LA PESADILLA DE SER PRIMÍPARO

LA PESADILLA DE SER PRIMÍPARO

No hay nada mas traumático para un estudiante de once, todavía enguayabado por la excursión a San Andrés, Jamaica, Punta Cana o por el estrés de los resultados del Icfes que prepararse mental, física y sicológicamente para entrar a ese mundo enigmático, complejo y fascinante que es la vida universitaria.

21 de enero 2005 , 12:00 a.m.

No hay nada mas traumático para un estudiante de once, todavía enguayabado por la excursión a San Andrés, Jamaica, Punta Cana o por el estrés de los resultados del Icfes que prepararse mental, física y sicológicamente para entrar a ese mundo enigmático, complejo y fascinante que es la vida universitaria.

En apenas dos meses la vida les cambia: de ex alumnos de colegio se convierten -de la noche a la mañana- en primíparos; esa rara especie de individuos deslumbrados, acongojados y asustados (como boyacenses en París o como suecos en Aracataca), que al pisar el campús universitario son el hazmerreír de profesores, secretarias, empleadas de limpieza, alumnos de semestres superiores e incluso de los de segundo y tercer semestre.

Para que ese cambio no sea tan traumático, las facultades de las distintas universidades preparan la llamada Inducción : una serie de actividades que rayan entre lo lobo y lo cursi , con el fin de adaptar a los recién llegados convertirlos -en tres días- de jóvenes inquietos en adultos responsables .

Criticada y admirada, de la famosa inducción hace parte ni más ni menos que la rumba de integración , esa que es comentada y recordada durante años por ser el punto de inicio de amistades cómplices y alcahuetas y por todas las estupideces que ocurrieron.

De allí salen motes como: La más linda de la inducción , el más feo , el más simpático , el mejor amigo , "el más antipático , el que se puso una bomba en la cabeza , etiquetas que llevarán los alumnos por siempre, porque en cualquier lugar habrá alguien que le recuerde tan honorífico logro como si fuera la corona de Miss Universo.

Por eso que no hay nada más patético para un estudiante de primer semestre expuesto ya a la inducción, en su primera semana de clases, que enfrentarse a las bromas; a las dinámicas de grupo para niños de trece años con el fin de integrarse; repetir clase por clase todos sus datos personales hasta su tipo de sangre; preguntarle a individuos de otros semestres y a celadores despistados donde queda el salón de clase y, sobre todo, responder una y otra vez porque escogió esa carrera.

De allí que la socialización es sin duda el fenómeno más traumático que tiene que enfrentar un primíparo.

No es fácil, de buenas a primeras, olvidar a los amigos de colegio de toda la vida, que acolitaron más de una borrachera e hicieron más de un cuarto y cambiarlos por desconocidos con mirada perro deslumbrado en Monserrate pero en la misma situación; por eso el cigarrillo, el dulcecito y la pedida de hora son mecanismos validos para entablar una relación.

Por lo general en esas dos o tres semanas de adaptación o cambio, el treinton que han echado de dos o tres universidades; el que se cambio de cuatro carreras tan variadas como Medicina y Comunicación Social (porque no se adaptó) es el que tiene las mejores posibilidades de atraer a las personas e imponerse como Chacho y es quien lleva y recomienda a la manada de jóvenes inexpertos los peores sitios de rumba y de billar aledaños a la universidad.

Además, es realmente divertido ver a un grupo de diez o más personas ingresar a la cafetería de la facultad; lo es también que entren a una discoteca o a un bar un igual número de mujeres y hombres con cara de susto, con cédula y carné de la universidad con ganas de irse cuanto antes a buscar a sus panas de colegio para ir al bar de siempre.

Allí nacen las primeras echadas de perros y los primeros rumbeos y noviazgos se hacen evidentes cuando, superado el susto inicial, los tragos hacen su efecto y por arte de magia todos se quieren mucho y las dedicatorias de amistad eterna van a contramano con las verdaderas intenciones.

En esos primeros días, después de la primera farra, se hace un grupo sólido e indestructible que va a todos lados: una especie de grado doce estudiantil se ha gestado y, lo peor de todo, es que se acompañan mutuamente en la desgracia cuando profesores montadores tienen ya en la mira a unos cuantos bobos que llegan tarde a clase.

Para el segundo viernes, las niñas y niños que hicieron el ridículo se esconden y se refugian en sus afectos y, entonces, ya solo van a rumbear cuatro borrachines que ven la cerveza como un oasis en el desierto y cumplen el rito viernes tras viernes durante cinco años en chuzos donde la cerveza vale mil pesos.

Sin duda los primeros días de inducción son un manojo de nervios que todos encontramos en el largo trasegar de la vida y el ser primíparo, que alguna vez nos avergonzó, con el correr del tiempo se convertirá en una experiencia alucinante y agradable... 0 no?.

ECHELE CABEZA...

Sería divertido que todos los estudiantes universitarios ya graduados hagan un ejercicio:.

Qué amigos o amigas le quedan desde la inducción?.

Cuál es el nombre del tipo fastidioso que insultó al profesor y solo fue la primera clase?.

Cómo se llamaba el chuzo al que fue el primer viernes?.

Y qué es de la vida de la nena o el tipo que me rumbié en la primera farra?

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