado fuerza en algunos estados de la unión norteamericana, pero que el presidente rechaza sin vacilaciones. En este caso, tiene en su favor el próximo retiro del presidente de la Corte Suprema, William Renhquist (que además de su avanzada edad sufre una grave dolencia), el cual le permitirá llenar la vacante con un magistrado afín a sus políticas y, de este modo, aumentar la influencia de los conservadores en el alto tribunal, donde se deciden grandes cuestiones políticas y sociales de la vida estadounidense.

En lo que se refiere a Colombia, eso sí, todo está claro: las declaraciones formuladas por él y sus colaboradores en las últimas semanas indican que continuará apoyando el Plan Colombia y las políticas del actual Gobierno, particularmente la de seguridad democrática. Esto es algo que en ningún momento se ha puesto en duda y que el mandatario estadounidense ha expresado en forma explícita, así el tema, como muchos otros, no fuera tocado en su solemne discurso de ayer.

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