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EL GUATIQUÍA SE ESTÁ MURIENDO

EL GUATIQUÍA SE ESTÁ MURIENDO

El río que conocí en mi juventud era una corriente de aguas cristalinas que bajaba impetuosa de la cordillera y al llegar al terreno Llano se dividía en brazos que en el verano formaban charcos profundos crispados en la superficie por bruscas ondulaciones (burros), donde aprendimos a nadar los muchachos del pueblo, como lo relató en su oportunidad Luis Alejandro Velasco, el sobreviviente del naufragio marítimo que inspiró una de las primeras crónicas de García Márquez.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
15 de febrero 2005 , 12:00 a. m.

El río que conocí en mi juventud era una corriente de aguas cristalinas que bajaba impetuosa de la cordillera y al llegar al terreno Llano se dividía en brazos que en el verano formaban charcos profundos crispados en la superficie por bruscas ondulaciones (burros), donde aprendimos a nadar los muchachos del pueblo, como lo relató en su oportunidad Luis Alejandro Velasco, el sobreviviente del naufragio marítimo que inspiró una de las primeras crónicas de García Márquez.

A él se llegaba por un sendero que descendía bordeando el barranco, a partir del sitio de La Loma, en el barrio El Emporio, el que transitaban los villavicenses en sus paseos a baño y con los turistas ocasionales. Fueron tradicionales los de fin de año y reyes: A la orilla del río se organizaba el fogón, donde se cocinaba el piquete mientras las familias disfrutaban del baño, en unas aguas puras.

En invierno la situación era diferente. La masa de aguas tomaba tales proporciones que, en las crecientes cíclicas del Carmen (a mediados de julio) y de Los Muertos (en los primeros días de noviembre), llegaba a ocupar todo su cauce: de banda a banda. Fueron muchos los finqueros de la margen izquierda del río que sucumbieron al vadearlo, en el empeño de explotar sus parcelas, pese a que se dieron soluciones para franquearlo (algunas temporales): Un puente colgante en 1.913, tarabitas o canastas sostenidas en cables de acero, el puente Abadía unos kilómetros arriba y el llamado puente de Bavaria en el año de 1.942, que representó una solución definitiva para entonces.

Ese fue el río Guatiquía a su paso por Villavicencio, en el transcurso del siglo pasado. Simultáneamente se avanzaba en la colonización de su cuenca alta, talando bosques para fundar pueblos y abrir caminos, incluido el que supuestamente comunicaría a la capital del país con los llanos, saliendo por los farallones de Medina; y en los últimos años se consumó la desviación de las fuentes hídricas de su nacimiento para alimentar las represas de Chuza y Chingaza, que surten de agua a la capital.

El impetuoso Guatiquía quedó reducido a su mínima expresión. Se nutre hoy de fuentes secundarias, mermadas en su caudal por la deforestación que trae consigo la explotación de sus suelos, así como de las aguas de escorrentía en el invierno y de las servidas que vierten en su cauce, sin tratamiento alguno, de las poblaciones de la cordillera (San Juanito, El Calvario, San Francisco, Monfort). Y cada día que pase la situación será más apremiante.

* Abogado e historiador.

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