JORGE ELIÉCER GAITÁN, EL CONSERVADOR

JORGE ELIÉCER GAITÁN, EL CONSERVADOR

Tiene casi tantos años de vida como los que su tocayo, Jorge Eliécer Gaitán -el caudillo del pueblo- lleva de muerto.

03 de abril 2005 , 12:00 a. m.

Tiene casi tantos años de vida como los que su tocayo, Jorge Eliécer Gaitán -el caudillo del pueblo- lleva de muerto.

Pertenece a esa generación de muchachos que llegaron al mundo, y en esta tierra, a mediados del siglo XX, en plena violencia política, y que sus padres -de apellido Gaitán-, decidieron bautizarlos con este nombre para perpetuar, a través de ellos, la memoria y el partido cuyas banderas defendía el líder inmolado.

Solo que en este caso, Jorge Eliécer Gaitán resultó conservador, de aquellos de camisa y corbata azul, de los que votaron una y otra vez por Alvaro Gómez, y por Belisario Betancourt y por Andrés Pastrana -aunque hoy se arrepienta-. De aquellos que siempre le huyeron al trapo rojo , pero supieron apoyar con ímpetu las ideas de Luis Carlos Galán. "Sí, conservador, pero también gaitanista y además hincha de Santa Fe, porque mi corazón no es radical", dice él.

No es para menos: nació en Manta (Cundinamarca), en un hogar donde Mariana Cañón, su señora madre, hacía respetar su tradición de familia conservadora, y Angel Augusto, su padre, sargento de la Policía, inculcaba el espíritu liberal. "Pero cuando yo tenía 6 años -cuenta él-, en medio de la violencia mataron a mi padre. Luego, recuerdo que asaltaban a machete nuestra casa, y una noche, mi madre tuvo que esconderme, junto con mis hermanos, debajo de un montón de bosta de vaca para salvarnos de los ataques".

Marca registrada.

Ese amor a Gaitán, acompañado por la dimensión que en la memoria colectiva tiene semejante nombre, se fue convirtiendo para este hombre en título personal y marca registrada, incluidos el honor y las responsabilidades que esto conlleva en nuestro país.

Jorge Eliécer creció con los abuelos maternos, alimentado con lecciones de catecismo para creer en Dios, y sentencias contra los liberales, "para alejarse del diablo", según le decían. Llegó a Bogotá cuando ya tenía edad para iniciar el bachillerato, entonces ingresó al colegio Nicolás Esguerra, donde los profesores, apenas veían su nombre en la lista, asumían que era un ser especial y además con dotes de orador, y así mismo le exigían. "Pero también tenía la ventaja de que los compañeros nunca se atrevían a montármela", apunta divertido.

Su primer trabajo, como cartero en bicicleta, le hizo pensar que podía ser ciclista, en una época en que este deporte barajaba campeones. "Conocí al padre Mariano, capellán de la Plaza la Santamaría, y me ilusioné con ser novillero, hasta que una vaquilla me revolcó y ahí sentí cómo era la vaina".

"Fui empleado de joyería, hasta que mi patrón resultó joyita. Obrero de construcción, hasta que reuní 170 pesos para pagar la libreta miliar y sacar la licencia de conducción". Ahí comenzó su carrera frente al volante y al servicio de varios personajes.

El ex ministro Gilberto Echeverry Mejía estuvo a su lado por varios años. Además fue su confidente: "cuando él se enteró que junto con mi esposa no podíamos tener hijos, me advirtió: usted con ese nombre no puede quedarse sin descendencia. Póngase a tratamiento y le pagó una luna de miel en San Andrés. Así fue. Después, de ese viaje, Dios nos regaló dos hijos varones".

Enrique Low Murtra también fue su jefe, lo mismo que Julio César Turbay Ayala. "El día de su posesión tuve que presentar mi carné como conductor oficial, pero los agentes, al ver mi nombre, pensaron que era un impostor". Alfonso López Michelsen, al enterarse de su existencia lo mandó llamar, "para conocerme en persona". La carrera oficial de este conservador, entre jefes liberales, terminó hace 15 años, cuando perdió su puesto.Entonces, así como un día Gaitán tuvo un Buick, hoy Jorge Eliécer tiene un taxi Hunday, con el que sorprende a los pasajeros cuando miran su nombre en la tarjeta de operación. "Algunos me invitan a su casa, para mostrarme su colección gaitanista, otros me hacen preguntas sobre la vida del caudillo y otros me piden autógrafos".

Así le sucedió, días atrás, con una estudiante de Derecho. "No lo puedo creer -dijo ella-. Es un honor que usted me lleve a la facultad. Mis compañeros no me van a creer. Por favor, regáleme un autógrafo!".

Jorge Eliécer Gaitán no lo dudó un instante. Le pidió una hoja, un esfero, y escribió: "del caudillo del pueblo, para Paola, con cariño".

FOTO:.

Como una especie de rito, cada año, en vísperas del 9 de abril, Gaitán Cañón siempre visita el sitio -carrera Séptima con calle 13-, donde cayó asesinado el caudillo liberal en 1948.

"Solo quisiera viajar a Cuba para conocer, en vivo y en directo, la situación de sus habitantes", dice Jorge Eliécer Gaitán mientras recorre las calles de Bogotá.

En su colección personal, guarda la imagen del líder, metido en su carro Buick.

Fascímil de la cédula de Jorge Eliécer Gaitán.

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