CRISIS CON VENEZUELA: CAMBIO DE MODELO

CRISIS CON VENEZUELA: CAMBIO DE MODELO

La crisis con Venezuela nos ha tomado por sorpresa, principalmente porque Colombia se ha desviado del camino probado en el ejercicio de las relaciones internacionales y está aventurando por terreno nuevo, innovando tanto en política internacional como en la ejecución de la misma. Colombia, tradicionalmente se ha ceñido estrictamente al derecho internacional y ha tratado de resolver sus conflictos con otros países en ese ámbito, acudiendo cuando ha sido necesario a los tribunales internacionales existentes, a pesar de que para aplicar las decisiones de los mismos se depende de la voluntad de los países de cumplir. En segundo lugar, sobre todo en los últimos años, las decisiones de política internacional han estado muy influenciadas por consideraciones de beneficio económico para el país, y menos por otras motivaciones, más políticas o, si se quiere, más altruistas, aunque siempre ha estado presente y ha tenido prioridad la defensa de nuestras fronteras geográficas.

21 de enero 2005 , 12:00 a.m.

La crisis con Venezuela nos ha tomado por sorpresa, principalmente porque Colombia se ha desviado del camino probado en el ejercicio de las relaciones internacionales y está aventurando por terreno nuevo, innovando tanto en política internacional como en la ejecución de la misma. Colombia, tradicionalmente se ha ceñido estrictamente al derecho internacional y ha tratado de resolver sus conflictos con otros países en ese ámbito, acudiendo cuando ha sido necesario a los tribunales internacionales existentes, a pesar de que para aplicar las decisiones de los mismos se depende de la voluntad de los países de cumplir. En segundo lugar, sobre todo en los últimos años, las decisiones de política internacional han estado muy influenciadas por consideraciones de beneficio económico para el país, y menos por otras motivaciones, más políticas o, si se quiere, más altruistas, aunque siempre ha estado presente y ha tenido prioridad la defensa de nuestras fronteras geográficas.

Las acciones que ha adoptado el Gobierno colombiano en el caso Granda se alejan de lo que ha sido la trayectoria usual de nuestra forma de resolver conflictos por la vía diplomática y no han sido impulsadas por la motivación tradicional, aunque el propósito sí es estratégico. La ruta que se ha seguido en este caso ha sido duramente cuestionada con argumentos de índole legal y la reacción de Venezuela puede ser potencialmente perjudicial para la economía nacional (y para la misma Venezuela, aunque en menor medida).

Pese a ello, la política y las decisiones que se han tomado tienen racionalidad desde el punto de vista de obtener ciertos resultados que son esenciales para el desarrollo del programa estrella del Gobierno, que es la seguridad interna. La efectividad de ese programa venía siendo menoscabada por la posibilidad que aparentemente tiene la guerrilla, o por lo menos sus grandes jefes, de refugiarse en Venezuela y utilizar este país como un santuario. Como Venezuela ha negado consistentemente que les ofrece a las Farc esta posibilidad, y después de que el presidente Chávez juró en Cartagena, por lo más sagrado , que no lo hacía, no existían canales diplomáticos efectivos para obtener un cambio en el comportamiento del gobierno de Chávez y hacer que cesara el apoyo a la guerrilla.

Sin proponérselo, las recompensas que el Gobierno diseñó y ofreció para minar la lealtad de la misma guerrilla hacia sus jefes y para incentivar la delación a nivel doméstico proporcionaron una herramienta efectiva, pero heterodoxa, para debilitar el santuario venezolano de las Farc, pues también estimulan a actores venezolanos a capturar y a entregarle al Gobierno colombiano jefes guerrilleros que operan en ese país. En consecuencia, mientras existan recompensas en Colombia, las Farc ya no están seguras en Venezuela. Inadvertidamente, sin estarlo buscando, el Gobierno de Colombia creó una situación que está un poco por fuera de su propio control y que funciona para sus propósitos. Si le entregan cabecillas de la guerrilla en su propio territorio, no puede dejar de pagar las recompensas o de capturar a los guerrilleros, aunque Venezuela se lo exija. Difícilmente se hubiera podido concebir algo que supere lo que ha sucedido por azar.

Pero las herramientas de coerción efectivas aumentan el riesgo y la intensidad del conflicto. El gobierno de Venezuela ha reaccionado con vehemencia, precisamente porque ha tenido que encajar el golpe. Y esta reacción ha sido efectiva, a su turno, porque Colombia ha quedado notificada de que Venezuela está dispuesta a interrumpir el comercio bilateral por razones de política interna. Se ha llegado hasta el borde. Las cosas se han llevado a un territorio muy resbaloso, al lado de un abismo, y no están bajo el control de ninguno de los dos actores principales. En consecuencia, el problema que tienen tanto Uribe como Chávez es cómo desmontarse de la situación que se ha creado, en parte sin que ellos lo quisieran. Hay que propiciar un regreso ordenado al ámbito protector del derecho internacional, recurrir, ahora sí, a la diplomacia, como lo están haciendo, y someterse a los buenos oficios de amables componedores, que pueden proponer soluciones de compromiso en el marco de las resoluciones de la OEA y/o de la Comunidad Andina.

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