EXPERIENCIA SALUDABLE

EXPERIENCIA SALUDABLE

Quiero que me pongan células madre. La frase fue corta. Con 24 años de edad la esperanza de abandonar la silla de ruedas le iluminaba la mirada que, como su sonrisa, se apagó dos años atrás cuando una bala le destrozó la columna mientras trabajaba.

23 de enero 2005 , 12:00 a.m.

"Quiero que me pongan células madre." La frase fue corta. Con 24 años de edad la esperanza de abandonar la silla de ruedas le iluminaba la mirada que, como su sonrisa, se apagó dos años atrás cuando una bala le destrozó la columna mientras trabajaba.

Edith recuerda que ese día sintió como si la hubiera cogido la corriente, "pensé que se había estallado el trasformador". El movimiento de las piernas se fue, no hubo dolor y en el suelo esperaba que alguien la despegara de la electricidad para recuperar la fuerza.Vio sus piernas desgonzarse ajenas, cuando la subieron a una ambulancia. "Aunque me angustié, estaba segura de que los médicos me darían droga y todo pasaría". Eran las once del día siguiente de las últimas elecciones presidenciales. A las ocho de la noche la operaron y al despertar supo que no caminaría nunca más.

Empezó la rehabilitación y con ella otra vida: cateterismos en la vejiga, terapias, sondas, infecciones, escaras, depresión, espasticidad, entre muchas otras, fueron palabras que se incrustaron en su cotidianidad. Poco a poco desistió de quitarse la vida. La silla de ruedas se convirtió en extensión de su cuerpo y regresó al trabajo del centro comercial. "Aunque soy un estorbo, me resigné".

La vida transcurrió para ella lenta y gris hasta hace dos semanas, cuando se enteró de que al técnico de fútbol Luis Fernando Montoya lo iban a tratar con células madre. "El Ministro dijo que antes de dos días le daba una respuesta a la familia de Montoya, pero no dijo nada". Siguió atenta las noticias y al enterarse de que lo operaron un sábado, decidió pedir una cita a su EPS.

"Por eso estoy aquí, doctor", dice, mientras expone un portafolio con recortes de prensa. "Los médicos dicen que eso funciona". Insiste en que está joven y que a pesar de no tener recursos tiene el mismo derecho que el profesor. "Si es necesario pongo una tutela, no importa, que experimenten conmigo".

No hay respuestas. Como médico rehabilitador no puedo evitar pensar en los pacientes como Edith. Cuántos son? El teléfono del Ministerio de la Protección Social salta de dependencia en dependencia. Nadie los ha contado. Muchos mueren anónimos por complicaciones, por falta de atención o por carencia de servicios integrales de rehabilitación.

Edith me mira. No sé qué decirle. Siento vergenza. Un país que encabeza la estúpida lista mundial de columnas abaleadas, sin políticas claras para la atención de personas con discapacidad, no debe generar expectativas desbordadas en las personas que sufren, sin antes ilustrarlos sobre cómo debe ser. Afuera llueve. Casi es de noche. El celular del Ministro envía a buzón.

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